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«Canadá no es como España; no puedes irte a trabajar a la aventura»

Día 12/12/2012 - 09.10h
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Analizamos el país tras el anuncio del Gobierno canadiense de abrir las puertas a partir de enero a 3.000 trabajadores extranjeros cualificados como electricistas o soldadores

Canadá anunció el pasado lunes que a partir del próximo mes de enero abrirá las puertas a 3.000 trabajadores extranjeros cualificados como electricistas o soldadores. Con una noticia así, hemos querido analizar en profundidad cómo es este país y, en concreto, algunas de sus diez provincias tales como Alberta, que necesitará en los próximos años 115.000 trabajadores para la construcción.

Con una Monarquía Constitucional como sistema político y el federalismo como forma de Gobierno, Canadá es el segundo país más grande del mundo, cuenta con una extensión de 9.976.000 km2, y un total de diez provincias en las que viven 34.629,00 millones de personas, según datos de 2011 aportados por la Embajada de España en Canadá.

«Cuando vayamos a viajar a territorio canadiense hay que tener en cuenta que en él nos vamos a encontrar con dos realidades muy diferentes. De un lado está Québec, francófona, y donde se da un estilo de vida mucho más parecido al europeo, allí es donde se quedan la mayor parte de los latinos. Del otro está el resto del país, mayoritariamente de habla inglesa -aunque también existen importantes núcleos francófonos en Ontario, por ejemplo- y Nuevo Brunswick, la única que es oficialmente bilingüe», explica a ABC.es Rubén Marcos del Blanco, recién llegado del país y autor del blog «Voyainternet.com».

Además, tal y como nos explica Rubén, antes de ir a Canadá hay que tener presentes una serie de factores: «Nos tenemos que desprender de una serie de ideas: no es como en España, allí las distancias son enormes, estamos hablando casi más de un continente que de un país. También hay que ser muy cuidadoso a la hora de planificar nuestro viaje allí, y yo no recomendaría, en el caso de querer labrarnos un futuro profesional en este país, lanzarnos sin más a la aventura. Si ese es nuestro objetivo, si no tenemos nada cerrado, optaría por Europa. Tampoco iría sin un seguro médico, si te pasa algo allí y no tienes cobertura médica, te puedes hipotecar de por vida».

La importancia del permiso de trabajo

Por otro lado, si bien como turistas podemos permanecer en el país hasta seis meses teniendo nuestro pasaporte actualizado, con nuestro billete de ida y vuelta, y con «fondos suficientes para nuestra estancia», tal y como explican desde la Embajada española, lo que resulta de vital importancia de cara a trabajar en Canadá es conseguir un visado de trabajo.

«Es un país en el que se respeta mucho la legalidad, no es que sea imposible encontrar un trabajo sin el permiso pero sí es verdad que es complicadísimo. Incluso he conocido casos de gente que ha sido deportada en el mismo aeropuerto», explica Rubén.

En cuanto a la experiencia de trabajar allí, este español recién llegado de Canadá también nos aporta una serie de recomendaciones: «Empezar de cero es complicado en lo que al trabajo cualificado se refiere. Puedes tener un currículum muy bueno que allí no va a contar casi nada porque lo que buscan es experiencia laboral canadiense. Por eso me parece esencial salir de España con una oferta ya hecha».

Por otro lado, estamos ante un país cuya tasa de paro está en el 7,3% (según los últimos datos de 2012) y en el que el día a día resulta caro: «Solo el vuelo de ida y vuelta te cuesta ya unos 600 euros, en el mejor de los casos. En el caso que vayamos allí sin nada fijo, nos podemos llegar a gastar en un mes unos 1.000 euros solo en alojamiento y comida», añade Rubén.

La población canadiense

Las costumbres también son, obviamente, distintas. En Alberta -una región petrolera en la que reside aproximadamente el 10,5% de la población canadiense - es donde más demanda de trabajo hay en la actualidad aunque hay que saber a qué tipo de oferta nos enfrentamos: «Hay gente que trabaja en campos de petróleo unos 4-5 meses y ganan sueldos elevados pero claro, están completamente aislados durante ese tiempo y a unas temperaturas muy bajas. Por otro lado, en el caso de la construcción, hay que tener en cuenta que no es como en España, en Canadá se construye mucho con madera por lo que he conocido a muchas personas que me explicaron cómo han tenido que aprender a construir de otra manera, tuvieron que adaptarse a la construcción local», nos explica Rubén.

Con todo, más allá de las diferencias climáticas - con temperaturas que oscilan en primavera entre los 1 y 18 grados, según la provincia, en verano entre 18 y 30, en otoño entre 12 y 18, y en invierno entre 0 y -32 - no es un país que haga sentir extraño. Según datos de 2005, el 35% de la población es de origen británico, el 15% francés, el 13% irlandés, el 10% alemán, el 3,6% ucraniano, 2% hispano, 4% indígena, el 10% asiático y el 19,4% de otros orígenes.

«Es un país en el que la elevadísima tasa de inmigración hace que te sientas muy bien, no como alguien del todo ajeno. Existe la leyenda de que más del 50% de la población de Toronto no han nacido en Canadá. Es una prueba de que sentirte un extraño allí es muy difícil, hay comunidades por todas partes», concluye Rubén.

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