La «economía canalla» de Chipre del Norte
Policías chipriotas custodian la sede de la Unión Europea - AFP

La «economía canalla» de Chipre del Norte

Casinos y prostíbulos suponen una parte importante de la actividad financiera de este estado no reconocido

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Al norte de la llamada Línea Verde, la que divide la isla en sus mitades griega y turca, la República Turca del Norte de Chipre ya no es la tierra de miseria que describen las crónicas periodísticas de los años 80. La invasión turca de 1974, lanzada por el entonces primer ministro Bülent Ecevit para prevenir las matanzas de turcos a manos de ultraderechistas griegos, terminó convirtiéndose en permanente, pero la RTNC (proclamada en 1983) sigue sin ser reconocida por ningún estado aparte de Turquía. La economía mejora cada año, pero el aislamiento persiste.

Esta situación –que, por ejemplo, obliga a que los productos turcochipriotas sean exportados con etiqueta turca, o a que los códigos postal y telefónico sean los de una provincia de Turquía- se ha traducido también en un agujero legal que ha permitido el florecimiento de una industria de los casinos y la prostitución.

“El sector de los casinos aporta a la república unos 600 millones de dólares anuales”, asegura Ayhan Sariçiçek, coordinador de la Unión de Gerentes de Casinos Turcochipriotas, lo que supondría en torno a un sexto del Producto Interior Bruto de la RTNC. “Hay veinticinco casinos en el Chipre turco. Cada año, estos casinos mantienen entre 55 y 60 torneos, que tienen un gran impacto en nuestra economía. Turistas de sitios como Canadá o China vienen a la RTNC para estos torneos”, afirma.

El sector, dice, emplea a unas cinco mil personas, y el gobierno de la República recibe anualmente unos 2.000 dólares por mesa de juego en concepto de impuestos, y 200 dólares por máquina tragaperras. No obstante, semejante volumen económico ha atraído desde un primer momento la actividad de las mafias, que utilizan estos locales y otros negocios como plataformas para el blanqueo de dinero, según varias organizaciones internacionales anticrimen.

En 2010, el enviado especial de ABC inquirió sobre esta cuestión al entonces presidente saliente, Mehmet Ali Talat, quien se mostró visiblemente molesto por la pregunta. “En el caso del norte de Chipre, eso es una exageración. Esas actividades no se dan aquí, y si las hay, no son efectivas, porque no estamos en el sistema financiero mundial. Estamos aislados y permanentemente monitorizados”, declaró Talat. “Con la ayuda de organizaciones de prevención de lavado de dinero hemos hecho algunos ajustes, como por ejemplo la Ley de Casinos. Ahora mismo, estas actividades de blanqueo de dinero han sido reducidas al mínimo”, aseguró.

Más peliaguda resulta la cuestión de la prostitución. Esta misma semana el ministro de salud turcochipriota, Ertugrul Hasipoglu, respondió con una ‘anécdota’ a aquellos que le piden que cierre los clubs nocturnos, que, según la legislación de la RTNC, pueden contratar a meretrices.

“Había un miembro de la oposición que en cada sesión parlamentaria nos instaba a cerrar las ‘fábricas’ [una forma eufemística de denominar los prostíbulos]. Entonces se convirtió en ministro, así que fui y le pregunté: “¿Has cerrado las fábricas?”. Y me respondió: “¿Cómo voy a cerrarlas? Hay cuarenta mil soldados y cuarenta mil estudiantes aquí. ¿Quieres que me maten?”. Así que no os molestéis”, dijo Hasipoglu.

Sus comentarios provocaron las protestas de un total de 19 asociaciones feministas y de derechos humanos, que solicitan su dimisión. Algunos estudiantes han declarado, jocosamente, que “este ministro que asume que somos clientes regulares no conoce los precios de los clubs nocturnos”, según cuenta el diario “Hürriyet Daily News”.

Un total de 39 clubs operan en la RTNC, que en estos momentos emplean a 364 “trabajadoras”. “Vienen de Moldavia, de Rusia, de países del este de Europa. Hay muchos grupos de la sociedad civil, tanto aquí como grecochipriotas, que aseguran que es una forma disimulada de tráfico humano”, dice a ABC Hasan Kahvecioglu, locutor de radio y activista por la reunificación. “Las chicas vienen de forma legal, a trabajar, pero aquí la policía requisa sus pasaportes a su llegada, con lo que están indefensas”, comenta.

“En 2009, nuestro parlamento aprobó una ley que impuso cierto control sobre los casinos, y las cosas mejoraron un poco”, asegura Kahvecioglu, quien añade: “La reunificación ayudaría, porque las leyes de la Unión Europea son un poco mejores que las nuestras”.