El presidente Rajoy, en una imagen de archivo
El presidente Rajoy, en una imagen de archivo - ÓSCAR DEL POZO

Las diez claves del cambio de rumbo en España

Así actuó el Ejecutivo de Mariano Rajoy para dar la vuelta a la herencia envenenada

Actualizado:

El déficit, a raya

Los números rojos de las cuentas públicas españolas eran una de las mayores preocupaciones del nuevo Gobierno. En 2011, el déficit superó el 9,07% del PIB, tres puntos más de lo comprometido por Zapatero. Y llovía sobre mojado: en 2009 había alcanzado el 11,12%, casi el doble de lo marcado. España había abandonado la disciplina fiscal y esa actitud caló hondo en la conciencia de los inversores, que veían a nuestro país como la manzana picada de Europa. Hoy la situación es bien distinta. El déficit cerrará el año en el 5,5% del PIB, después de bajar en 2012, en plena recesión, hasta el 6,84%. Según el monitor fiscal que elabora el Fondo Monetario Internacional (FMI), el esfuerzo llevado a cabo por España ha sido el mayor de entre los grandes países avanzados. Y los mismos mercados que rechazaban comprar la deuda nacional compiten ahora por sacar partido de la oportunidad de negocio en que se ha convertido España. En estos tres años se han aprobado subidas de impuestos que afectan a todas las parcelas: el IVA, el IRPF y Sociedades. Y se han aplicado dolorosos ajustes, como rebajas del sueldo a los funcionarios o subidas mínimas de las pensiones. Solo en los ministerios, los gastos se redujeron un 17% en 2012, un 9% en 2013 y un 4,7% en 2014. Solo ahora, con las cuentas ya más saneadas Rajoy ha aprobado una rebaja de impuestos que entrará en vigor en enero.

Reforma laboral

Con la sangría del paro en plena ebullición, acabar con la rigidez del mercado laboral español era una de las reformas que con más urgencia necesitaba el país. Así lo reclamaban Bruselas y los organismos internacionales y así lo entendió el Gobierno. Se puso en marcha en febrero de 2012 y, aunque ha tardado en dar sus frutos, ahora en España se vuelve a crear empleo. Pese al tímido crecimiento, la ocupación está aumentando, algo que tradicionalmente en España solo se conseguía con subidas del PIB superiores al 2%. Para hacerse una idea de lo que ha ocurrido en el mercado de trabajo en estos años solo hay que echar la vista atrás a febrero de 2013, cuando el número de parados alcanzó su récord histórico de 5,04 millones. La inflexión se produjo en octubre de 2013, con el primer descenso interanual del paro. En el último año el número de parados se ha reducido en más de 500.000, según la EPA.

Reestructuración bancaria

La buena imagen de España también hacía agua por su sector financiero. Los problemas derivados de la politizada gestión de muchas cajas de ahorros habían llevado a la quiebra a entidades como Caja Castilla la Mancha, Cajasur, la CAM, Catalunya Caixa, Novagalicia o Banco de Valencia. Pero la caída que hizo temblar los cimientos del sistema, y que aún hoy sigue resonando, fue la de Bankia. En mayo de 2012, el Estado tuvo que apuntalar de emergencia a la entidad con 4.465 millones de dinero público, tras las advertencias lanzadas negro sobre blanco por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y una atropellada salida de Rodrigo Rato, exministro de Economía, de la presidencia. Con la llegada de los nuevos gestores a los que el Gobierno encomendó la tarea de enderezar el banco comenzaron a levantarse las alfombras. José Ignacio Goirigolzarri solicitó 19.000 millones más. Una cantidad que duplicaba los 11.000 millones invertidos desde 2008 para sanear al sector.

Crédito europeo

Con los mercados cerrados a cal y canto para el Tesoro español, se antojaba imposible que el país pudiera conseguir estos miles de millones por su cuenta. O al menos, que pudiera hacerlo a un precio que no comprometiera el futuro de varias generaciones. El Gobierno arrancó entonces a Bruselas un crédito para recapitalizar al sector financiero, en condiciones que no había logrado ninguno de los países que ya habían solicitado la ayuda comunitaria. En su primera comparecencia tras solicitar el crédito, el presidente negó haber recibido presiones de las instituciones europeas y vendió el fin de las negociaciones como un éxito: «A mí nadie me ha presionado, el que he presionado he sido yo. Esto de que le den a uno una línea de crédito de hasta 100.000 millones no es tan fácil de conseguir», zanjó. El presidente buscaba ofrecer una imagen de normalidad, de tranquilidad, y aquella tarde, concluida la concurrida rueda de prensa, viajó a Polonia para asistir al partido inaugural de la selección española en la Eurocopa, también dentro de la normalidad.

