Por qué Europa no debe perder el tren del «shale gas» o gas de esquisto
El «shale gas» ha dado una ventaja competitiva a la industria petroquímica de Estados Unidos - mladen antonov

Por qué Europa no debe perder el tren del «shale gas» o gas de esquisto

La consultora Roland Berger pide un impulso al «fracking» para evitar el declive de la industria petroquímica europea

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La consultora Roland Berger advierte, en un informe llamado «El impacto del "shale gas" en Europa-Reacción o relocalización», de la revolución que está provocando el «shale gas» o gas de esquisto, alcanzable a través de la fractura hidráulica o «fracking», en el mundo energético y la industria petroquímica. «Los importadores de gas se han convertido en potenciales exportadores».

Estados Unidos, la única economía que se ha lanzado a la explotación de esta técnica, es quien más beneficios está sacando. Entre 2005 y 2012, los precios de la electricidad bajaron un 4% en EE.UU.; en el mismo periodo, subieron un 38% en Europa. En ello ha tenido mucho que ver, dice Roland Berger, el precio del gas natural, que cayó de 9 dólares por MBTU en 2005 a 3 dólares en 2012. A la vez, en Europa crecieron casi un 100%.

Esta caída del precio del gas natural también ha influido en el suministro de otras gases líquidos, como el etano, butano y propano, lo que ha impulsado la inversión en la industria petroquímica. A largo plazo, Roland Berger prevé que se puedan crear plásticos que sustituyan a otros materiales, como el metal o la madera. Ello evitaría la deslocalización de muchas actividades de manufactura. Cita como ejemplo una fábrica que Dow Chemicals está construyendo en Texas.

Mientras esto sucede al otro lado del Atlántico, Roland Berger advierte de los riesgos energéticos de Europa, tan dependiente de la energía del exterior. En 2012, por ejemplo, pagó un 3,2% de su PIB en importaciones de gas y petróleo. La consultora prevé que pronto Europa tenga los precios energéticos más altos del mundo. «Un 37% más altos que los de EE.UU. y un 20% más que los de Japón», concreta Roland Berger.

La industria petroquímica también está sufriendo los efectos de esta carrera. Los hidrocarburos son, además de una fuente de energía, la primera ficha de dominó de otros sectores económicos. El gas natural y algunos derivados del petróleo se transforman, a través de la industria petroquímica, en la materia prima de otras cadenas industriales, como la textil, la electrónica o la de los plásticos. Una de las más afectadas por la irrupción del «shale gas», explica la consultora, es la industria del etinol, que está perdiendo competitividad frente a la norteamericana.

Para frenar esta pérdida de competitividad y moderar los precios energéticos, Roland Berger pide un impulso al «fracking», a través de un marco regulatorio estable, que tenga en cuenta las garantías medioambientales que exige la Unión Europea. Reconoce, eso sí, que el potencial que tiene Europa no es tan prometedor como el de EE.UU. Para empezar, en el Viejo Continente, los costes de exploración son un 100% más caros que en el país norteamericano. Pero «no ofrecer una solución a este desventaja competitiva llevará al declive de la industria petroquímica en Europa. Es demasiado doloroso como para contemplarlo».