Londres sí quiere al campeón
Nadal recibe la ovación del público londinense - AFP
WIMBLEDON

Londres sí quiere al campeón

A diferencia de París, la Catedral volvió a ser muy cariñosa con Nadal, que tuvo a sus padres como invitados de honor

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En el señorial recinto de Wimbledon, tan estricto el All England Tennis Club que nadie rechista las normas de etiqueta que impone a sus socios y a los propios jugadores, emerge la pista por antonomasia de este deporte, popularmente conocida como la Catedral y mimada durante todo el año para estas dos semanas tan especiales. Este año, pues así lo ha estimado la organización, la estrena Rafa Nadal, primer cabeza de serie, campeón en la pasada edición y premiada su fidelidad con la presencia de sus padres en el Royal Box, lugar reservado para personalidades de postín. Sebastià y Ana María, las referencias de la criatura, se engalanan para la ocasión y charlan amistosamente mientras hojean una revista, orgullosos porque la efeméride es para siempre.

En Londres adoran a Rafa Nadal y se muestra especialmente cariñosa la grada de la pista principal. Puntual porque así se entiende la vida en el Reino Unido, a la una de la tarde —hora local— asoma el rey de la tierra por una de las míticas puertas que conducen al escenario del partido. Para entonces, no queda un asiento libre y el aplauso es tan elegante como ensordecedor, asombrado un veterano como Michael Russell porque tiene el placer de ser el invitado a la fiesta de Nadal. Wimbledon reconoce a su héroe.

Aplauso a lo diferente

Sucede que en Inglaterra se sigue idolatrando a Roger Federer por todas las tardes doradas que ha vivido en el club, campeón en seis ocasiones y a solo un entorchado del gigantesco Pete Sampras. Wimbly siempre ha apoyado al suizo en un amor correspondido, pero jamás le ha negado la ovación a Nadal. Es más, en los vibrantes enfrentamientos que han mantenido los dos gigantes del tenis sobre la hierba londinense siempre se ha tratado al español de una forma especial, diferente. Tan riguroso el protocolo, Nadal rompió con su rebelde vestimenta cuando llevaba pantalones piratas y camiseta sin mangas y eso alucinaba al personal. Además, nunca se ha visto a alguien trepar por la tribuna para abrazar a su gente una vez ha ganado el torneo. Wimbledon también reconoce a lo que se sale de lo común.

Ayer, antes de que la lluvia obligara a poner en funcionamiento el techo retráctil durante el partido posterior, varias banderas españolas ondeaban con el nombre de Nadal. «En mi vida he visto una pista más bonita». Aquí, a diferencia de la Philipe Chatrier parisina, sí que le quieren.