Nadal posa con el trofeo de Roland Garros ayer en París - REUTERS
Entrevista

Rafael Nadal: «Uno se cansa de jugar con más antiinflamatorios de la cuenta»

Después de su éxito en París, el español suspira por tener unos días de descanso y cargar las pilas. Es un título especial en un año muy duro, tanto que incluso pensó en tomarse un tiempo y parar

Rafael Nadal: «Mi calendario es totalmente variable»

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Alas 8.30 de la mañana, en el Meliá Tour Eiffel, van despertando los miembros del equipo de Rafael Nadal y hay algún café más de lo normal, delatadoras las ojeras porque la noche fue de las largas. La cena, en el Café de la Paix y con el Rey Juan Carlos y la Infanta Elena en la mesa del campeón, fue el preludio de una fiesta a la que no acudió Nadal, agotado después de la paliza de estos meses. «Estic cansat, tiu», dice en su saludo a modo de buenos días. «He dormido poco. No salí, pero solo con la cena ya se me hicieron las dos», revela. Antes de regresar a Mallorca y perderse por sus rincones, cumple con el peaje que conlleva el éxito y atiende a un grupo reducido de medios en una mesa de la recepción, a la que está invitado ABC.

-Un día después, y ya algo más reposado, ¿asimila ya lo conseguido el domingo?

-No. Desde que terminé la final, entre una cosa y otra, no he parado. Tuve que hacer el control, atender a los medios… Llegué al hotel, me cambié en dos minutos y fui a la cena, que había un montón de gente. Y no solo gente totalmente cercana, había un montón de personas, el abanico era un poco más ancho. Tienes que atender a todos y se hace un poco más complicado. De la cena fui directo a la cama y aquí estoy, no he tenido tiempo para analizarlo desde una perspectiva diferente. Estoy muy contento por lo conseguido y tengo la necesidad y las ganas de desconectar un poquito.

-¿Le apetece perderse unos días?

-Bueno, perderme no sé. Creo que el mar no está en las mejores condiciones, voy a tener que hacer otras cosas.

-¿Cuánto tiempo necesita para desconectar? ¿Echa de menos el tenis cuando lo hace?

-No. Mi vida sin el tenis también es feliz, va mucho más allá. Es y ha sido una parte muy importante de mi vida, pero no es lo único ni lo principal. Hay muchas cosas que me hacen feliz. Pasar tiempo con las personas que quiero… A nivel de desconectar, no hay mucho espacio entre Roland Garros y Wimbledon. Es una minidesconexión. Es otra perspectiva hacia lo que viene y tengo que darme la oportunidad de llegar ahí bien preparado. Pararé unos días, me recuperaré mental y físicamente, y luego tendré una preparación a conciencia para llegar bien a Wimbledon.

-Son 12 títulos de 15 posibles y 93 victorias y dos derrotas en París. ¿Qué le dicen esas cifras?

-Me dicen lo que te pueden decir a ti. Es lo que es, un hecho. Se ha conseguido algo que, sí… Es una de las cosas especiales que han ocurrido en el deporte, estoy muy feliz y agradecido por ser parte de ello, de haberlo vivido. Dicho esto, lo vivo desde el día a día y desde la normalidad.

-De esos 93 triunfos, ¿cuál ha sido el más difícil?

-Puede ser la semifinal contra Djokovic en 2013. Es el día que estuve más cerca de perder (9-7 en el quinto).

-¿Se acuerda de todas las victorias?

-¡Qué va! Antes me acordaba de todo, ahora de las cosas que son importantes. Ayer, antes de la final, estaba repasando el torneo y estuve cinco minutos pensando en contra quién había jugado en octavos de final (Juan Ignacio Londero). Me acuerdo de muchas cosas, pero es imposible que me acuerde de todas las victorias.

-¿Se siente más fuerte que nunca en tierra, como que si está al máximo nivel nadie puede vencerle?

