LIGA BBVA — Jornada nueve

Xavi regresa ante el Sevilla al rescate de Villa, un mes sin marcar

Xavi e Iniesta son favoritos a llevarse el título al mejor jugador del año, lo que supone el triunfo de los antidivos

BARCELONA Actualizado:

España va de fiesta en fiesta desde que es la reina del mundo y recibe palmaditas por donde pisa, fiel reflejo de lo que tiene que ser un equipo de fútbol que cimentó Luis Aragonés y le dio impulso Vicente del Bosque. Irremediable la vorágine de homenajes, con fotos aquí y al día siguiente allá, concluye el curso 2010 y tocan los premios individuales, tan prestigiosos para unos como cuestionables para otros. ¿Quién es el mejor futbolista del mundo durante este año?, se pregunta el personal, que aguarda a la espera de la entrega del prestigioso Balón de Oro. Entre los aspirantes, pendiente la primera lista de una criba relativamente previsible, hay dos españoles de andar por casa que se han ganado la admiración popular independientemente del acento o la camiseta de su club, casualmente compartida en este caso. Xavi Hernández y Andrés Iniesta combinan tan bien en el Barcelona como en la selección española y están en todas las apuestas para llevarse a sus vitrinas el galardón.

Se cuela el holandés Sneijder en lo que se presupone como la elección final del antidivo, pues este curso el Balón de Oro recaerá, salvo sorpresa mayúscula, en gente corriente que no se rodea de focos ni de presentaciones nocturnas adornadas con kilos de glamour. Y apunta a los españoles, conquistadores el 11 de julio del cielo de Johannesburgo, encargados de enterrar una herencia histórica. Son jugadores de oro sin brillantes, reñidos con las estrafalarias tendencias de los futbolistas de su época, consecuentes con unos valores explotados al máximo. Pep Guardiola, afortunado entrenador, los disfruta cada día en el Barcelona y nunca una afirmación suya tuvo tanta aceptación como cuando definió a Iniesta, el niño de sus ojos, pero vale también la descripción para Xavi: «Andrés come aparte. No lleva pendientes, no se pinta el pelo, juega 20 minutos y no se queja... Es el ejemplo». Palabra de Guardiola.

Móvil prehistórico de Xavi

El vestuario del Barcelona es lo más parecido a una tienda de alta tecnología, repletas las taquillas de teléfonos de última generación, aparatos llegados de Marte y un móvil del año tres. Es el de Xavi, que sigue con su teléfono de siempre, el de toda la vida, contento al ver que el verde sirve para contestar y el rojo para colgar. Así de sencillo, como su juego cuando salta al césped. Sin complicaciones. No necesita más para ser feliz y lo realza su padre, que en declaraciones a ABC admite lo orgullosos que están en casa al verle entre los elegidos para recibir el premio. «De lo que más orgulloso estoy de mi hijo es que, cuando viajo con el equipo o con la selección española, me dicen lo buena persona que es Xavi, un futbolista normal que nunca tiene un “no” para nadie», relata Joaquín Hernández. Teléfono barroco, sí, pero se dio un capricho en su día al comprarse un barco —«Pelopina»— ya que es un gran amante del mar.

Xavi nació en Tarrasa (25 de enero de 1980) y creció protegido por su abuela, con quien compartía secretos en la misma habitación. «Siempre me dice: “¡Qué felices serían los abuelos si vieran hasta donde he llegado!”, cuenta emocionado el padre del protagonista, que también fue futbolista y el culpable de que su hijo sea un «enfermo del fútbol». Heredero natural de la posición de Guardiola en el campo, admite su entorno que ha crecido a base de palos —«si no llega a ser por su madurez, no se podría soportar», cuenta Joaquín— y que mantiene la misma agenda que hace trece años, justo lo que lleva en el primer equipo del Barcelona.

Mismos amigos, misma gente, mismas tradiciones, mismas costumbres. Idénticos hábitos. «Se habla mucho del Barça de la cantera y su fútbol, pero es un ejemplo la actitud de estos chicos, todos son buenas personas. No montan escándalos, no se meten en líos...», razona con orgullo manifiesto su progenitor.

Lo dice también pensando en Andrés Iniesta, que ya está para siempre entre los elegidos por su gol celestial ante Holanda en la final de Sudáfrica. Manchego de pro adoptado por Cataluña, espera su próxima paternidad —Anna, su pareja, está embarazada de pocas semanas— enfrascado en su nuevo negocio de vinos. Le queda aún mucho por aprender, pero empeño no le falta. No se le ve en las fiestas y dicen que guarda prácticamente todo lo que se dice de él, un guiño al pasado tan duro que tuvo que afrontar cuando apenas levantaba medio metro del suelo y tuvo que dejar a su familia atrás para convertirse en una estrella del balón. Atrás quedaba Albacete.

Su pueblo, su refugio

Colocó a Fuentealbilla en el mapa y se escapa siempre que puede al pueblo, unidísimo a sus padres y a su hermana, que es precisamente quien le corta el pelo. Con ella disfruta de la música de Estopa —los hermanos Muñoz son amigos íntimos del centrocampista— y comparte la afición por la tecnología. Iniesta colecciona películas y series, y se ha aficionado a la fotografía recientemente. Soporta con naturalidad la fama que le rodea allá por donde pisa y no se priva si le apetece salir al cine, a un restaurante tradicional —prefiere lo clásico a la cocina más elaborada— o de compras.

«La ropa que compro es muy normal. Tipo Zara o este estilo», confiesa. La frase define al personaje. Todo un candidato a ser proclamado mejor jugador del año.