El santuario sintoísta de Yasukuni, ubicado muy cercadel Palacio Imperial de Tokio
El santuario sintoísta de Yasukuni, ubicado muy cercadel Palacio Imperial de Tokio - pablo díez
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La burbuja inmobiliaria que hizo «perder» a Japón una década entera

Muchos expertos han señalado las similitudes entre la recesión que sufrió el país asíatico en los noventa y la última crisis de occidente

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Al igual que España, Japón también tuvo su particular «milagro» económico. Desde el final de la II Guerra Mundial hasta la década de los noventa el crecimiento nipón convirtió al país en una potencia mundial, capaz de hacer frente la supremacía de Estados Unidos. Su singular mercado de trabajo, junto a los elevados registros en inversión y la buena marcha de sus exportaciones fueron objeto de estudio y de análisis. Sin embargo, todos estos sólidos indicadores se derrumbaron en pocos años. La década de los noventa trajo consigo una de las mayores crisis de la historia japonesa. El «milagro» japonés, como el español, desapareció repentinamente.

Desde finales de los ochenta, Japón entró en una época de estancamiento. El crecimiento anual pasó de niveles cercanos al 10% en años anteriores a situarse por debajo del 1% en los primeros años de los noventa. La economía asiática se había estructurado en torno al factor suelo desde 1985, lo que provocaba un aumento de los préstamos bancario y del precio de la tierra. Por poner un ejemplo, muchos analistas han destacado que en estos años el «suelo» debajo del Palacio del emperador tenía un precio mayor que toda California. La burbuja inmobiliaria estaba constituída.

Además, durante estos años la apreciación del yen japonés provocó que las exportaciones, uno de los pilares de la economía, se volvieran más caras y menos competitivas.

Con la llegada de la nueva década, estalló la burbuja. El incremento de los tipos de interés provocó que el precio del suelo finalmente se derrumbara y provocara una situación financiera desastrosa. El siguiente acontecimiento fue el desplome de la Bolsa de valores japonesa, por lo que las empresas comenzaron a tener problemas a la hora de lograr financiación. Además, puesto que las entidades bancarias tenían la mayoría de su capital en acciones y propiedades inmobiliarias, estas cesaron la concesión de préstamos hipotecarios. El desplome de las empresas y la disminución del crédito se tradujo en fuertes retrocesos en salarios y consumo de las economías domésticas. La «decada pérdida» de Japón comenzaba a hacer efecto.

Medidas keynesianas y bancos «zombis»

El Gobierno japonés reaccionó tarde y con medidas que no tuvieron el efecto deseado. Llevó a cabo una política expansiva, tanto en aspectos fiscales como monetarios. En siete años puso en funcionamiento hasta nueve programas de estímulo fiscal por un valor total de 130 billones de yenes. Los tipos de interés disminuyeron paulativamente y se situaron al final de la década en valores cercanos a cero. Para subsanar la crisis bancaria, el Gobierno inyectó de forma masiva dinero público en el sistema, lo que permitió el mantenimiento de determinadas entidades que no podían subsistir de forma independiente: los bancos «zombis». A pesar de todos estos «keynesianos» esfuerzos, Japón no pudo evitar ni la deflación, ni la recesión, ni la disminución del crédito.

Distintas publicaciones han cuestionado el papel del Ministerio de Finanzas durante este periodo, afirmando que en realidad el Gobierno tenía lazos demasiado estrechos con la banca. Por ello evitó la desaparición de determinados bancos. Otros análisis atribuyen la actuación de Japón durante estos años a presiones de Estados Unidos, que tenía una gran influencia en el Gobierno nipón.

El ejemplo japonés

Lo cierto es que no fue hasta que llegó el nuevo milenio cuando la economía de este país asíatico comenzó a vislumbrar la recuperación. En 2002 el Gobierno realizó una auditoría completa de las entidades y les obligó a cancelar los préstamos imposibles de abonar. Con estas iniciativas se recuperó la confianza y Japón iniciar una época de relativa prosperidad.

Son muchas las similitudes que se han encontrado entre los años noventa japoneses y la última crisis vivida en el mundo occidental. De hecho, en 2012 y 2013 fueron muchos los ensayos que recordaron la crisis japonesa para explicar las lecciones que dejó esta coyuntura. Para evitar perder una década económica