Las autonomías, insatisfechas, siempre piden más
En el año 2003, Rajoy y Montoro, ya trabajaban con las autonomías para cuadrar el presupuesto - julian de domingo

Las autonomías, insatisfechas, siempre piden más

La falta de recursos por la crisis y la demanda por cada autonomía de un criterio propio para asignar las inversiones genera conflictos cada año con la elaboración presupuestaria

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El sistema fiscal español otorga a la administración central la potestad recaudatoria de la mayoría de los impuestos. A excepción claro está de las autonomías que disponen de un régimen foral. Sin embargo, son las comunidades autónomas las que se responsabilizan de gran parte del gasto público. Por ello, en los Presupestos Generales del Estado, el Ejecutivo articula unos mecanismos de transferencia de recursos a cada región. El denominador común es que éstas suelen quedar descontentas y siempre piden más.

El vicepresidente económico del Gobierno de Zapatero, Pedro Solbes, acuñó el vocablo «sudoku autonómico» para referirse a la dificultad del Estado para satisfacer a todos. Y es que cada autonomía defiende un criterio a la hora de reclamar las inversiones que debe percibir. Algunas de ellas lo tienen consagrado en sus estatutos de autonomía. Así, mientras el estatuto catalán establece que esta comunidad debe recibir el mismo porcentaje del total de inversiones que el que representea sobre al PIB nacional, Andalucía apuesta por recoger el criterio de que la aportación debe hacerse en función de la población. Ambas optan por el criterio que les sitúa en una situación más fuerte sobre el resto. Pero no son las únicas. Baleares y Canarias siempre solicitan que se priorice el concepto de insularidad, mientras que Castilla y León dice que debe primarse el factor de la dispersión y la baja dispersión demográfica. Muchas otras piden que se aplique el mismo criterio que al resto, siendo ese criterio precisamente la causa del descontento.

La cuestión presupuestaria suele ser uno de los pocos temas que suelen quebrar la férrea disciplina de los partidos políticos. Ya no es solo la oposición. Así, por ejemplo, con los Presupuestos de este año hemos podido escuchar críticas desde el grupo parlamentario del PP en Baleares, asegurando que suponen un nuevo maltrato del Gobierno Central a Baleares. Además de las habituales, como Cataluña y Andalucía, al calor de la crisis, las quejas se han multiplicado. Además de la disparidad en el criterio que debe elegirse para asignar los recursos, las estreches de las cuentas públicas es el principal motivo que genera el descontento de las autonomías. Todas dícen comprender el contexto, pero cuando ven sus partidas rebajadas, el entendimiento se acaba.

Otro de los motivos que provoca que se acrecenten las críticas en estos momentos es que, con gobiernos con mayoría absoluta, es más fácil que éstos puedan mantener su propuesta presupuestaria hasta el final. Con gobiernos en minoría, era más difícil que se aprobase algún proyecto de cuentas públicas sin que se hubiesen tenido que hacer previamente concesiones a los gobiernos nacionalistas.

Otro de los factores que desequilibra un presupuesto y que genera el descontento autonómico es cuando se realiza una infraestructura que afecta a varias de ellas, las líneas de alta velocidad son el ejemplo más claro. En un ejercicio presupuestario, una comunidad necesitará más inversión, mientras se desarrollan en ella las obras pertinentes, mientras que otra percibirá menos. Al año siguiente, las tornas se modificarían. Sin embargo, y pese a saber esto, las autonomías toman como referencia el año en el que reciben más fondos como «referencia» para cursos futuros.

Esta semana, el presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, verbalizó su descontento por el recorte de las inversiones. Llegó a decir que se trataba de una situación «insostenible» para la región. Su voz es la del descontento, la de quienes aportan mucho más al presupuesto nacional de lo que reciben. Madrid reconoce que hay un descenso importante para el conjunto de las regiones, pero denuncian que bajan más de la media de ese recorte de inversiones. La clave estriba en cómo resolver un sistema en el que todos quieren estar por encima de la media. Aritméticamente, imposible.