-No, de hecho me han ganado tres este año. Pero aquí me he sentido cómodo las dos semanas, lo dije antes de empezar el torneo, que me veía bien, preparado. Quizás ha habido algún año en el que me he sentido más seguro aún. No invencible, porque nunca me he sentido invencible. Al llegar este año me sentía realmente bien, que podía competir por lo que hemos competido. Después, ganar o no ganar… Las cosas pasan y se pueden complicar en cualquier momento, pero yo estaba preparado.

-¿Tenía alguna preferencia como rival entre Djokovic y Thiem?

-No lo tenía claro, con la mano en el corazón. Miraba la semifinal, lo poco que la pude ver, y no tenía claro. Dos juegos difíciles, los dos rivales más peligrosos en esta superficie, y lo único que quería era estar yo bien. Si estaba bien, iba a tener mis opciones.

-Roland Garros nunca será lo mismo el año que viene ya que habrá techo y se jugará de noche. ¿Va a cambiar mucho?

-Las cosas que pueden pasar en el futuro no las sé hasta que no las vivo. A mí, jugar en tierra de noche no me gusta mucho personalmente, es una sensación rara y no estamos acostumbrados. Pero todo lo demás es bueno para el espectador, es una evolución necesaria. Estoy feliz y felicito a Roland Garros y a la Federación Francesa por hacer esta inversión. Roland Garros siempre será Roland Garros.

-En Barcelona hablaba de su cambio de actitud y de subir escalones. ¿Se planteó qué estaba haciendo? ¿Se dijo a sí mismo que estaba harto de estar aquí con tanta lesión?

-No, harto de estar aquí no he estado nunca. Estaba cansado de tener dolor, eso sí. Al final, no solo es tener dolor jugando a tenis. Uno va teniendo más problemas de la cuenta y en la vida diaria estar siempre con dolor sí que mentalmente es cansado, en un momento dado uno se dice: «bueno, necesito parar con esta línea de dolor que he tenido durante los últimos 18 meses». Me han ocurrido muchas cosas y la mayoría las sabéis, otras no. Pero me han ido pasando cosas, no ha habido prácticamente ningún torneo en el que no me haya pasado algo. Uno se cansa de jugar con más antiinflamatorios de la cuenta o con soluciones momentáneas y que a la larga uno no puede continuar de según qué manera. En Barcelona lo dije, esa primera ronda fue el momento más bajo. A partir de ahí tuve un cambio muy importante. Perdí con Thiem (semifinales), pero ya gané unos cuantos partidos buenos y el de Thiem fue un buen duelo. A partir de esa primera ronda, empezando muy de abajo, cada día y cada semana ha sido mejor, dando un paso hacia adelante que se ha conseguido con una actitud y una voluntad positivas, sin queja, sin lamentos cuando las cosas iban mal. Y con la ayuda de todo el equipo.

-Dijo que incluso se planteó parar en aquel momento bajo. ¿Llegó a coger algo de manía al tenis?

-¡No! Parar me refería a parar un rato, no retirarme… Sería totalmente desagradecido y muy injusto si dijera eso. Para nada le cojo manía, nunca se la he cogido. Es un tema personal de estar cansado y de tener problemas que me han quitado la opción no solo de competir, también de entrenarme. A mí me gusta entrenar, me gusta hacer deporte, y estaba cansado de no poder hacerlo por culpa del dolor. Nada más. Cuando eso ocurre más meses de la cuenta, la cabeza tiene un bajón. Mi idea era parar un espacio de tiempo no muy largo, un tiempo para regenerarme.

-En 2005, con su lesión en el pie, lloró mucho, no había quien le aguantara en casa. Ahora está en el final de su carrera, y no es lo mismo. Pero, ¿cómo ha vivido este bajón?