El euro en juego

Pero los 100.000 millones europeos que se pusieron a disposición de la banca española, de los que solo se usaron 40.000, no fueron suficientes para calmar a los mercados. Había pasado un mes de la solicitud formal de la ayuda financiera y los inversores no solo no había aflojado, sino que tensaban al máximo la soga. La prima de riesgo española escalaba por encima de los 600 puntos básicos y la situación comenzaba a ser insostenible. El Gobierno anunció la subida del IVA para la vuelta del verano y la supresión de la paga extra a los funcionarios. Pero la cuerda seguía sin ceder. En los entornos financieros se hablaba ya de que en España, una parte importante de la población iba a conocer tres divisas: la peseta, el euro y la que viniera después, una vez fuera de la moneda común. «Lo que está en juego no es el futuro de España ni de Italia. Está en juego el futuro del euro», decía el presidente Rajoy, e hizo piña con Italia, hasta que consiguieron a finales de junio torcer el brazo a Alemania y que reconociera la posible recapitalización directa de la banca. Un mes después, el 26 de julio de 2012, el BCE desplegó por fin la red de seguridad que ansiaba España. «Haré lo que haya que hacer, y créanme, será suficiente», aseguró Mario Draghi. Solo ese día, la prima de riesgo española perdió 50 puntos.

No al rescate

En el otoño de 2012 las presiones para que el Gobierno pidiera un rescate con todas sus letras, y con todas sus consecuencias, llegaban desde todos los ámbitos, también de los grandes empresarios españoles. Sus costes de financiación estaban disparados y, denunciaban, esto les penalizaba frente a sus competidores internacionales. Hoy reconocen, sin embargo, que pecaron de impaciencia. Rajoy, como los buenos corredores de fondo, resistió y desde entonces, aunque con algunos altibajos, la tendencia a la baja ha sido constante y hoy se sitúa por debajo de los 110 puntos básicos. La recuperación de la confianza de los inversores en la economía española abrió de nuevo la puerta de los mercados financieros. Y aunque el impacto para las cuentas públicas es notable por los menores intereses (sólo en 2013 se ahorraron 8.500 millones de euros), los beneficios en términos de imagen de la Marca España puede que sean incluso mayores. Cuentan en el Gobierno cómo sus primeras reuniones con responsables económicos de Bruselas estaban marcadas por el recelo y la desconfianza. Hace un mes, por el contrario, Rajoy fue el encargado de abrir la Cumbre del G-20 celebrada en Brisbane (Australia). Allí, España fue puesta como ejemplo de éxito contra la crisis.

La exportación como motor

Los economistas aseguran que entre los logros de este Gobierno no puede faltar el haber devuelto la competitividad a España. Y que se haya hecho sin la posibilidad de devaluar la moneda, únicamente a golpe de reformas. Un experimento sin precedentes. Los recortes han sido duros, pero han permitido que hoy las exportaciones sean el motor de la recuperación de España y que hayan alcanzado máximos históricos. En 2013 se logró el récord en exportación de mercancías y en 2014 se siguen superando los registros.

Fin al dogma de la austeridad

Conjugar austeridad y crecimiento puede llegar a ser como intentar mezclar agua y aceite. Y por ello España, junto con otros socios, puso sobre la mesa de Bruselas la necesidad de flexibilizar los objetivos de déficit, una vez que el compromiso con la consolidación fiscal estaba ya fuera de dudas. Una docena de gobiernos europeos, entre ellos el presidido por Mariano Rajoy, reclamaron por escrito un plan de crecimiento que puso en cuestión el dogma de austeridad impuesto por Alemania hasta la fecha. La búsqueda del equilibrio es hoy el principio que impera en Bruselas.

Palo y zanahoria con las autonomías

La imagen de las comunidades autónomas en el exterior era otro de los lastres a los que tuvo que enfrentarse el Gobierno. Ejemplo de falta de control y despilfarro en la prensa internacional, Rajoy aplicó la estrategia del palo y la zanahoria con las autonomías. No las dejó caer, y les facilitó la financiación que les negaban los inversores. El Fondo de Liquidez Autonómico (FLA) financió en 2013 con 22.920,5 millones y, hasta el momento, en 2014 se han distribuido 18.821,3 millones. A cambio, la exigencia de austeridad ha sido inflexible y aunque algunas autonomías siguen incumpliendo los objetivos, las desviaciones se han reducido considerablemente.

España paga sus deudas

España paga sus deudas. Esta máxima estaba empezando a ponerse en duda y la morosidad de las Administraciones amenazaba con asfixiar a buena parte de nuestro tejido empresarial. El plan de pago a proveedores puso punto final a este problema. Con más de ocho millones de facturas pagadas, más de 190.800 proveedores beneficiados y casi 42.000 millones de euros abonados, este plan consiguió inyectar liquidez a la economía real. Encontrar críticas a este proyecto es prácticamente una tarea imposible, incluso entre la oposición.