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Tenis

Un Wimbledon de minas

Rafael Nadal afronta sin apenas preparación la conquista del Grand Slam londinense, que ambiciona desde 2010

MadridActualizado:

Rafael Nadal cumple su propia tradición de los últimos años y aterriza en Wimbledon después de descansar de Roland Garros, desconectar en el mar y preparar su aclimatación en la hierba en Mallorca. Ya en Inglaterra, dos partidos de exhibición, ambos con derrota, para afrontar el tercer Grand Slam de la temporada. No importa lo de ayer, porque el balear ha recuperado las energías y ambiciona el tercer título en Londres. Del último, en 2010, hace ya demasiado tiempo para su hambre.

Hace ya nueve años de aquella victoria sobre Tomas Berdych que lo confirmaba también como especialista en hierba. A punto estuvo de la triple corona en 2011, pero Novak Djokovic se lo impidió en la final. A partir de ahí, las lesiones y la falta de adaptación mermaron su palmarés londinense: segunda ronda en 2012 y 2015, primera en 2013, octavos en 2014 y 2017. Pero ya el año pasado, su determinación solo fue frenada por un Djokovic, otra vez él, brillante que lo despachó en un partido a dos capítulos y bajo techo. Y la dinámica competitiva continúa en este 2019. «Está en el mismo camino que estas últimas temporadas en las que ha dado un muy buen nivel. Aún no hemos empezado a jugar... Evidentemente que él viene con la mentalidad de ganar. Luego para ganar un Grand Slam se tienen que dar muchas cosas y has de estar bien», confirma Francis Roig, su entrenador en Wimbledon, alternando torneos con Carlos Moyà. «Tiene ganas de hacer un buen torneo. Viene después de ganar Roland Garros y los últimos años se ha sentido bien. Luego ya se verá, tiene un cuadro difícil», continuó.

«He ido mejorando cada día y cada vez me voy sintiendo un poquito mejor. Para mí es un torneo un tanto especial porque llegas sin haber jugado partidos competitivos antes. Tengo tiempo para seguir entrenándome. Estoy con ilusión por seguir el proceso que me tiene que llevar a ser competitivo», explicó el propio tenista, recién aterrizado en Londres.

El duodécimo título en París confirmó su total recuperación después de unos meses asqueado de tanto dolor. Sigue estando, pero levantar la Copa de los Mosqueteros fue la constatación de que está preparado para todo, física y mentalmente. Y buscará en ese impulso las fuerzas necesarias para acometer un torneo siempre complicado, al que menos tiempo dedica para su adaptación y que reserva grandes noticias en las primeras rondas porque la hierba es caprichosa como el propio All Tennis England Club. Por si esto fuera poco y las rodillas actúan sin reparos, a Nadal lo espera un cuadro con muchas espinas.

Será el japonés Yuichi Sugita su primer encuentro real con el césped londinense, este martes. Y ya en segunda ronda puede toparse con Nick Kyrgios. El australiano, con quien ha tenido algún enfrentamiento dialéctico este mismo año en el Abierto de México, es un tenista complicado de leer y con un saque prodigioso. Con él como arma lo apeó en la ronda de octavos de 2014. Después podría toparse con Deni Shapovalov en octavos, Marin Cilic en cuartos hasta llegar al partido que todos quieren, semifinales contra Roger Federer. Solo se enfrentaría a Novak Djokovic en la final del domingo 14.

El serbio, que defiende corona y se estrena con el incómodo Philipp Kohlschreiber y tiene como potenciales escollos a Dimitrov, Goffin, Tsitispas en cuartos o Kevin Anderson o Zverev en semifinales, se muestra cómodo a estas alturas de calendario, después de otro bajón mental que lo llevó a pasar inadvertido en los Masters 1.000 de Indian Wells y Miami. Reverdeció en Madrid, con el segundo título de su 2019 y en Roma lo frenó Nadal en la final. Un excelso Dominic Thiem lo dejó en semifinales en París. Pero ha retomado el rumbo que lo hace el más peligroso de los rivales, en todos los golpes, en todas las superficies. También en la hierba londinense, esa que besa y come cada vez que consigue un título. Y ya son cuatro (2011, 2014, 2015 y 2018).

Federer, en su jardín

A la caza de Roger Federer, el rey absoluto, por el momento, de la catedral del tenis, en la que ha ganado en ocho ocasiones. Después de tropezar estrepitosamente en cuartos el año pasado contra Kevin Anderson, el suizo encuentra en «su» jardín un aliciente para despejarse la edad (a un mes de los 38) y seguir competitivo. De los tres favoritos, es el que, a priori y siempre sobre el papel, más suerte ha tenido con el cuadro. Aunque esto est Wimbledon. Esto es hierba.

España, que cada año va perdiendo fuerza y presencia en rondas finales, cuenta con catorce tenistas. Además de Nadal, Feliciano López, Pablo Carreño, Robert Carballés, Pablo Andújar, Albert Ramos, Fernando Verdasco, Jaume Munar, Roberto Bautista, Marcel Granollers, Paula Badosa, Carla Suárez, Sara Sorribes y Garbiñe Muguruza completan el plantel.

Es la hispano-venezolana quien aspira a que el año impar la eleve en Londres. Finalista en 2015 -perdió contra Serena Williams- y campeona en 2017 -ganó a Venus Williams-, necesita impulsarse después de un curso irregular, con título en Monterrey y pocas rondas finales más. Le ha tocado compartir lado del cuadro con la número 1 del mundo, la australiana Ashleigh Barty y la exnúmero 1, Serena Williams. Debutará contra la brasileña Haddad Maia.