Muguruza, en el torneo de Zhuhái
Muguruza, en el torneo de Zhuhái - AFP
Tenis

Muguruza, al rincón de pensar

Cierra un 2018 con resultados discretos y con encontronazos sonoros con su técnico

Vídeo: Nuevo enfado de Muguruza con su entrenador

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De un año a otro, Garbiñe Muguruza ha pasado de ser la segunda raqueta del mundo, cerquísima incluso de cerrar 2017 en lo más alto, a ser la 18 de la WTA, una involución peligrosa que le lleva, imperativamente, al rincón de pensar. Porque de un año a otro ha pasado de ser noticia por sus victorias (ganó Wimbledon en 2017 y también Cincinnati) y por su ascenso meteórico al número uno a serlo por una serie de resultados muy discretos y por sus continuos enganchones con Sam Sumyk, su entrenador y con quien este fin de semana ha mantenido, en el Masters «B» de Zhuhái, dos encontronazos muy serios y sonoros que se han compartido por todo el planeta y que dejan en muy mal lugar a la española.

«¡Que te jodan!», le soltó el técnico durante un intermedio en el duelo contra la china Wang, justo después de que le reprochara, abiertamente y con la cámara devorando la conversación, que siempre estaba enfadada. Muguruza, perpleja mientras seguía a su entrenador desde el banco, no ganó ni un juego más, triste epílogo para un curso repleto de nubarrones.

No es la primera vez, y tampoco parece que vaya a ser la última, que Muguruza tiene alguna bronca mediática con su preparador. Volcánica como es, mucho más pasional de lo que aparenta con su seriedad en la pista, la española entiende que esos calentones van con su personalidad y trata de relativizar, pero sabe, de todos modos, que en estos tiempos en los que se graba cualquier detalle su imagen queda dañada, epicentro de las tertulias y de los chascarrillos en las redes sociales. Ella está al tanto de todo porque su equipo le pone al día y le hace llegar el material con enlaces para que se dé cuenta de la trascendencia de sus actos, pues por algo es una figura de primer nivel.

No se ha acercado ni por asomo en 2018, que se cierra con un botín menor para alguien de la que se esperaba muchísimo más después de ganar Roland Garros en 2016 y Wimbledon, dicho está, en 2017. Alzó el título en Monterrey (sexto trofeo de su carrera), hizo final en Doha (cuando le guió Conchita Martínez en solitario) y de los Grand Slams solo se salva París, en donde llegó a semifinales; en los otros tres, no pasó de segunda ronda. Muguruza es la primera en aceptar que no ha estado al nivel necesario, sin la estabilidad que requiere mantenerse en la azotea del tenis, si bien es cierto que una lesión veraniega en el brazo derecho le condicionó. En cualquier caso, el balance presenta números rojos.

Hasta el próximo 24 de este mes, Muguruza estará de vacaciones (todavía no ha decidido el destino, aunque buscará un lugar de playa), tiempo de ocio y reflexión. Tiene motivos de sobra para sentarse consigo misma y pasar a limpio esta temporada, negativa en lo que a guarismos se refiere pese a que, cuentan, ha trabajado con entusiasmo y con ganas. Empezará a sudar en Ginebra (ahí está fijada su residencia) y luego se desplazará a Los Ángeles para intensificar la pretemporada junto a Sumyk, con quien no tiene previsto romper ya que, pese a los pellizcos verbales, considera que es la persona apropiada para alcanzar los objetivos. Su campaña 2019 empezará en la Copa Hopman, formando equipo con David Ferrer, y de ahí irá directa al Abierto de Australia. Será inspeccionada con lupa.