-Es una historia completamente diferente. En 2005 la situación era otra, con mi lesión en el pie las perspectivas eran malas. Veían complicado el poder seguir desarrollando la actividad deportiva a ese nivel. Y yo estaba empezando. Piensa que tenía 19 años y era un cambio fuerte, algo nuevo para mí. Era el dos del mundo, en el principio de mi carrera, y que te digan que quizás no puedes volver a hacer lo que has hecho y por lo que te has preparado es un golpe muy duro. Ahora mismo, sea de la manera que sea, tengo una carrera hecha mucho mejor de lo que hubiéramos soñado. Hay momentos bajos, pero a nivel general o global eso no me quita estar totalmente agradecido a la vida por todo lo que tengo y por lo que me han dado estos años de carrera. Si tengo momentos bajos es por tener más dolor de la cuenta. Cuando estás en casa y te duele una muela diariamente, y dura más de la cuenta, emocionalmente estás mal. A mí, cuando me duele la mano, la rodilla, la operación del pie del año pasado cuando intenté volver… Pffff… Son muchas cosas que van inhabilitado continuamente y ya no solo en tu vida profesional, también la personal. Me impide hacer cosas que me hacen feliz.

-¿Nos sorprendería saber cuántas resonancias hace al año o cuántos tratamientos médicos recibe? ¿Son esas cosas las que dice que no sabemos?

-Sí, y es mejor que no lo sepáis (sonríe). Es complicado. Tampoco me gusta mucho repetir todo lo que me va pasando porque quedas como un mártir. Yo me considero un afortunado de la vida en todo lo que me ha pasado. Pero sí, en el tubo me he tenido que meter muchíiiisimas veces en mi carrera, y la verdad es que no me gusta nada.

-Es portada en todos los periódicos, de España y del extranjero, y se le pone como ejemplo precisamente por su capacidad para superar la adversidad. ¿Le abruma tanto elogio?

-La verdad es que no. Yo agradezco todos los elogios. Lo he dicho muchas veces. Soy una persona de una emoción contenida, tanto cuando las cosas van muy mal como cuando las cosas van muy bien. Con los picos de alegría y tristeza, pero emocionalmente soy una persona bastante estable. Y eso me ayuda a soportar las dos cosas: las victorias y los elogios como las críticas.

-¿Cómo replicaría esa imagen ejemplar tan bien ganada? ¿Qué defectos tiene?

-Muchos, muchos. Si hubieras subido a mi habitación hace una semana lo hubieras visto. Soy una persona aplicada, pero no ordenada (de hecho, en un momento de la charla se lleva un buen susto porque piensa que ha perdido el móvil). Tengo mis defectos, como todo el mundo, pero dentro de lo que cabe tengo una de las cosas más importantes para ser feliz: gente al lado que me ayuda a ser feliz siempre. Amigos de toda la vida, una buena familia y un buen entorno que me llena. Esto es lo más importante. Es la mejor virtud que puedo tener, gente buena al lado que me ayuda diariamente.

-Entre esa gente está Carlos Moyá. ¿Qué ha significado para usted?

-Aparte de ser mi entrenador, es compañero de hace muchísimos años. No porque mi tío fuera mi entrenador dejaba de verle como mi tío y no porque Carlos sea mi entrenador dejo de verle como mi amigo. Piensa que llevo la tira de años con mi equipo de trabajo. Ya no es una relación profesional, es una relación más personal si cabe. Con todos los integrantes del equipo. Hacen de amigos cuando tiene que serlo y hacen de profesionales cuando me tienen que apretar. Los días que uno está más bajo me tienen que apretar y lo hacen.

-¿Cuál es el margen de influencia que ha tenido Moyá?

-Carlos, cuando entró, fue una buena ayuda. Estábamos entonces en un momento mucho mejor del que veníamos, es una realidad. 2016 ya había recuperado mi nivel. Después me pasó lo de la mano aquí en París (se retiró en tercera ronda), pero estaba preparado para ganar, siendo sinceros. Igual que en 2015, que perdí con Djokovic en cuartos, no me sentía preparado, en 2016 sí. Carlos llegó en un momento que para mí fue aire fresco, introducimos una forma diferente de entrenar. Es una persona ordenada y me facilita lo que es el día a día, que a estas alturas de la carrera es mucho. Aparte de ser un apasionado del tenis que conoce a todos los rivales y a mí perfectamente.