La reventa de entradas en internet, un negocio al filo de la ley
Una chica muestra su entrada para el concierto de los Rolling Stones en Madrid, agotadas en menos de 12 horas - efe

La reventa de entradas en internet, un negocio al filo de la ley

Si la regulación solo prohíbe «la venta y la reventa callejera o ambulante de localidades», ¿es legal en la Red?

isabel miranda
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No deambulan entre la multitud, no se esconden, ni se acercan al público susurrando alguna frase sugerente. Más bien, lo anuncian sin ningún pudor: «Hay reventa». Desde que surgiera internet, muchos son los negocios que han prosperado y, ahora, la reventa de entradas es uno más de ellos. Prohibida por real decreto en la calle, ¿es legal en la Red? Según a quien pregunte, la respuesta varía.

Según el Reglamento General de Policía de Espectáculos Públicos y Actividades Recreativas, está prohibida «la venta y la reventa callejera o ambulante de localidades». El ámbito, muy acotado y sin otra normativa más reciente a la mencionada de 1982, ha sido aprovechado por empresas como Ticketbis, Viagogo, Tengoentradas.com o Seatwave para lanzar su propio negocio de reventa en la web al entender que no está prohibida online.

«No es un vacío legal. En el Derecho español todo lo que no está regulado es legal», responde Jon Uriarte, CEO de Ticketbis, al ser preguntado al respecto. Según asegura, lo que no está permitido es la reventa «ambulante o callejera», algo que no afecta a la venta por internet. En su opinión, la normativa de 1982 se creó con «el espíritu de evitar escándalos callejeros» justo en un momento en el que España acogía el Mundial de fútbol y, aunque entonces no había internet, sí existían otros medios como el correo que no se incluyeron, comenta.

No obstante, este tipo de empresas en las que se pueden comprar entradas en reventa, están configuradas bajo el rol de intermediarios: «Nosotros somos un mercado entre particulares. Si una persona tiene una entrada que no puede usar, en vez de que se pierda y que nadie la pueda disfrutar, o incluso que tenga que recurrir a la calle, puede recurrir a nuestro mercado», dice Uriarte. Ellos, a cambio de cobrar un 10 por ciento —IVA aparte—, garantizan que el envío se hace, que la entrada es correcta, retienen el pago una semana para comprobar que la entrada es buena y penalizan si se demuestra que era un fraude.

Todo, por tanto, bajo una apariencia de regulación y legalidad impecable pero, según dice Ofelia Tejerina, doctora en Derecho Constitucional y experta en análisis jurídico de las TIC, la reventa en internet «no es un vacío legal: la reventa es ilegal».

Si ocurre algo, el usuario no podría recuperar el sobrecoste de la entradaTejerina pone el foco en la desprotección del consumidor: «Si el comprador resulta estafado, no tiene a quién reclamar», cuenta. Si, por ejemplo, el evento se cancela, «con suerte conseguirá de vuelta el precio original de la entrada, pero no el sobrecoste que haya pagado». Y esto, en casos tan llamativos como los vistos hace unos días con el concierto de los Rolling Stones en Madrid —cuyas entradas en internet han llegado a rozar los 12.000 euros—, puede suponer una gran desprotección.

Aunque en algunos casos, las empresas intermediarias devuelven el dinero en el caso de fraude, la experta legal recomienda que antes los compradores se pregunten si ese tipo de garantías las exige la ley. «Una tienda ofrece garantías porque lo exige la ley. Pero las garantías que ofrecen las empresas por internet son voluntarias, es una autorregulación para ganar consumidores», asegura.

Por si acaso, Tejerina recomienda imprimir las condiciones de la página web y cualquier documento que recoja la operación. No obstante, en el caso de llevarlo a un juzgado, reconoce que no es fácil saber cómo reaccionaria un juez. «No existen garantías legales», reconoce, «tiene que llegar un momento en el que un juez decida y todos sepamos a qué atenernos, pero entiendo que no es legal».

Precios libremente establecidos

Además, existe otro punto oscuro. Aunque la ley permite la reventa en algunos casos —en locales o a personas autorizados por la organización—, el precio establecido no puede «inflarse» más de un 20 por ciento sobre el precio original. Pero las empresas que se dedican a este negocio en internet dejan claro que los precios son libremente establecidos por los usuarios. «Los precios de venta de las entradas son marcados por los vendedores y pueden diferir del valor facial de las entradas», establece Tengoentradas.com. Ocurre lo mismo con Ticketbis. «No hay ningún tope en los precios», asegura Uriarte, pero «la gente que en un momento de euforia pone un precio muy alto a una entrada, por si suena la flauta, al final nunca suena».

Al final, dice Tejerina, sólo se regulará cuando la industria se de cuenta del dinero que está perdiendo. «Tiene que haber un lobby que se ponga a ello y presione al Gobierno para que lo regule», explica. Lo cierto es que en algunos países ya se ha regulado la reventa en internet bajo ciertos preceptos: que la empresa organizadora del evento de el consentimiento expreso y que el sobreprecio de las entradas no traspase cierto porcentaje.

Según defiende Uriarte, de cara al futuro, las autoridades españolas deberían centrarse en aportar seguridad al comprador y no prohibir un mercado muy valorado entre los usuarios. «Sería un grave error prohibirlo. Hay muchas empresas que no son españolas que seguirían con el negocio de la reventa, pero con la diferencia de que no pagarían ningún impuesto por esta actividad», asegura. Las autoridades tienen la oportunidad de regularlo ofreciendo seguridad y garantías.

Mientras, y ante las dudas, algunos internautas recurren a triquiñuelas para la reventa de entradas por internet. De hecho, nunca una simple manzana o un bolígrafo bic salió tan caro como cuando viene con una entrada «de regalo».