La FIFA se ahorra 322 millones de euros en impuestos en el Mundial de Brasil
Manifestantes contra el Mundial de Fútbol en Brasil - afp

La FIFA se ahorra 322 millones de euros en impuestos en el Mundial de Brasil

La Copa es la más lucrativa de la historia de la organización presidida por Joseph Blatter, con más de 3.300 millones de euros en negocios

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Comenzó la fiesta del Brasil 2014 y en las calles el ambiente general es de alegría y confraternización entre brasileños y extranjeros que quieren ver de cerca el llamado «Mundial de los Mundiales». Pero una buena parte de la población no tiene mucho que celebrar, y se indigna contra la FIFA. En las mismas calles en las que unos celebran, otros protestan. Así como hay banderas que celebran hay otras que reclaman. La Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), una de las más prestigiosas del país, lleva colgada una tela de unos veinte metros de altura, en la que se lee «FIFA Go Home». Los profesores de las universidades públicas son uno de los tantos grupos que protestan contra el evento.

Brasil es la séptima economía del mundo, pero a la vez, el sexto país más desigual del planeta. Mientras el 18,6% de la población vive en la pobreza, la FIFA y sus empresas asociadas están dejando de pagar 322 millones de euros en impuestos al estado brasileño, sólo en el nivel federal, según cálculos del Tribunal de Cuentas de la Unión. No están sumadas en esa cuenta, las exenciones a estados y municipios. El Mundial de Brasil ya es, a su vez, el más lucrativo de la historia de la FIFA, con más de 3.300 millones de euros en negocios, que van más allá de la venta de entradas, derechos televisivos y merchandising.

La Ley General de la Copa, aprobada en 2012, eximió de impuestos a la FIFA: todo un atropello social en palabras de los manifestantes. «El texto da una serie de privilegios y prerrogativas a la FIFA y a sus patrocinadores que hieren la soberanía nacional», lamenta Guilherme Boulos, coordinador del Movimiento de Trabajadores Sin Techo (MTST), la entidad que lidera las protestas en Brasil.

«Este dinero debería ser utilizado para apoyar a los brasileños más pobres y reducir la desigualdad en el país. Por ejemplo, con mejores escuelas, hospitales y transporte público, o con apoyo financiero para las comunidades afectadas por los proyectos de infraestructura del Mundial», incide Isabel Ortigosa, de la ONG española InspirAction, que está reuniendo firmas para pedir que la FIFA no vuelva a imponer condiciones abusivas a los países que acojan el Mundial en el futuro.

«La desigualdad en Brasil es tan grave que el 20% de la población acapara casi el 60% de los ingresos, mientras que el 20% más pobre (unos 40 millones de personas) obtiene solo el 3%, según el Banco Mundial», añade Ortigosa.

En el mes del Mundial la FIFA manda en Brasil. En los alrededores de los estadios y en las principales calles de Sao Paulo, donde se hospedan los dirigentes de la entidad, solo pueden estacionarse los vehículos del Mundial. Un privilegio del que carecen los brasileños, que pagan para poder aparcar en la calle. Y ese es el procedimiento en todas las ciudades que acogen partidos oficiales.

Los 64 artículos de la ley alteran el marco tributario, lo que supone que la FIFA y sus empresas asociadas dejen de pagar los costes de importación de todo tipo de productos, desde alimentos y combustibles a trofeos, medallas y materiales de construcción. Tampoco pagan impuestos por los eventos, seminarios, banquetes y demás ceremonias. La ley también prohíbe vendedores ambulantes en las cercanías del estadio y zonas oficiales, lo que en la práctica afecta a millones de brasileños que viven de la venta informal de bebidas, comidas y souvenirs.

En este contexto, los movimientos sociales que se enfrentaron a la policía durante la inauguración del Mundial en varias de las sedes, mantendrán sus protestas durante el campeonato. En una campaña nacional llamada «Hexa de derechos», una metáfora con el próximo título que la selección de Neymar quiere ganar, los movimientos reclaman recuperar la soberanía nacional contra los privilegios de la FIFA. Las otras cinco reivindicaciones denuncian carencias de la población como vivienda, transporte, sanidad, educación y justicia, especialmente por la criminalización de las protestas.

«Los aficionados que viajen para apoyar a su país en el Mundial no tendrán la oportunidad de ver el verdadero Brasil ni de conocer el sufrimiento que provoca este sistema fiscal injusto en las personas más pobres», afirma Mara Luz, responsable de InspirAction en América Latina y el Caribe.

Por otro lado, el 51% del coste total del Mundial será desembolsado por el Gobierno brasileño en sus tres niveles, Federal, Estados y Municipios, invertidos en obras de infraestructura que han disparado su coste y han tardado en finalizarse. Desde los 1.900 millones de euros presupuestados en un inicio, a los 2.700 millones finales. Como ha denunciado la ONU, otro de los problemas más serios del Mundial apunta a las 200.000 personas desalojadas por la fuerza en las doce sedes. Uno de cada mil brasileños tuvieron que abandonar sus casas para cederle espacio a los estadios y a las obras de infraestructura. «No vemos mejora en los servicios básicos. Este es el gobierno de los diálogos, pero de los diálogos vacíos», declaró a la Agencia Brasil, Vanessa dos Santos, de la Articulación Nacional de los Comités Populares de la Copa (Ancop).

«En Salvador, se está produciendo una operación de limpieza, en la que personas son expulsadas, amenazadas a punta de pistola. Lugares con más de cien años de historia corren peligro frente a complejos hoteleros», denuncia Argemiro Ferreira, de Ancop en Salvador.

El MTST, que lideró las protestas de los últimos meses, vio cómo Rousseff atendía sus reivindicaciones días antes del Mundial. La presidenta se comprometió a construir 2.000 viviendas populares a cuatro kilómetros del estadio Arena Corinthians y anunció la creación de una comisión nacional para luchar contra los desalojos y se comprometió a promover la participación más directa de los movimientos sociales en los programas de vivienda. Con el anuncio, Rousseff consiguió una tregua con el MTST, pero persisten las amenazas de huelgas sindicales, que aprovechan el Mundial como escaparate. Profesores, universitarios, empleados públicos, basureros y conductores, siguen anunciando paros o protestando cerca de los estadios.

«Los pesimistas ya entran perdiendo. Fueron derrotados por la capacidad de trabajo y la determinación del pueblo brasileño, que no desiste nunca» dijo Rousseff a los manifestantes que protestan contra el Mundial. La presidente también comparó los 2.600 millones invertidos en estadios, con los 562.000 millones dedicados a educación y sanidad desde 2010. Rousseff tiene razón al decir que Brasil mejoró mucho en los últimos veinte años, pero aún es un país muy desigual. Brasil y la selección brasileña encantan al Mundo, pero las desigualdades y los problemas de Brasil no se acaban con el Mundial.