Entrevista
Carlos Alcaraz: «En casa soy Carlos, no tenista o número uno; si llego tarde o no cumplo, hay bronca»
En plena Copa de Maestros, una de las coronas que le faltan, el español se sienta con ABC en su vestuario para charlar sobre tenis, cabeza, éxito y familia
Alcaraz, y un triunfo de perspectiva: «Si no hay buenas sensaciones, a veces te estancas y no ves que puede ir a mejor»
Carlos Alcaraz no duda cuando le preguntan qué es el éxito para él: «Para mí, eso es lo mejor y es lo que quiero»
Enviada especial a Turín
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Iniciar sesiónSe toma Carlos Alcaraz un día de descanso, renuncia a su hora de pista de entrenamiento porque la paliza ante Taylor Fritz fue suficiente. Este miércoles, aunque no hay peloteos, cuida no obstante su cuerpo, y también su frescura mental. Pedalea en el ... pequeño gimnasio que tienen habilitados los jugadores justo al lado de la pista central, en el pasillo de los vestuarios. A unos metros, el propio Fritz pone a tono su cuerpo, y otros más lejos, la madre de Ben Shelton se pasea por allí, perdida, pidiendo indicaciones de este laberinto. En la esquina, Alcaraz, 22 años, rodeado de su equipo: Juan Carlos Ferrero, su entrenador; Samuel López, su segundo entrenador, Juanjo Moreno, su fisio; Juanjo López, su médico; Alberto Lledó, su preparador físico; y David, ese guardaespaldas de brazos tatuados, mirada dura, pero hablar tranquilo y broma fácil, que protege y sigue por todos los lados al murciano. Alcaraz, pierna derecha enfundada en una media compresora y caminar relajado, pide disculpas y cuatro minutos más de tiempo para ducharse y salir a recibir a ABC en su vestuario, su guarida durante esta Copa de Maestros. Botellas de agua, fruta, yogures, videoconsola, juegos de mesa y de golf y su amabilidad para compartir unos minutos de charla sobre la gestión de sus triunfos, las victorias y las derrotas, sus deseos y su sencillez cuando llega a casa, donde es Carlos y no Alcaraz.
—Superó ante Fritz un partido muy difícil, aunque no tanto como la final de Roland Garros. ¿Se siente invencible en esos momentos?
—No, no. Momentos en los que ha estado muy difícil, como en París o ayer, que me escapé por líneas es al revés. No te sientes invencible, sino, no vulnerable, pero sí que sientes que tienes huecos donde la gente puede aprovechar esas debilidades. Es un 'feedback' muy bueno para seguir trabajando.
—Hay veces que no puede escapar, como en París ante Norrie. ¿Cómo gestiona ese no estar muy arriba ni tampoco muy abajo?
—Es un trabajo mental. Un punto puede cambiar la dinámica total del partido. Una bola de 'break' salvada o una bola de 'break' que no la he podido salvar puede cambiarlo todo. También a nivel mental el hecho de estar positivo o negativo, todo eso puede influir. Nosotros hemos estado trabajando el estar fuerte mentalmente para que en momentos de dificultad podamos ver las cosas con más claridad y con mucha calma.
—Lo dicen los rivales, a veces todo pasa por su mano. ¿Cuando gana es mayor satisfacción y cuando pierde hay sentimiento de culpa?
—Obviamente te sientes culpable. La gran mayoría de las cosas del partido ha pasado por ti. Te sientes decepcionado porque sabes que lo puedes hacer muchísimo mejor. Lo bueno es que, como las cosas salen de ti, tú tienes la sartén por el mango. Tú sabes lo que tienes que mejorar. Eres tú el que tienes que poner el trabajo para que la próxima vez no pase. Tiene su parte negativa, pero también su parte positiva. Tienes que sacarlo todo adelante y aprender de esos momentos para que no vuelva a ocurrir.
—¿Cómo hace para frenar esos pensamientos negativos?
