Cosecha de alfalfa en el Valle del Ebro
Cosecha de alfalfa en el Valle del Ebro - aefa
optimismo en el sector agrícola

«Ni hao, dejen paso a la alfalfa made in Spain»

España remarca con un relevante acuerdo con China su posición de segundo exportador mundial, solo por detrás de EE.UU., en el mercado de esta mielga para forraje

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En todo el Valle del Ebro, hasta casi su desembocadura, la alfalfa es uno de los cultivos estrella. Hilario M. Ceperuelo, un sexagenario agricultor del Bajo Aragón turolense, aduce que en esta zona todo aquel que tiene terreno fértil y productivo de huerta se inclina por tres productos: alfalfa, maíz o plantío (melocotón y almendra, sobre todo, en esta comarca maña regada por el río Martín y el río Guadalope, afluentes del Ebro en su margen derecha). Explica, apegado a la tierra, como también lo hacen desde la Asociación Española de Fabricantes de Alfalfa ( AEFA) con domicilio social no muy lejos de aquí, en Zaragoza, que España produce una de las alfalfas de mayor calidad mundial gracias a dos características que la hacen imbatible: la combinación de climatología y tierra caliza, lo que multiplica la rentabilidad que se le extrae al cultivo de esta mielga común dedicada al forraje.

«El trigo aquí se produce con un 10% de casco y un 90% de harina y logra una calidad elevadísima. Algo similar ocurre con la alfalfa, un producto estrella por la cal de la tierra y que consigue una calidad estupenda en esta planta», añade el agricultor turolense, rodeado de compañeros del sector. Ellos apuntan otra de las claves: la alfalfa requiere cinco siegos o siembras al año. Lo que supone este dato nada casual es que si España no gozase del clima cálido que posee, serían tres las cosechas, a la manera de países más al norte de Europa tales como Holanda, y ello no potencia en nada la aptitud de la cosecha. Además, se une el factor del agua. La alfalfa no asume bien la humedad, es un producto que al ser segado, debe secar al sol. Si las lluvias que caen sobre él son abundantes, se deteriora y se pierde la cosecha. De hecho, en AEFA indican que «el hecho de tener baja pluviometría y alto nivel de evapotranspiración hace que la alfalfa sea un cultivo básicamente de regadío y de no ser en zonas muy frescas, la productividad en secano es bajísima. Un 78% se cultiva en regadío dentro del territorio nacional, el resto en secano; y existen comunidades autónomas que lo hacen en regadío al cien por cien. El consumo medio de agua para el regadío es de unos 7.000 metros cúbicos por hectárea».

Otra de las peculiaridades de este cultivo es que permanecerá dando buen rendimiento durante cinco años, hasta que la raíz se tenga que arrancar y dar paso durante un lapso de dos o tres años a otro producto suplente, dejando de este modo que se oxigene la tierra adecuadamente y evitando las epidemias, que acechan a la alfalfa con el llamado gusano verde o cuca negra y también las ratas, el apión y los pulgones como principales verdugos. La práctica agrícola usual es la de sembrar la mitad del terreno con alfalfa, a los cinco años sembrar otra planta en su lugar. Pasado el lustro, se vuelve a recurrir a la alfalfa y su alta productividad, aunque en la otra mitad del terreno. Fuentes de la asociación española resaltan que para fortuna del agricultor la permanencia del cultivo puede ser de muchos años, no así la persistencia económica, que se sitúa en unos cinco años, siendo los de máximo rendimiento unitario el segundo y tercer año consecutivo de cultivo.

Diseminado por todo el mapa nacional

La extensión del cultivo de la alfalfa en España cubre prácticamente todo el mapa nacional. Desde AEFA subrayan que junto al Valle del Ebro, hay otra zona con especial peso en su producción, Castilla y León, si bien se cultiva en gran parte del país, apto como es para los suelos profundos de naturaleza caliza. Es incompatible con suelos ácidos. La superficie de cultivo total en nuestro país abarca cerca de 250.000 hectáreas.

La alfalfa se emplea para alimentar a animales, como ovejas, camellos y caballos, en piensos o deshidratado (y secado artificialmente) compuesto en gránulos. Afirman los productores que una de las razones para que España tenga tanta presencia en el mercado de la alfalfa es que es un país con abundante ganado. Se requiere su cultivo, si bien para la alfalfa hay un auténtico «efecto llamada» desde fuera de nuestras fronteras.

Aunque el producto es originario de Italia y propio de países mediterráneos por excelencia, ha sido el nuestro el que ha conquistado el mercado francés y el del norte de África. No obstante, este último -Marruecos, principalmente- está potenciando su cultivo para no depender en demasía de la importación y está sesgando la competitividad española. Así que, devaluado el mercado africano, el nuevo foco es Asia.

Demanda desde Asia

La demanda internacional emerge como un ciclón desde este punto del planeta. Hace ya unos meses que AEFA viene reforzando sus lazos con China, y tras una importante feria en mayo y convenido el primer acercamiento, el pasado 25 de agosto partieron los primeros seis contenedores -de tres empresas aragonesas y tres catalanas- llenos de alfalfa del puerto de Barcelona rumbo a aquel país. Joaquín Capistrós, director de AEFA, explica a este periódico que esos fueron los primeros pasos de una senda que se ha terminado por completar en las últimas horas. Al continente asiático ha viajado el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, con diversas tareas bajo el brazo. Rajoy ha estampado su firma junto a la de Li Keqiang, jefe de Gobierno de China, en catorce acuerdos bilaterales por valor de 3.150 millones de euros. Pero en su cartera había una carpeta con un epígrafe definido: alfalfa. Este 26 de septiembre, el Ejecutivo español daba por cerrados con Pekín acuerdos tan importantes como los articulados en torno a la lucha contra el crimen organizado y la exportación de películas en el mercado del cine, aunque sin duda el relativo a la herbácea ha sido el trato más solvente. 24 empresas españolas están de enhorabuena. Podrán exportar 200.000 toneladas al año -durante el próximo trienio- en aras de invadir por completo territorio «amarillo». La valoración que hacen desde el sector español no puede ser más optimista. Capistrós no se anda con chiquitas: es 100% positiva, máxime tras una «etapa delicada» -tilda la coyuntura- en que el agricultor ha producido otros productos más rentables como el maíz y ha abandonado en parte a la alfalfa. La caída se resume en dos cifras: se ha pasado de cultivar dos millones de toneladas hace dos años a un millón y medio en el último ejercicio. No obstante, el director de AEFA comparte sus buenas expectativas. Da por zanjada esa crisis periódica y el próximo año y tras testimonios recabados de muchos agricultores «se espera crecer hasta un 20%».

Esas empresas tocadas por la varita mágica procederán a los envíos de pacas de alfalfa de forma inmediata. Fuentes diplomáticas españolas han remarcado la trascendencia de este protocolo suscrito sobre los requisitos sanitarios para la exportación de alfalfa a China, ya que supone que se abren definitivamente las puertas del mercado del gigante asiático. España gana enteros en la tabla y se consolida como segundo exportador mundial de este producto tras Estados Unidos, con más de un millón de toneladas. Para Capistrós, el mercado chino deja de estar copado únicamente por el productor aislado autorizado, Estados Unidos, y deja pasar por la puerta grande al producto «made in Spain». Los desafíos que plantea esta entrada para el lector estriban en extremar los requerimientos sanitarios porque en China se es muy exhaustivo en los controles de aduanas, anota el oscense Capistrós. «Ahora tenemos que ser capaces de incentivar al agricultor, que produzca alfalfa y se cubra la demanda que se nos solicita para el mercado chino», apremia el responsable de la asociación.