Tenis

Esta Copa Davis dice adiós

Francia y Croacia se disputan el título en la última edición de este torneo centenario que cambiará de cara en 2019

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Francia y Croacia pelean desde hoy en Lille por el último título de una competición que fue perdiendo su glamur debido a la ausencia de sus máximos exponentes. Pero que mantenía la entrega y la pasión por quienes la sostenían desde las gradas. Esa batalla de aplausos y vítores entre dos países comienza a desdibujarse. «Se nos ha perdido la Davis», repetían los aficionados españoles, venidos de toda la geografía nacional y nacidos en Inglaterra o Países Bajos, en la última eliminatoria que disputó España, ante Francia, precisamente en Lille.

En Lille, donde un centenar de seguidores se vistieron de negro en la semifinal ante España para confirmar el luto por una competición que ya no será igual, se acaba este fin de semana una época. Larga, fructífera, especial para los cientos de tenistas que han disputado alguna de sus eliminatorias. Desde su origen en 1900 hasta su resolución este domingo en el estadio Pierre Mauroy, tenistas de toda condición encontraron una oportunidad para hacerse grandes defendiendo la camiseta nacional. Otros, como Manolo Santana o incluso Rafael Nadal no serían todo lo que hoy son sin este torneo por equipos.

Conquistar uno de sus títulos elevaba la moral y el prestigio internacional. Por eso España fue durante una década prodigiosa el referente y nivel de todas las cosas. Desde que un imberbe Nadal portara la bandera en la edición del año 2000, donde Juan Carlos Ferrero convirtió su revés paralelo en una imagen para la historia porque con él venció a Lleyton Hewitt (en tres horas y 36 minutos: 6-2, 7-6 (5), 4-6 y 6-4). Con ese revés, la primera Ensaladera. Primer triunfo para un grupo irrepetible.

A partir de ahí, la hegemonía española se sucedió con los éxitos de 2004, donde se bautizó el propio Nadal con una victoria para el recuerdo contra Andy Roddick (6-7 (6), 6-2, 7-6 (6) y 6-2; 2008, con los extraordinarios Fernando Verdasco y Feliciano López en Argentina; 2009, con un arrollador 5-0 a República Checa; y 2011, con aquellas cinco horas del mejor Ferrer ante el mejor Del Potro y la puntilla de Nadal. Incluso hubo final en 2012. Sin premio. Como cuando el tenis español era solo cosa de pioneros. Cuando la Davis era en blanco y negro, y los partidos llegaban a grabarse en el imaginario colectivo aun sin verse en directo. Aquella Davis que se consolidó a fuerza de honor y espíritu de nación.

Portada y salida a hombros se merecieron Manolo Santana y José Luis Arilla tras derrotar a Estados Unidos en el Real Club de Tenis Barcelona en 1965. «Santana no pudo ocultar su emoción y lloró de alegría, rico llanto para el deporte español», rezaba la crónica. Con la victoria ante India se ganó el pasaporte a la primera gran final, contra Australia, en Australia. Allí, