Alex Pella

«Solo haré la Vendée si hay un patrocinador que crea en el proyecto»

«Lo ideal sería un proyecto español de equipo, construcción, patrocinador y diseño, pero que no sea una subvención»

MadridActualizado:

Alex Pella lo ha conseguido y se ha convertido en el segundo español que consigue el Trofeo Julio Verne. Hasta ahora solo Juan Vila tenía ese honor, cuando lo conquistó en 2012 con el trimarán «Banque Populaire».

—Reto conseguido ¿ A partir de ahora tenemos un nuevo Alex Pella?

—Creo que soy la misma persona de siempre y si no lo soy, mi mujer y mis amigos se encargarán de hacerme ver que lo soy. He crecido mucho personalmente porque este reto ha sido muy importante y toda esa experiencia la he ido acumulando. Está claro que he aprendido muchas cosas y en ese sentido, sí soy otra persona.

—Ahora que han pasado unos días, ¿es usted consciente de la gesta que ha realizado?

—Poco a poco lo voy digiriendo. No paro de pensar en lo que hizo el «Banque Populaire», lo que hemos hecho nosotros y cuando enganchamos la borrasca de Argentina y los flashes de cuando estábamos por el sur apretando. Poco a poco voy aterrizando y me voy dando cuenta de todo.

—¿En España hemos asimilado lo que ha hecho?

—Creo que las personas que saben de esto, sí, que al final es lo que cuenta. Estamos en el momento dulce de los medios y esto tiene su intríngulis porque que haya medios importantes que me pregunten por las ballenas y los albatros, pues como que no cuadra. Las ballenas son fantásticas, pero lo que nosotros hacemos no tiene nada que ver con Jacques Cousteau. Evidentemente estamos en un país donde hay una falta de conocimiento y de cultura náutica muy grande, pero la gente que sigue este tipo de regatas sí que se da cuenta de lo que hemos hecho. La gente que lo ha seguido, lo ha hecho con muchísima pasión y eso es lo que cuenta

—Primero la Ruta del Ron y ahora esto, ¿estamos asistiendo al nacimiento de un mito?

—Pues no lo sé. No me lo acabo de creer. Llevo unos años muy buenos sacando, además, resultados muy relevantes. Si nos ponemos a pensar quiénes han ganado una Ruta del Ron y un Julio Verne de seguido, te salen muy pocos: Loyc Peyron, Franck Cammas... tres o cuatro nombres ligados a la vela oceánica desde hace mucho tiempo. Encima yo no soy bretón y eso suma muchos puntos a mi favor. Lo que sí sé es que me lo estoy currando mucho con la suerte de poder navegar con una gente increíble y que tengo la fortuna de que me llaman para proyectos así y puedo escoger. De momento voy donde más a gusto estoy y más libertad tengo. Ahora mismo me está llamando mucha gente para navegar y voy a seguir en esta línea.

—¿Cómo se organizan seis personas en un barco de estas características?

—La habitabilidad está en el casco central, que es como un apartamento de 20 metros cuadrados. Francis, que era el patrón estaba fuera de guardias y nosotros hacíamos una rueda de guardias, con tres horas de litera en las que nadie podía despertarte a no ser que fuera por una avería grande. Luego estás una hora más en una situación de espera vestido y listo para salir fuera y luego tres horas de navegación con una hora y media a la caña y otra hora y media de reglajes. Esto te va cansando mucho porque aunque estés tres horas en la litera, no llegas a dormir porque el barco va tan rápido que no te deja.

—¿Qué importancia tiene el «routier»?

—Es muy, muy importante. Es un trabajo que no sé cuantificarlo en porcentaje, pero es la persona que te da la visión de lo que te va a llegar por delante y las trayectorias que debes hacer. Para batir este récord se necesita un barco rápido, una tripulación que acepte un reto tan peligroso y que sea consciente de que se bajará muy al sur donde están los temibles hielos, un patrón con carácter y decisión como Francis, aunque no pega gritos y es muy tranquilo y, en tierra una persona que haga de «routier», que es el que te va marcando el camino. Marcel es un genio de esto, que nos iba indicando el camino desde Palma. Con un solo malentendido entre él y el patrón, la navegación puede irse al traste. Vamos conectados con él durante las 24 horas mediante mensajes escritos con una especie de «wassap» en el que se pueden mandar fotos y toda clase de archivos. Ese análisis lo hacían Francis y él, pero los demás también podíamos interpretarlo y dar nuestra opinión. En el barco manda uno y decide uno. Marcel ha estado brillante porque estaba muy motivado, porque este barco es pequeño y no teníamos muchos medios y él está acostumbrado a trabajar con muchos medios. Él quería tener 100 fotos de satélite y solo tuvo una.

—¿Cómo es la navegación nocturna por el sur?

—Lo hemos hecho entre el 52 y el 60, que es muy al sur. Hicimos un tramo fantástico de una línea recta de casi tres cuartos de planeta y eso fue porque conseguimos colocarnos delante de la borrasca con viento de noroeste, que te da un rumbo muy bueno para correr y como vas delante de la borrasca el mar está plano y como es un viento que viene del calor es estable. no haces muchos cambios de velas. Hemos tenido condiciones ideales para correr y encima esa borrasca se desplazó desde el centro del Atlántico hasta pasado Nueva Zelanda por lo que navegamos tres cuartos de planeta con un mismo sistema y de un solo bordo (babor). Era una línea recta que parecía tirada con un láser. Por la noche sin luces y sin referencias porque estaba nublado no tienes sensaciones ni de escora del barco ni de distancia. Es como si estuvieses flotando en el espacio. Esto y los pocos datos de hielo que teníamos nos producía mucho estrés porque igual tienes un «pedrolo» de hielo a 100 metros con el barco lanzado a 40 nudos y no lo sabes. Vimos hielos gracias al radar y uno de ellos coincidió que iba yo a la caña, tuve que arribar y pasarlo por barlovento.

