Cómo plasmar en el currículo tu mejor versión
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Cómo plasmar en el currículo tu mejor versión

Claves para potenciar la «marca personal», uno de los grandes retos de los nuevos profesionales

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La primera vez que un estudiante universitario se plantea redactar un currículo lo normal es que trate de copiar un modelo ya existente. Casi, casi como si se tratara de un formulario en serie, uno se fija en detalles tan nimios como el tipo de letra, el interlineado, la estructura del texto, el orden y estilo de la redacción... Sin apenas formarse una idea del candidato al que está copiando, el contenido acaba por perderse bajo el continente. Y el currículo se convierte en un elemento vacío, impersonal y sin posibilidad alguna de atraer a un seleccionador que probablemente ha revisado miles de solicitudes de empleos calcadas unas de otras.

Modas y tendencias tecnológicas a parte, saber plasmar en un par de folios el diseño de un plan de carrera -pensado y meditado- es una de esas tareas esenciales que hoy apenas se enseñan en la Universidad. Como reconoce el director del Departamento de Carreras Profesionales de ESIC, Juan Antonio Carrasco, «sí es algo que se trabaja más en los másteres y cursos de postgrado, pero creo que sería muy importante que en todos los Grados existiera una asignatura de orientación laboral justo antes de licenciarse en la que se les enseñara a trabajar mejor la marca personal».

«En definitiva, se trata de hacer la mejor foto de uno mismo», resume Elisa Bandrés, responsable de Carreras Profesionales de ESADE, quien reflexiona sobre «cómo en las empresas, a raíz de la crisis, han cambiado los procesos de selección de candidatos. Los nuevos fichajes hoy se hacen de una forma diferente, utilizando cada vez más canales como las redes sociales». «Por lo tanto -continúa-, un buen currículo en sitios profesionales como twitter o linkendIn aporta una enorme visibilidad, sobre todo en determinados sectores».

Condiciones tan obvias como que el currículo resulte atractivo y fácil de leer no siempre se cumplen, pero hay algunas claves que, si se tienen presentes, mejoran enormemente el resultado.

El formato: todo vale

En plena revolución tecnológica, son muchos los profetas que han anunciado a voces la muerte del papel, pero la versión online del currículo tradicional sigue siendo el recurso más empleado. Al menos, un comienzo, sobre el que habrá que volver a medida que se adquiera experiencia laboral o se alcancen objetivos profesionales. Eso sí, «aprovechando las numerosas ventajas que ofrece la tecnología, como la posibilidad de añadir recomendaciones de profesores, compañeros de estudios y de trabajo, enlaces a otras actividades -como un blog- que aportan información relevante sobre el candidato...», enumera Carrasco. El formato tiene además que adaptarse al tipo de actividad profesional, dando rienda suelta a la creatividad cuando sea oportuno.

La imagen: ante todo, coherencia

Tiene que existir una concordancia entre lo que el candidato escribe que es o que sabe y lo que el seleccionador ve en un vídeoprevio, en una conexión por skipe, en el transcurso de una entrevista personal o incluso en una jornada de trabajo junto a otros candidatos, coinciden ambos expertos. Las empresas, cada vez más, quieren ver a sus futuros empleados en acción.

Internet y, sobre todo, la frenética actividad en las redes sociales, han difuminado las líneas tradicionales que antes separaban con claridad la vida personal y la profesional. En la actualidad, esto puede suponer una ventaja, cuando la imagen proyectada en ambos mundos coincide o incluso se complementa, pero también un inconveniente, si se encuentran claras contradicciones o comportamientos inapropiados para el puesto al que se opta. «Hoy todo el mundo encuentra lo que busca en google», advierte a los estudiantes más jóvenes Carrasco, quien apunta la tendencia de cuidar cada vez la vida virtual para que no acabe teniendo un impacto negativo sobre la real.

El contenido: un punto de equilibrio

Los jóvenes españoles no saben cómo «venderse» bien, o al menos eso aseguran muchos de los estudios que denuncian la falta de orientación hacia el mundo empresarial de la Universidad española y, por ende, de los universitarios. En un momento en el que la alta cualificación es la nota predominante, es más necesario que nunca saber cómo destacar entre la masa, ofrecer en el currículo un «valor añadido» que «obligue» al seleccionador a detenerse frente al candidato. El modelo en el mundo anglosajón es mucho más práctico: sin dejar de enfatizar la formación académica, se hace más hincapié en habilidades transversales como la capacidad de trabajar en equipo, la actitud durante una negociación, la creatividad o el valor para asumir riesgos.

Encontrar un equilibrio entre los conocimientos técnicos y las habilidades y destrezas personales es la base sobre la que construir un perfil suficientemente atractivo, donde se perciba una sintonía entre el desarrollo de la vida académica y otras actividades -sociales, culturales, deportivas, de apoyo a la comunidad- complementarias.

Los tabús: fuera convencionalismos

Bandrés hace hincapié en la necesidad de hablar de los logros y las fortalezas de forma concreta. «Por ejemplo, en el contexto de una entrevista de trabajo los españoles tenemos una especie de pudor que nos inclina a decir frases como “eso lo tendría que decir otro” o “no soy la persona más indicada para hablar de mis virtudes”, frases que nunca diría un centroeuropeo o a un estadounidense, que se centran en exponer claramente sus logros con cifras que lo corroboren: “Diseñé un plan de marketing que supuso un incremento del 20% de las ventas”».

Los errores: exigir en lugar de ofrecer

Entre los errores más comunes que hay que evitar, la experta de ESADE se refiere a la «verborrea grandilocuente», las vaguedades o generalidades del tipo «me considero trabajador y responsable». Insiste en que las consideraciones tienen que hacerlas otros, el candidato tiene que demostrar evidencias. También es un error habitual en los más jóvenes «exigir en lugar de ofrecer. Las aspiraciones son legítimas, pero tienen que estar en consonancia con la aportación que uno hace a la empresa», concluye. Para Carrasco, hay otro error comun: «Una casa no se empieza por los cimientos, sino por los planos. Con el currículum pasa igual, hay que sentarse a planificarlo antes».