Inditex, la empresa que puso de moda a España
La planificación logística, que permite la rápida rotación de los modelos, una de las claves del éxito de Inditex - arteixo lombrana
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Inditex, la empresa que puso de moda a España

Amancio Ortega levantó un gigante textil con tesón y un modelo empresarial impecable

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El éxito de Amancio Ortega es el paradigma de esas fortunas silenciosas que se amasan y se cuecen al fuego lento de la constancia y el trabajo duro, ajenas al estrépito mediático y a los deslumbrantes fuegos artificiales de los flashes. El triunfo inapelable de una persona corriente con un talento extraordinario para observar, aprender y aplicar en sus negocios la tela exótica del sentido común, revestida con esa proverbial intuición que solo se perfecciona en la escuela de la vida, no en las de negocios, por mucho que el modelo Inditex sea ahora objeto de análisis y estudios académicos.

Desde la perseverancia casi ensimismada, el mismo hombre que con 13 años dejó la escuela para trabajar como vendedor de una tienda de camisas en La Coruña ha conseguido levantar un gigante textil en el que no se vislumbran techos. No se pone el sol en el imperio Inditex. Hoy es difícil encontrar una ciudad en el mundo occidental donde no haya una tienda de Zara, de Massimo Dutti, Pull & Bear o Bershka, entre otras de las muchas marcas que tiene la multinacional gallega. Un embajador ubicuo para la «marca España».

Desde que Ortega abriera en 1975 la primera tienda de Zara en La Coruña, el empresario siempre ha sido capaz de ir un paso por delante de la competencia aplicando una premisa en apariencia sencilla, pero de eficacia demoledora: ofrecer prendas de ropa de rabiosa moda, de la que se pueden ver en los escaparates más lujosos de Tokio, Londres o Nueva York, a un precio asequible. Es lo que se conoce en la jerga especializada como «cheap-chic». Pero no se trata de meras copias, sino de tendencias. De hecho, en Arteixo, la localidad cercana a La Coruña donde está el cuartel general de la empresa, hay «cazadores de tendencias» que viajan constantemente por todo el mundo para detectar la novedad justo cuando aún está rompiendo el cascarón.

La rutina es la ruina. Las tiendas de Inditex renuevan casi todas sus prendas cada dos semanas. Elobjetivo es que los clientes entren una y otra vez en sus tiendas y que siempre se encuentren con cosas nuevas. La localización de los establecimientos, normalmente en el centro de las ciudades y en edificios históricos o emblemáticos, ha ayudado también sobremanera al prestigio de esta multinacional textil, ya que así comparte acera con las empresas dedicadas a los productos de lujo.

Impacto universal

El modelo es único, pero su impacto es universal. La multinacional gallega está presente en 86 países, en los que tiene 6.009 tiendas. Más de 120.000 personas trabajan ya para Inditex en todo el mundo. Una expansión que ha permitido a la firma capear el temporal de la crisis que ha azotado al Viejo Continente. España ya sólo representa el 21% del total de su facturación en todo el mundo.

En materia de fabricación, la mayoría de las prendas aún se diseñan y fabrican en nuestro país, aunque su crecimiento ha obligado a recurrir a proveedores extranjeros, que han tenido que firmar una serie de compromisos en materia social y medioambiental para controlar los procesos de producción. El próximo reto del imperio Inditex parece internet. La plataforma de venta por la red ya abarca 23 mercados después de que el año pasado desembarcara en China.

Suma y sigue. Hoy referentes sociales de primer orden como la princesa Letizia o la duquesa Catalina de Cambridge se visten con la ropa de Zara y todos los focos de los que siempre huyó apuntan a Amancio Ortega, el tercer hombre más rico del mundo según Forbes. Pero él sigue tejiendo en silencio, incluso después de que en octubre de 2011, en un ejemplo de transición tranquila, nombrara presidente ejecutivo del grupo a su mano derecha, Pablo Isla.

El tiempo y el éxito no han cambiado a Amancio Ortega. Sigue siendo hombre de obras y no de palabras. De hechos, y no de actos sociales. Un espíritu que ha transmitido a los trabajadores de la empresa, a los que no les gusta hablar de lo que hacen bien sino de los retos que tienen entre manos. Observar, escuchar y aprender. En definitiva, no dar puntada sin hilo.