—¿Cuando se llega a Hornos, vuelves a ver otra vez la vida cotidiana?

—Si, la verdad es que sí porque Hornos es un poco la puerta de salida del gran sur. Ya se acaba toda la ola, el estrés, vas hacia temperaturas mucho más agradables y ya vas viendo piedras, algún pájaro, alguna foca y parece que estés en la civilización. En Hornos nos dimos cuenta del tiempazo que íbamos haciendo porque le sacábamos más de 4 días al «Banque Populaire» y vimos que haciendo el peor recorrido desde Hornos a la llegada batíamos el récord. Solo nos quedaba navegar limpio y evitar los «tropezones» con algún OFNI.

—¿No es una bestialidad dar la vuelta al mundo en 40 días?

—El tiempo es un tiempazo e impresiona mucho cuando lo ves escrito. Todo el sistema meteorológico que enganchamos nos catapultó a esta bestialidad. Preparamos el barco para recibir mucho viento y hemos tenido mucho viento, por lo que el acierto ha sido total. El promedio de viento fue de 30 nudos, que es una burrada. De Bruno Peyron, que lo hizo casi en 80 días a nosotros van 40, pero también hay que tener en cuenta que por medio hay 20 años de vela oceánica, que los barcos y los materiales han evolucionado muchísimo y, lo más importante, la información de datos que ahora tenemos en cuanto a viento, corrientes, olas, hielo... Es una salvajada, pero los récords son para batirlos. A partir de ahora, con barcos como este, va a ser muy difícil bajar de los 40 días porque se tendrían que dar mejores condiciones que las que tuvimos nosotros. Solo plantearte batir este récord representa unos costes económicos impresionantes y con todo y con eso, muy pocas posibilidades de batirlo. Se puede hacer más rápida la bajada y la subida del Atlántico con barcos que puedan volar con foils, pero tienen que ser a la vez muy rápidos por el sur.

—¿Usted ve los «foils» en estos barcos?

—Sí y de hecho ya están saliendo a navegar. El «Macif» es un barco que está pensado para volar porque además tiene todo en «T», hasta los timones. De momento estas tecnologías valen para cuando el mar tiene unas condiciones especiales, con olas grandes, esta tecnología no aguanta. Pero la evolución y el camino va a ser ese. Creo que el barco que vaya a batir este récord será un híbrido, que usará los «foils» cuando pueda y después podrá esconderlos.

—¿Qué se siente cuando quedan pocas millas para alcanzar la gloria?

—Hacía días que sabíamos que batíamos el récord porque teníamos mucha ventaja, pero esos dos o tres días antes de llegar a Brest tienes un poco de estrés porque piensas que solo falta que te encuentres con una madera, un árbol, un mercante, una ballena o algo y no lo consigamos. Sería una catástrofe después de lo que habíamos hecho. En realidad lo que quieres es cruzar la línea, pero en el fondo vas disfrutando como un enano, porque sabes que estás haciendo una cosa que no sabes si vas a volverla a repetir. Hay un doble sentimiento de querer llegar y querer que no acabe nunca. Mucha emoción cuando cruzamos la línea. Francis llorando... muy bonito. La línea está muy lejos de Brest y había temporal, por lo que solo había un helicóptero filmando y fue una cosa muy privada entre nosotros. Luego a la llegada a los pantalanes ya fue otra cosa. Fue mágico.

—¿Qué le dijo Francis?

—Me felicitó muchas veces por mi trabajo y por la sintonía que tuvimos durante todo lo que duró el desafío. Me dijo que había sido muy importante tener un personaje como yo a bordo, por lo que se me pusieron los pelos de punta. He disfrutado mucho con él y con mis compañeros y eso Francis lo ha valorado positivamente. Hay que disfrutar con estas navegaciones porque en el mar ocurren muchas cosas más serias que estas que hacemos nosotros. Es una actividad fantástica con un calado social impresionante en Francia y yo tengo muy buena acogida, cosa que Francis me hizo llegar de primera mano. Navegar con él es un lujazo. No hay gente que lo haya hecho porque es un solitario de toda la vida y lo que te enseña es impagable. Hace las cosas fáciles y sin complicarse, con nada hace las cosas muy sencillas.

—¿Sigue pensando en la Vendée?

—Claro hombre, la Vendée es una regata muy potente en la que toda la gente que ha hecho navegación en solitario, como es mi caso, quiere hacer. Pero con este reto soy muy exigente en cuanto como hacerlo. Ir por ir a la Vendée en estos momentos no tiene sentido. Si la hago será con unos incentivos de estar delante en la pelea, comunicarlo bien y tener un seguimiento muy fuerte en tierra para que todo el mundo se entere de lo que estoy haciendo. Para eso no solo hay que tener un patrocinador que ponga el dinero, sino un patrocinador que se crea el proyecto. Si consigo el dinero y no hay nada detrás, igual no la hago. Busco a alguien que crea en la vela oceánica para comunicar, para vender marca e imagen. Esta es la única manera que tenemos de entender esto. Lo ideal sería un proyecto español de equipo, construcción, patrocinador y diseño, pero que no sea una subvención.