El coste de la no Europa para Cameron
El primer ministro británico, David Cameron, en un momento de su intervención en el Foro de Davos - reuters

El coste de la no Europa para Cameron

Las empresas británicas advierten sobre el impacto de la promesa de un referéndum, pero cierran filas en torno al Mercado Único

borja bergareche
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El primer ministro británico, David Cameron tuvo que hacer encaje de bolillos con la toma de posesión de Barack Obama y las celebraciones franco-alemanas del 50 aniversario del Tratado del Elíseo para lanzar el martes su esperado discurso sobre Europa, pronunciado finalmente en una lúgubre sala de Bloomberg en el corazón de la City. En cuanto terminó el que iba a ser su «discurso de Amsterdam», el líder conservador embarcó rápidamente hacia la siguiente escala para la élite global: el foro suizo de Davos. Allí, la vocación inequívoca expresada por el político conservador de ofrecer a los británicos, si resulta reelegido en 2015, la posibilidad de abandonar la Unión Europea en una hipotética consulta en 2017 ha protagonizado los debates. ¿Y qué opinan de esto los empresarios británicos?, se preguntaban muchos asistentes.

El discurso fue recibido con críticas directas por algunas de las habituales voces pro-europeas entre las grandes empresas y el sector financiero británico, dos colectivos tradicionalmente garantes de la permanencia en la Unión. «La incertidumbre causada por un referéndum de dentro/fuera con una fecha concreta para finalizar las negociaciones podría ser enormemente lesivo para la economía británica si las empresas extranjeras posponen o desvían sus inversiones», advertía Roland Rudd, presidente de Business for New Europe, el «lobby» empresarial pro-UE por excelencia. Desde la corporación que gobierna con amplia autonomía el distrito financiero londinense, la City, su «número dos», Mark Boleat, se refería también a la idea de «incertidumbre sobre las relaciones con Europa» porque amenaza, en su opinión, «con hacer al Reino Unido menos atractivo como centro internacional para numerosas industrias, no solo la de los servicios financieros, al enturbiar el entorno económico y dificultar la toma de decisiones sobre inversiones al largo plazo».

Graves consecuencias

En efecto, la UE es desde 1999 el principal socio del Reino Unido en términos de Inversión Extranjera Directa (IED). La UE fue el principal destino de la IED británica, con un flujo de casi 15.000 millones de euros a finales de 2010, y la principal fuente de IED hacia el Reino Unido con 37.000 millones, según los datos facilitados por la Comisión Europea. No es de extrañar, por ello, que varios miembros de la CBI –la gran patronal industrial británica- y los directivos de grandes multinacionales como Honda, Ford o Easy Jet hayan advertido sobre las graves consecuencias que tendría para el Reino Unido la no pertenencia al Mercado Único comunitario. «Pondremos la alfombra roja a las empresas que quieran abandonar Gran Bretaña», decía el martes, con ironía, el ministro francés de Exteriores, Laurent Fabius.

Pero no conviene caer en la típica complacencia continental hacia lo que se percibe como un nuevo berrinche euroescéptico. La primera parte del mensaje de Cameron, en la que exigía reformas en la Unión para dotarla de mayor competitividad y flexibilidad, reducir la burocracia e incrementar el papel de los parlamentos nacionales, ha sido recibida con aplausos entre la práctica totalidad del tejido económico británico. Como advertía Cameron, muy certeramente, «el descontento con la UE está en máximos históricos». Así, según la primera encuesta publicada tras el discurso, el 40% de los británicos votaría por abandonar la Unión frente a un 37% que optaría por quedarse (53-47 si se extrapola el voto del 23% de indecisos, según «The Times»). Entre las empresas británicas, este hartazgo con una Europa que perciben como burocrática y poco eficiente pesa más, de hecho, que la incertidumbre abierta por la posibilidad de un referéndum. Y el discurso de Cameron ha sacudido el discurso empresarial hacia Europa, que ya no puede darse como “pro-europeo” sin más matices.

Al día siguiente de la intervención del líder «tory», 48 empresarios, financieros y emprendedores británicos firmaron una carta al director en «The Times» en la que defienden los planes de Cameron como «buenos para las empresas y buenos para el empleo en Gran Bretaña». «Necesitamos una nueva relación con la UE (...), este es el momento para presionar por una EU más flexible y competitiva», dicen. Según un sondeo publicado este mes por las Cámaras de Comercio Británicas, que agrupan a 104.000 empresas con cinco millones de empleados, el 47% de los 1.800 miembros que respondieron quieren negociar «una relación menos intensa» pero dentro de la UE. El 26% prefiere mantener el status quo, y solo el 12% apoya la salida. «Las empresas británicas son pragmáticas, y quieren ambas cosas, renegociar la relación y reforzar el Mercado Único», explica John Longworth, director general de las 54 Cámaras de Comercio. En Davos, la «jet» empresarial estudia, de hecho, sustituir voces como las de Roland Rudd, demasiado cercano al laborismo, o la City por otros portavoces del «Sí» a Europa más compatibles con este clima de hartazgo.

Unos 3,5 millones de empleos británicos tienen relación con la UE

Según datos del ministerio de Industria británico, unos 3,5 millones de empleos guardan relación directa o indirecta con los intercambios comerciales con la UE, que fue el destino del 47% de las exportaciones de bienes y servicios británicos en 2011 –el 57% en el caso de las mercancías-. El actual titular del departamento, el liberal Vince Cable, cifraba en mayo el beneficio de la pertenencia a Europa en unos 4.000 euros anuales para cada hogar británico. Los datos muestran sin lugar a dudas que Europa es el espacio económico natural para Gran Bretaña. Según las estadísticas oficiales, en 2011 correspondieron a Europa el 53% de las transacciones de crédito y el 59% de las transacciones de débito en la balanza de pagos del Reino Unido (el 85% de esta cifra corresponde a la UE). El continente americano representaría el 25% de las operaciones de cuenta corriente y Asia un 16%.

¿Por qué tanta irritación con Europa, entonces? El propio gobierno británico cifra entre 35.000 y 105.000 millones los beneficios anuales que la economía de las Islas obtiene del Mercado Único. Teniendo en cuenta que la contribución neta británica a las arcas de la UE fue de 8.500 millones el año pasado, «los beneficios del mercado único son entre 5 y 15 veces superiores a la contribución neta del Reino Unido -según los años-», defienden desde la Comisión Europea. Si Gran Bretaña saliera de la UE para formar parte, como Noruega, de la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA), sus mercancías serían un 8,7% más caras, según un estudio oficial de 2005 sobre el coste de la no Europa. El órdago de Cameron, lanzado con fuertes motivaciones electorales, le obliga ahora a hacer un contorsionismo político que algunos ven como imposible para satisfacer a quienes están hartos con Bruselas sin poner en riesgo las ventajas del Mercado Único.