Locales comerciales o la debacle del comercio minorista
La bajada del consumo está acabando con muchos negocios - juan carlos soler

Locales comerciales o la debacle del comercio minorista

Si las ventas bajan y el pago de los sueldos de los trabajadores y el alquiler del local no se adaptan, el dueño puede tener que cerrar la empresa

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Es evidente que el comercio minorista se enfrenta a una situación de pura supervivencia. Esto se deriva de dos hechos: de la enorme bajada en el consumo y de la gran resistencia de los propietarios de locales a rebajar los precios de los alquileres.

Esta hecatombe en el comercio minorista no sólo se produce en zonas de economía media a baja, sino que se adentra en los barrios más pudientes del país. Que sirvan los siguientes ejemplos:

Calle Lagasca, en el barrio madrileño de Salamanca: la misma corta con Ortega y Gasset conocida como la «milla de oro» en Madrid. La calle tiene 144 números y 27 locales comerciales vacíos;

Calle Velázquez , en el barrio de Salamanca (clase económica alta a muy alta): los alquileres ya han bajado el 65% respecto a precios de pico

Madrid capital, en el que el 40% de los locales están vacios

Vizcaya, la provincia en la que, por habitante, menos se ha construido de España, se enfrenta al cierre sistemático de tiendas; esta dinámica se ha visto exacerbada en las últimas semanas con el cierre de varias tiendas de lujo, entre otras Loewe

Dos son los grandes gastos a los que se enfrentan los dueños de las tiendas: el pago de los sueldos de los trabajadores y el alquiler del local o bien su amortización en caso de su compra. En caso de que las ventas bajen, si uno de los elementos anteriores no se adapta a las posibilidades de pago del comerciante, puede hacer que tenga que cerrar su empresa.

La reforma de las leyes sobre despido han procurado una cierta flexibilidad a los empresarios; en el frente de los alquileres, los comerciantes se enfrentan a la obstinación de los propietarios de los locales. Estos últimos, al negarse a reconocer la situación de penuria por la que pasan los comerciantes, les abocan al cierre. La táctica de apretar demasiado a los arrendatarios de los locales hasta ahogarles, hace que los mismos tengan que declararse en quiebra, liquidar los bienes de la empresa, pagar las indemnizaciones y cerrar. El que el propietario del local no quiera adaptarse a la nueva realidad del mercado lleva a que el local se quede vacío, muchas veces durante varios años.

El propietario de un local que no baja el precio de alquiler, se tira piedras contra su propio tejado. No nos engañemos: esta recesión va para largo. La imposibilidad de endeudarnos más para financiar nuestro crecimiento quiere decir que el mismo solo tendrá lugar mediante aumentos de productividad. Estos últimos requieren un cambio del proceso productivo cuya puesta en marcha tarda varios años. Mientras que este tiene lugar, España permanecerá con tasas de desempleo altas y bajo consumo. Así mismo, la profundidad de la crisis conlleva a cambios en los hábitos de consumo que no se modifican una vez que el país se recupere al haberse convertido en costumbre y que permanecen a niveles muy deprimidos.

Con el fin de vender más, los comerciantes aprietan fuertemente a la baja los márgenes de venta. Mayores ventas a menores márgenes, sí que pueden llevar a unas ganancias que sean suficientes como para mantener el negocio con la estructura de costes existentes. Cuando, a pesar de bajarse márgenes, el nivel de ventas no se recupera, la consecuencia es que, de no adaptarse a la baja el resto de gastos, muchos negocios dejan de ser rentables. Con una rentabilidad mermada, el acicate para mantener un negocio en marcha disminuye, o lo que es lo mismo: aumenta el número de negocios que se ven abocados a cerrar al incurrir muchos de estos en pérdidas.

Ante esta situación, y desde el punto de vista puramente financiero, el propietario de un local que no rebaja el alquiler a su negocio, hace aumentar fuertemente las posibilidades de quedarse sin inquilino y sin renta. En un país que está expuesto a fortísimas tendencias deflacionarias, los rentistas propietarios de lonjas no pueden ser una excepción: si creen que lo son viven en Marte. Sólo la subsistencia del negocio que alquila su local es garantía del nivel de beneficios que tiene el propietario del local: de la misma forma que los trabajadores se están bajando los sueldos (y la que te rondaré morena) y el comerciante sus beneficios, el rentitas tiene que bajarse del burro y bajas la renta, no hay otra solución.

Muchas veces la falta de disponibilidad de los propietarios de bajar los precios de los alquileres, se deben a percepciones muy erróneas de la realidad. Así el «tengo que mantener el precio de alquiler al nivel actual porque el local lo vale», «que el comerciante se baje su beneficio», «si bajo el precio del alquiler, hago el ridículo» son totalmente ajenas a la realidad del comercio minorista de nuestro país en estos momentos y con el que tendrá que convivir durante varios años más.

El arrendador listo, ante la mínima duda sobre la viabilidad del negocio que alberga en su local, tiene que ser activo, acercarse al propietario del negocio y ofrecerle una rebaja del alquiler. De esta forma hará que el negocio pueda seguir en pie a la vez que se asegura cobrar un alquiler durante más tiempo. En España existen un sin fin de locales vacíos porque sus propietarios no quisieron rebajar sus expectativas.

De la misma suerte, el tendero que está pagando la misma renta que hace un año, algo está haciendo muy mal: si uno no exige rebajas de la renta, éstas no llegarán.

Mientras que el comerciante no haya cometido la imprudencia de conceder una garantía sobre sus bienes por las deudas de la empresa, lo único que tiene que hacer es liquidar la empresa, devolver las llaves al dueño de local y esperar a que vengan mejores tiempos.

Borja Mateo es experto inmobiliario y autor de los libros «La verdad sobre el mercado inmobiliario» y «Cómo sobrevivir al crack inmobiliario» (editorial Manuscritos) www.borjamateo.com