US OpenLa colección de partidos memorables de Nadal

La victoria ante Thiem en los cuartos de final de Nueva York se une a la ya larga lista de encuentros legendarios del balear

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Van tantas gestas que es fácil perder la cuenta, imposible olvidar la noche del martes en Nueva York. Fue en unos cuartos de final, sin título de por medio, pero la victoria de Rafael Nadal sobre Dominic Thiem perdurará en el tiempo por la dosis de dramatismo y por las formas, un partidazo que pone en valor los encuentos a cinco sets. En estos casos, las cuatro horas y 49 minutos que duró la pelea se hace hasta corta, pues tuvo de todo, preciosa desde el inicio eléctrico del austriaco hasta el desenlace con Nadal, como casi siempre, alzando los brazos y consolando al rival, que en este caso es un buen amigo. El español, consolidado como número uno del mundo pase lo que pase en Nueva York, ya está en semifinales y ahí se mide a Juan Martín del Potro, un gigante que ruge con la misma fuerza de antes.

Antes del partido contra Thiem, Nadal ya explicó que para imponerse al austriaco debía mejorar su peloteo cruzado contra el revés del rival para que su golpeo de derecha fuera más decisivo. También debía ser más regular con el saque y suplicaba por encontrarse bien físicamente. Sea cual fuere el plan de juego del balear, Thiem apareció en la pista central y lo desbarató como el niño que le pega una patada a un rompecabezas. Vapuleó a Nadal y le endosó un rosco en el primer set, algo insólito ya que en su carrera solo había recibido tres en los grandes: contra Andy Roddick en 2004, en este mismo escenario; frente a Roger Federer, en la final de Wimbledon de 2007; y ante Thomas Berdych en Australia hace dos temporadas. Fue el inicio de un partido épico, eterno, jugado a tumba abierta y en el que Nadal y Thiem se sacudieron de lo lindo durante los restantes cuatro sets. La moneda, casi cinco horas después) cayó del lado del tenista español (0-6, 6-4, 7-5, 6-7, 7-6).

Recuperación a lo Nadal

Thiem fue un vendaval incontenible en la primera manga, quizá despreocupado y sin nada que perder: especialista de tierra batida, era su primer partido de cuartos en un major fuera de Roland Garros. Desarboló a Nadal, y es difícil pensar que ningún otro tenista del circuito lo hubiera contenido. Repartió palazos sin descanso, con bolas siempre profundas, acariciando la línea. Su derecha era un cañón y, con un revés delicioso a una mano, aguijoneaba con ángulos a Nadal. En las pocas ocasiones que Nadal podía atacar, se defendía con bolas altas muy liftadas, que echaban al español al fondo. Cayeron los juegos, los breaks y el set con el público todavía buscando asiento y las manos ocupadas con vasos de rosado y nachos con queso.

«No es el plan trazado antes de salir, evidentemente», señaló el mallorquín ya de madrugada. «Se acepta con humildad, intentando valorar cada pequeña mejora que uno va haciendo durante el partido. Un 6-0 es un resultado muy peligroso. Me han dicho que he ganado siete puntos solo en se set, con lo cual no ha habido partido».

Si la pista Arthur Ashe fuera Las Ventas, Nadal se hubiera llevado una voltereta nada más coger la muleta. Pero recompuso la figura, estiró la chaquetilla, colocó el corbatín y volvió a por su rival. Arrancó la segunda parte mejor plantado, con un saque más consistente y, sobre todo, encontrando la agresividad que necesitaba para parar los pies a Thiem. El austriaco colaboró con algunos errores, Nadal arrebató un break hacia el final de la manga y conservó su saque para tomar aire. «Una vez ganado el set es un partido totalmente nuevo y ya se abre un partido de tú a tú, un partido diferente y es lo que ha ocurrido. A partir del tercer set mi nivel ha sido bueno, creo que ha sido mi mejor nivel en el torneo. Pero el suyo también ha sido muy bueno».

Efectivamente, en el tercer parcial seguía a lo suyo, con disparos fenomenales, gran despliegue físico y un saque que levantaba su juego cuando los palos se iban fuera. Las únicas muestras de bisoñez las dio en momentos clave. Sobre todo, en una volea de revés muy fácil sobre la red, que la mandó fuera y entregó un punto de set a Nadal. El de Manacor lo aprovechó y, a pesar de que la raqueta de Thiem daba más miedo que la suya, logró adelantarse. Se escribía ya una nueva remontada de Nadal a su manera, pero se hizo un lío cuando en el cuarto, con 6-5 y 30-30, falló una volea en apariencia sencilla. Ese error le descentró y en el desempate no estuvo atinado, así que la batalla llegaba a un epílogo apasionante.

FInal dramático

Ya era la madrugada en Nueva York, con las gradas despobladas y la emoción a flor de piel. Nadal pudo haber evitado más drama (tuvo 0-40 para romper el saque de Thiem con 5-5), pero la determinación de un Thiem excelso les llevó, de nuevo, a la muerta súbita. Ahí, el austriaco claudicó por fin con un remate franco que se perdió casi en la grada y el abrazo entre los dos colosos, emocionado, cerró un partido histórico. «Lo siento por él porque es uno de los jugadores a los que más aprecio tengo, porque entreno a veces con él, tengo una muy buena relación», reconoció el vencedor. Fue Nadal, como casi siempre.