Hora límite en el reloj del secreto bancario suizo
Fachada de uno de los principales bancos suizos, el UBS - efe

Hora límite en el reloj del secreto bancario suizo

El país helvético aumenta la colaboración con otros países pero se resiste a revelar la identidad de sus clientes a pesar de la presión internacional

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En las calles de Berna, a partir de las ocho de la tarde, hay ya escasas posibilidades de encontrar a alguien paseando por sus arterias. Desde las siete los comercios ya están cerrados en una ciudad cuya hora la marca el perfecto mecanismo del reloj de la torre, el «Zytglogge», que funciona desde la Edad Media con puntualidad helvética. La sociedad suiza funciona a golpe de manija, pero los engranajes de una de las bases sobre la que descansa su tejido económico pueden estar en peligro. En los últimos meses, la industria financiera suiza, que supone el 10,3% del Producto Interior Bruto, observa la presión internacional que empuja la cuenta atrás del secreto bancario.

Si bien no hay hora de cierre fijada para ello, el «tic-tac» se masca en las instituciones helvéticas. La opacidad sobre la identidad de los clientes de cuentas suizas es marca de Suiza desde que el secreto bancario se instaurase en 1934. La propia sociedad helvética rechazó suavizarlo en un referéndum celebrado en 1984, lo que indica su apoyo popular. Detrás de ello está la importancia de las finanzas para la economía. En Suiza hay 2,2 billones de dólares en patrimonios procedentes del exterior, la mitad con origen europeo. Según el instituto económico helvético Bakbasel, desde 1990 a 2009, los bancos fueron los protagonistas de una tercera parte del crecimiento de la economía suiza en este período.

Temor al aislamiento de Europa

Al mismo tiempo, Suiza no quiere quedarse aislada de Europa, como resume el subdirector de la oficina suiza para Asuntos Europeos, Hanspeter Mock. La Unión Europea absorbe el 56% de las exportaciones helvéticas e impulsa el intercambio automático de información. Bruselas apoya profundizar en el intercambio automático de datos con Suiza, una petición que ha reiterado en los últimos meses, cuando incluso Austria y Luxemburgo, los dos principales aliados de Berna en la Comisión, abandonaron sus reticencias.

La crisis ha disparado la presión internacional sobre la presencia de cuentas extranjeras sin declarar en el país y Suiza ha abierto progresivamente sus balances con una mayor colaboración fiscal y bancaria con el extranjero. El país adoptó el estándar de la OCDE de asistencia fiscal en 2009 para intercambiar información caso por caso. Si antes Suiza solo podía suministrar datos de clientes mediante una petición de jueces en caso de causa penal, desde este año los países con los que ha firmado el Convenio para evitar la Doble Imposición (CDI), pueden solicitar información de grupos de contribuyentes con cuentas en Suiza sobre los que existan simplemente sospechas de haber cometido fraude o evasión fiscal. Entre estos países con los que colabora Berna se encuentra España. Como prueba de este avance, esta misma semana, su ministra de Economía, Eveline Widmer-Schlumpf, anunció que prepara una ley para alcanzar un acuerdo con la OCDE para intercambiar datos tributarios y hacer extensivo estos beneficios a todos los países que lo soliciten.

Sin embargo, estos progresos no son suficientes. La ofensiva internacional se volvió a hacer patente hace semanas en la cumbre del G-20 en San Petesburgo. El organismo reiteró su intención de adoptar un sistema automático de intercambio de información fiscal en 2015. Una iniciativa a la que Berna solo se sumará en caso de que se adopte en todo el mundo, y no solo por parte de algunos países. Desde el departamento del Gobierno suizo encargado de asuntos financieros internacionales, explican que el país no se sumará a este tipo de iniciativas hasta que no lo hagan otras plazas financieras mundiales como Singapur o Hong Kong para no perder la ventaja competitiva que ahora alberga Suiza, que lidera la recepción de patrimonios en el extranjero en todo el mundo con un 25% de la cuota global.

La alternativa que presenta Berna pretende detener este ariete contra el muro bancario suizo. La fórmula alpina entrega a los países interesados recaudación a cambio de anonimato de las cuentas, con lo que persiste el secreto bancario. Se trata de los acuerdos bilaterales Rubik, en los que Suiza entrega a los estados de origen la tributación de los fondos que los residentes de estos países tienen en el país alpino sin declarar pero preserva su identidad. Desde 2011, Reino Unido y Austria han firmado este tipo de acuerdos a los que Bruselas se ha opuesto y que entraron en vigor en enero de 2013. Alemania en un principio también iba a unirse, pero el Parlamento germano rechazó la iniciativa en 2012 por la oposición del partido socialdemócrata y los verdes.

Si bien la tributación aplicada depende de la existente en los respectivos países, las fuentes gubernamentales suizas consultadas, señala que se aplica el tipo máximo posible, que en ambos casos ha oscilado entre el 20% y el 40%. La necesidad de aumentar la recaudación de las arcas públicas en tiempos de crisis para gran parte de los países de la Eurozona, es otra de las razones que esgrime Suiza. En estos momentos, el país negocia con Grecia e Italia firmar este tipo de acuerdos. Desde Berna defienden que no se revele la identidad de los clientes ya que, al regularizar los fondos en el país, este procedimiento es un toque de aviso suficiente para el afectado.

Se atribuye a Voltaire la siguiente frase: «Si alguna vez ven saltar por la ventana a un banquero suizo, salte detrás. Seguro que hay algo que ganar». En este caso se estrecha el margen donde ir. Suiza ha aumentado su colaboración con el extranjero y ya no existe el muro infranqueable contra el que antes chocaban las solicitudes del exterior, aunque se resista a revelar por completo la identidad de sus clientes. Pero fuera de sus fronteras el fin del anonimato bancario es un secreto a voces.