—Soy una persona siempre muy positiva, saco lo positivo de las cosas. Sea una derrota o un momento negativo. En vez de pensar siempre en lo mal que lo he hecho, o lo malo que soy, o cómo no he podido gestionar esto, o los fallos que he cometido, intento darle prioridad a lo bueno que hay, o que podré entrenar más este aspecto. Lo bueno es que me he dado cuenta de que esto no lo hago bien, que tengo otra oportunidad, la semana siguiente, para poder hacerlo mejor. Intentar darle prioridad a eso para que no nos afecte y seguir motivado para todo lo que venga.
«Aunque parezca que no, mi vida es monótona. El año que viene yo ya sé a los sitios a los que voy a ir, los torneos en los que voy a competir»
—¿Cómo asimila lo que le dice su cabeza con la información desde el palco? ¿Se puede llegar a saturar?
—A veces, y no tanto por lo que me dicen de fuera, sino yo mismo. Cuando las cosas no me están saliendo, no me gusta seguir en ese formato. Cuando hay muchas cosas que no están saliendo, saque, resto, algún golpe en concreto, intento cambiarlas, buscar alguna manera. Y a veces el tenis es mucho más sencillo de lo que vemos, incluso de lo que pensamos. Yo sé lo que tengo que hacer y no le tengo que dar muchísimas más vueltas a algo cuando sé hacerlo. Eso a veces juega en tu contra, pero toda la información que recibo de fuera siempre es positiva. Muchas veces me dan calma y me dan la solución para desenvolver los líos que tengo en mi cabeza.
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Alcaraz y Sinner, a todo o nada en Turín
Laura Marta
—¿Y se le cuela en sueños Jannik Sinner alguna vez?
—No, para nada. Nunca me han pasado. De momento. Es necesario para mí, necesario para el tenis y necesario para el deporte. Todo lo que él hace, todo lo que él genera. Competir con él todo el año es bonito y necesario para exigirte al máximo y exigir incluso también a tu equipo que te ayuden al cien por cien. Yo creo que es bonito tenerlo ahí y a la vez yo agradecido de que también me haga mejor jugador.
—¿Se para a reflexionar sobre sí mismo, si realmente esto es lo que quiere o el camino que está llevando?
—Sí, totalmente. El año es muy largo, donde prácticamente vas enlazando torneo tras torneo, semana de entrenamiento, torneo. Entras en una rueda muy monótona. A mucha gente le digo, aunque parezca que no, mi vida es monótona. El año que viene yo ya sé a los sitios a los que voy a ir, los torneos en los que voy a competir, las semanas de entrenamiento. Vas en una rueda que muchas veces cuesta parar, cuesta tener un momento para ti y pensar con claridad muchas otras cosas. Y sobre todo, más este año le he dado el valor a parar y darme cuenta de lo que ha sucedido durante el año o lo que realmente quieres.
—¿Cómo lleva la fama y no poder moverse libremente por la calle?
—Soy una persona de pueblo, muy cercana y natural y a veces, cuando hago cosas normales, como caminar y estar tranquilo, me doy cuenta de que hay mucha gente que saca los teléfonos y te sientes observado. A veces me siento cohibido e intento no hacer nada raro para que no quede captado.
«Vas en una rueda que muchas veces cuesta parar, cuesta tener un momento para ti y pensar con claridad muchas otras cosas»
—¿Le gusta estar solo a veces?
—Me gusta tener gente alrededor siempre. Cuando estoy solo me cuesta. Es algo que tengo que ir aprendiendo ya que yo creo que el hecho de estar solo, de confiarte a ti mismo, es importante. Pero prefiero estar con gente.
—Durante un tiempo se asoció con que a usted le gustaba mucho salir de fiesta. ¿Cree que no se entendió bien?
—No, a mí me gusta. Soy una persona de 22 años a la que le gusta divertirse, pasarlo bien. Hay muchas opiniones, hay mucha gente que quizás no piensen del todo bien, y piensen que salgo muchas más veces de las que tocan, que soy un fiestero, que no trabajo. En vez de pensar en compaginar las dos cosas, que sí que se puede. Yo creo que si todo se realiza de la manera adecuada, tú también tienes tu tiempo de diversión, con tus amigos, salir por la noche, pero luego ser un profesional de pies a cabeza, priorizar el trabajo siempre e intentar ser mejor. Yo creo que eso es lo que yo hago, pero a lo mejor hay gente que o piensa solamente una, o piensa solamente la otra y quizás no ponen las dos en conjunto.
