La mejor cosecha para la quinta
Nadal y Del Potro - AFP
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La mejor cosecha para la quinta

España, con cuatro Davis desde 2000 y con un equipo imbatido, compite contra su favoritismo y el amor propio de los argentinos. Nadal abre el fuego

SEVILLA Actualizado: Guardar
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Al oír su nombre, Rafa Nadal mira de reojo a Albert Costa y comparten sonrisa, satisfechos en primera instancia de lo que depara el sorteo. Para empezar la final de la Copa Davis, el número dos del mundo contra Juan Mónaco, amigos íntimos que chocan sus manos con cara de resignación antes de posar con la Ensaladera. «El sorteo ha ido bien», confirma el capitán español.[En directo, a las 14.00]

Lo dice porque empezar con Nadal es garantía de éxito, una liberación para el equipo ya que el balear solo ha perdido un partido en individuales de esta competición —en su debut, contra Jiri Novak— y porque en tierra nadie se expresa mejor que él. Con España recobra la pasión perdida una semana antes en Londres y apunta al cielo de La Cartuja, justo en donde empezó todo. «Es muy bonito volver a un sitio tan especial para mí, aquí me empezaron a conocer en el mundo del tenis», explica desde la nostalgia, feliz cuando recuerda la final de 2004 y su aparición sorpresa ante Estados Unidos cuando solo tenía 18 años y vestía piratas.

Desde entonces hasta ahora, siete años al máximo, siete años de mordiscos y alegrías, orgullo de una bandera que luce siempre que el calendario se lo permite. En cuestión de patriotismo, España tiene desde hoy un rival que es campeón del mundo en la materia, alentado el conjunto albiceleste incluso en el majestuoso teatro Lope de Vega con gritos de apoyo. Hoy, entre los casi 28.000 aficionados que llenaran La Cartuja, habrá más de 2.000 argentinos. «Será dificilísimo», vaticina Nadal.

No vale confiarse

Es el reclamo de la mayoría de las preguntas de la sala, dominada otro día más por los medios visitantes ya que en presencia ganan por goleada. «Que juegue el primer partido tranquiliza al equipo, aunque David está a un nivel muy alto», explica con cierta calma Costa, fiel a un equipo fantástico que nunca le ha fallado ni a él ni a España. Confianza en sus rostros, sonrisas generosas para las fotos y un mensaje repetido en cada respuesta: «No vale confiarse».

Porque se juega la final de una Copa Davis y porque en el recuerdo está lo que le sucedió a Argentina en Mar del Plata hace tres años, dinamitado el sueño de un pueblo por una cuestión de egos y mala preparación.

Desde entonces, Del Potro y Nalbandian se limitan a competir por el bien su país poniendo buena cara, pero la relación, por mucho que insistan, es fría. Pocas veces se les ve el uno al lado del otro en la foto de familia. «Esta final es totalmente diferente, otro país, otra superficie y tenemos otro equipo. Estamos buscando nuestra primera Ensaladera y sabemos que será dificilísimo. Pero tenemos que luchar punto a punto y con compromiso», dice Del Potro. «Sí, todas las finales son distintas», añade Nalbandian, reservado para el dobles tal y como se esperaba.

Ahí tampoco hubo sorpresas en Argentina, con Mónaco como avanzadilla para probar suerte ante Nadal y con el principal objetivo de alargar el duelo al máximo. El capitán foráneo, Modesto «Tito» Vázquez, se reserva la opción de Nalbandian para el quinto punto en el caso de que fuera necesario y le coloca a Schwank como pareja, especialista en el circuito aunque su nombre no suene demasiado ya que no frecuenta los principales cuadros.

Y así se llega a un viernes decisivo porque a Argentina, según sus técnicos, le resulta imprescindible sumar un punto, condicionado casi todo al segundo turno ya que ahí tiene la palabra Juan Martín del Potro. Le toca debate con David Ferrer, jugador interminable que no se cansa nunca, quinto del mundo porque nadie trabaja como él. «Todos los puntos valen igual, aunque es verdad que el partido contra Del Potro puede marcar la balanza de la eliminatoria», acepta el alicantino, igual de satisfecho con la agenda que deparó el bombo. «Si entras con 1-0, mejor, más tranquilo».

Enfado argentino

Mientras, Argentina busca polémica en el madrugón de un jueves primaveral. Los jugadores recibieron visita a las 6.30 de la mañana para pasar un control antidopaje, algo que no gustó demasiado en el equipo y que dio vida a varios periodistas. «Sabemos que puede pasar, son las reglas de los controles. No quiero hablar mucho del tema», se defendió Del Potro sin dar titulares. Los dio el capitán Vázquez: «Lamentablemente son reglas internacionales, tú das unos horarios y te pueden visitar cuando dices. Pero hoy —por ayer— era día de descanso, casi no lo hemos hecho y nos han despertado a las seis y media. Me parece fuera de lugar, podían esperar a hacerlo el día anterior o en otro momento».