Europa tiembla otra vez con Italia
El líder del centro izquierda, Pier Luigi Bersani - reuters

Europa tiembla otra vez con Italia

El escenario político podría dejar al país sin un gobierno durante meses cruciales para la evolución de la economía europea

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«No hay manera de eludir el hecho de que los periódicos están llenos de noticias sobre este país, pero puesto que están en el periodo de formación de gobierno, no habrá mucho que decir. En todo caso, desde el mismo día de las elecciones ya se ha empezado a hablar de ausencia de gobierno, lo que es muy prematuro, y si no mire el ejemplo de Bélgica. Por ahora, lo que sucede en Italia está dentro de lo que es un proceso normal», según reconoce un alto funcionario de la UE.

No le parece tan normal al ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schaeuble, para quien está claro que «existe un riesgo de contagio para toda Europa porque la infección desencadenada por la inestabilidad puede extenderse a toda la eurozona». Los comentarios negativos de la clase política alemana han causado incluso problemas diplomáticos en la visita a Munich del presidente de la República Italiana, Giorgio Napolitano, que anuló esta semana pasada la entrevista con el líder socialdemócrata Peer Steinbrueck después de que este dijese que «las elecciones las han ganado dos payasos, Grillo y Berlusconi».

Desde Bruselas, sin embargo, esperan poder alejar el síndrome de una gigantesca Grecia mientras existan posibilidades de que se forme un gobierno en un plazo razonable. El diagnóstico estructural del Eurogrupo es que la situación está lejos de la que llevó a Atenas a la espantosa espiral del rescate. Según Eurostat, Italia ha cerrado el presupuesto de 2012 con un 2,1% de déficit, claramente por debajo de los requisitos del pacto de estabilidad (aunque sus propios datos lo elevan al 3%) y la Comisión prevé que mantendrá esta situación en 2013, por lo que no son necesarios grandes recortes. Ha tenido un crecimiento negativo del 1% pero se prevé un 0,8% positivo este año, teniendo en cuenta que su balance por cuenta corriente es ligeramente favorable (0,6%) a pesar de que el desempleo sigue creciendo y del 11,6% de paro registrado el año pasado, pasará al 12% este año, sin señales de que vaya a reducirse.

El análisis del alto responsable del Eurogrupo va en esta dirección: «los problemas de Italia son de competitividad no de déficit. Y esos problemas vienen de la falta de reformas profundas. Durante muchos años se ha retrasado la renovación en el sector de las pensiones o en la seguridad social para no perder algunos votos, pero eso no es suficiente cuando el resto de los mercados están evolucionando y las empresas no han tenido capital disponible para innovar». De ahí que la competitividad que ha ganado la industria transalpina y que refleja la balanza exterior se haya hecho a base de reducir el empleo.

Sin embargo, la inquietud que prevalece no se debe a la situación económica, sino a la complejidad del panorama político que ha surgido de las elecciones legislativas y que podría dejar al país sin gobierno durante meses cruciales para la evolución de la economía europea. España está haciendo esfuerzos titánicos para desmarcarse, pero no está claro que Francia pueda decir lo mismo sobre el control de su déficit público, lo que puede que no sirva para calmar a los inversores. No se trata tanto de que la sociedad italiana y sus empresarios no estén acostumbrados a seguir trabajando al margen de las discusiones de sus dirigentes políticos, que en eso los italianos tienen sobrada experiencia, sino que ahora si los mercados no piensan igual y empiezan a desconfiar, no sería tan sencillo frenar la especulación.

Aunque el comisario Olli Rehn, sostiene que Italia «está claramente en el camino del equilibrio presupuestario», uno de sus más cercanos colaboradores reconocía en privado la preocupación que plantea en Bruselas la combinación de inestabilidad económica y de incertidumbre política. «La cuestión más inquietante sobre Italia es que si no hay gobierno, el BCE no podría intervenir ni en el caso de que los mercados de deuda se desbocasen, puesto que esa intervención está fuertemente condicionada a ciertas acciones que deben ser pactadas con el gobierno. Y si en Italia no hay gobierno, o hay un gobierno que se niega a aceptar las medidas, es imposible que el BCE pueda comprar deuda en el mercado secundario».

La deuda italiana ronda los dos billones de euros y representa ya el 120% del PIB, rozando el límite de la sostenibilidad. Comparado con el 77,4% al que ha llegado la española, el endeudamiento de Italia puede considerarse como un factor muy peligroso sin el paracaídas del Banco Central Europeo, a pesar de que está en gran parte en manos de inversores italianos.

El aviso ha sido confirmado por el presidente del BCE. «Nosotros intervendríamos exclusivamente en una situación en la que hay garantías formales de disciplina y equilibrio presupuestario. La intervención está condicionada a un programa de fuerte ajuste económico», explicó Draghi el miércoles. «El BCE no está para salvar gobiernos ni bancos, por eso el programa de ajuste es una precondición absoluta».

La visión euroescéptica de los británicos combina todos los males, de la que sin embargo esperan que pueda surgir un cambio positivo. Para Hamish McRae de «The Independent», la crisis italiana puede hacer que la UE se replantee la política de austeridad. «Aunque creo que es posible que Italia no pueda pagar sus deudas, puede que los italianos le hayan dado a la zona euro un giro en la buena dirección. Han probado la austeridad y ahora van a apretar el gatillo de los incentivos financieros. Creo que poniendo el acento en la austeridad sin reforma y haciéndolo sin mandato democrático, Italia ha probado su particular camino hacia la destrucción. Lo que venga debe ser algo diferente, porque las políticas impuestas a los miembros más débiles de la eurozona han alcanzado los límites de lo políticamente posible».