—Con Juan Carlos Ferrero tiene una relación casi de padre a hijo, ¿hay momentos de fricción, de ni querer ver al otro?
—Como cualquier otra relación. Si en 6-7 años no ha habido ningún problema, eso es lo raro. Tanto con mis padres, con mi hermano, con cualquier parte de mi equipo. Como nos queremos tanto, mi equipo, mi familia, mis amigos, nos decimos las cosas que muchas veces no nos queremos decir. Más ellos a mí que yo a ellos. Incluso no estamos de acuerdo en situaciones y a veces entramos en conflictos. Pero lo más bonito es que ambos queremos lo mejor para todos. Siempre llegamos a un punto en común. Nos vamos entendiendo mucho mejor, vamos conociendo lo que necesita el uno y el otro, lo que quiere uno y el otro. Yo mismo me voy conociendo todavía.
—¿En casa le siguen diciendo 'haz la cama', 'no llegues muy tarde'?
—Sí, cuando llego a casa, soy el Carlos de siempre. No el tenista o el número uno o lo que sea. Soy el mismo de siempre. Como paso muy poco tiempo en casa, cada vez que vuelvo me gusta estar con mis padres y mis hermanos. Mi madre también me echa de menos y todavía me quiere en casa. De vez en cuando sí me miman. Yo no sé cocinar y mi madre es una cocinera fantástica y lo disfruto mucho. Como la comida de mi madre no hay nada. Pero en casa de mis padres hay unas reglas y quieren lo mejor para mí. Ya no me ponen hora. Pero sí me dicen 'no vengas tarde', 'haz esto', 'haz lo otro'... y si no cumplo, me echan la bronca.
«Como nos queremos tanto, mi equipo, mi familia, mis amigos, nos decimos las cosas que muchas veces no nos queremos decir»
—¿Se acuerda del primer partido que jugó con juez de silla?
—No me acuerdo. Fue de muy pequeño. Pero te diría que fue ahí en Murcia, en algún torneo de estos de pequeño. Tenía, no sé, a lo mejor 10 o 11 años. Yo creo que por ahí, en algún torneo de Murcia. Me alegraba. Cuando tienes 10, 11, 12 años y juegas con un juez de silla, era algo chulo. Era como dar un salto.
—Tiene seis Grand Slams, ¿va bien para llegar a los 24 de Djokovic?
—Lo que sí que puedo decir es que vamos en un camino correcto. Tener seis Grand Slam es algo increíble, que quiere decir que estamos haciendo las cosas bien. Ahora toca seguir remando en la misma línea, entrenando y trabajando de la misma forma e incluso mejor. Nadie sabe el futuro, el futuro es incierto, así que veremos a ver dentro de varios años a ver cómo vamos.
—¿Ya está sentado con los grandes?
—Ha habido jugadores increíbles, leyendas, pero la mesa que todos pensamos es con Roger Federer, Rafael Nadal y Novak Djokovic. Me gustaría comer en esa mesa, es mi motivación, pero no estoy ni incluso cerca.
—¿Qué deseo tenístico pediría: jugar hasta los 50, 37 Grand Slams, un golpe de algún rival?
—Yo creo que voy a ir por los Grand Slams. Tener el máximo número de Grand Slams posible sería mi deseo. O te podría decir ganar una medalla de oro en los Juegos Olímpicos.
—¿Qué es el éxito para Alcaraz?
—El estar en casa es lo que me da tranquilidad. Eso es lo más bonito. Que me vean siempre como la misma persona. El grupo de amigos que tengo también me ven de la misma forma que me veían cuando yo tenía 14, 12 años. Mis padres igual, mis hermanos también. Y para mí eso es lo mejor y es lo que quiero. Me da mucha tranquilidad para seguir viajando durante todo el año.
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