Mercancías en el puerto de Barcelona
Mercancías en el puerto de Barcelona - inés baucells

España vende pero Europa compra menos

La mejora del consumo y el estancamiento de la Eurozona explican el repunte del déficit comercial

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Durante la tormenta que supuso la crisis, las exportaciones españolas no dejaron de subir mientras las importaciones, lastradas por el naufragio del consumo, se hundieron. Sin embargo, ahora que la economía española ha recuperado el rumbo, las compras al exterior han vuelto a salir a flote al calor de la recuperación dejando atrás un enorme déficit comercial. De esta forma, tras el estío y las vacaciones la diferencia negativa entre las compras y las ventas de la economía española al exterior ha vuelto a ganar peso en la balanza comercial nacional. Entre enero y agosto el déficit comercial alcanzó los 16.481 millones de euros: casi el doble de lo acumulado el mismo mes del pasado año. De hecho, en agosto la tasa de cobertura española, es decir, el porcentaje de las importaciones que pueden cubrir las exportaciones, fue la más baja del año: el 85,5%.

El dato congela la tendencia observada a lo largo del pasado año. Durante algunos meses de 2013, la economía nacional consiguió algo inédito en su historia: vender más al exterior de lo que compra y finalmente logró cerrar el año con un déficit comercial de 17.741 millones de euros, un 1,73% del PIB, cifra mínima récord. Esta evolución de equilibrio comercial se ha interrumpido por la recuperación del consumo . Si entre enero y agosto de 2013 las importaciones sumaban 164.218,9 millones, en el octavo mes de 2014 alcanzaban los 173.673 millones, un 5,8% más.

Sin embargo, tras el fuerte repunte inicial, comienza a verse una estabilización de las compras al exterior. «Las importaciones, que repuntaron mucho hace unos meses, ahora se han moderado. Crecen pero menos, en paralelo a la estabilización de la demanda interna», reseña la economista de la Fundación de las Cajas de Ahorro (Funcas), María Jesús Fernández. El aumento de las compras al exterior se moderó en agosto respecto a los primeros meses de 2014 y solo fueron levemente superiores a las del mismo mes de 2013 (19.113 millones respecto a los 19.024 millones del pasado año). Esto refleja el rumbo marcado por la demanda interna: si bien el gasto en consumo final de los hogares aumentó en el primer trimestre del año respecto al anterior un 5,7%, entre abril y junio cayó un 6,14%.

Del otro lado de la balanza, las exportaciones perdieron fuelle debido al parón en la economía global. A pesar de que durante los ocho primeros meses del año registraron un crecimiento del 0,9% respecto a lo acumulado en el mismo periodo del pasado año al llegar a los 157.192 millones, durante el mes de agosto se observa una desaceleración de las ventas. Si en agosto de 2013 supusieron 17.215,5 millones de euros, en el mismo mes de este año fueron un 5% inferiores.

Este fenómeno se explica, sobre todo, por el comportamiento de los países de nuestro entorno. El rumbo favorable de la economía nacional, que creció un 1,2% interanual durante el segundo semestre del año, contrasta con el de Francia e Italia, atrapadas entre el estancamiento (0%) y la recesión (-0,2%), respectivamente. «La principal razón de que las exportaciones se hayan desacelerado se encuentra en el estancamiento de las grandes potencias europeas, que son los mayores compradores de España», describe Federico Steinberg, investigador del Real Instituto Elcano.

España vende un 63,5% de sus exportaciones a la UE, y en agosto el comercio hacia el bloque fue un 3,8% menor que el mes anterior. Por ejemplo, Francia, principal socio comercial de España ya que representa un 15% de las exportaciones nacionales, compró un 11,2% menos a España en agosto que en julio, si bien en los ocho primeros meses del año la caída se amortigua a un -0,4%. Por su parte, las exportaciones dirigidas a Italia se hundieron un 3,1% en el octavo mes del año.

Este parón en la actividad se traslada a la locomotora germana, gripada por el conflicto entre Rusia y Ucrania. Las ventas a Alemania, que compra el 10,5% del total de exportaciones españolas, también cayeron durante el mes un 3,7%.

Crecimiento a la baja

Las perspectivas del Viejo Continente no son positivas para los próximos meses. Berlín rebajó sus previsiones de crecimiento la semana pasada para este año del 1,8% inicialmente estimado al 1,2%. Mientras, el Fondo Monetario Internacional (FMI) arroja una recesión del 0,2% para Italia y un débil crecimiento del 0,4% para Francia.

Sin embargo, donde España pierde más clientes es al otro lado del océano. Las exportaciones a Latinoamérica se hundieron un 11,2% entre enero y agosto respecto a 2013, debido a la desaceleración que afecta a numerosos socios iberoamericanos, como Brasil, que hace unas semanas entró en recesión y hacia donde las exportaciones españolas se han reducido un 15% en los ocho primeros meses del año.

«A pesar de que Iberoamérica no tenga la importancia de Europa como socio comercial, la caída ha sido tan grande que lastra», destaca José Luis Martínez Campuzano, estratega de Citigroup en España, quien también destaca el letargo del comercio mundial, que se redujo un 0,8% durante agosto respecto al mes anterior, según el instituto holandés CPB.

En este escenario, el Ministerio de Economía subraya que el crecimiento del 0,9% de las exportaciones españolas en los ocho primeros meses del año contrasta con las caídas de las ventas al exterior en Francia (2%) y Reino Unido (15,6%), aunque es inferior al crecimiento alemán (2,8%), y también al de Estados Unidos (3,3%) y Japón (2,8%). Precisamente, la buena marcha de la economía estadounidense impulsó las ventas a Norteamérica un 14,6% en los ocho primeros meses.

«Las exportaciones españolas, a pesar de bajar el ritmo, no se estan comportando mal dado el contexto internacional. Las ventas al exterior, de no ser por la desaceleración europea, podrían estar creciendo a un 6%», incide María Jesús Fernández.

La depreciación del euro, que desde mayo ha caído en torno a un 10% frente al dólar, puede terminar de empujar las ventas fuera de la Eurozona. «Aún es muy pronto, hay que darle tiempo. Si la tendencia se mantiene y el euro continúa a la baja, en seis meses se debería comenzar a notar», asevera Steinberg. Hace tiempo que las empresas españolas izaron las velas de la internacionalización, pero la economía global trae calma chicha.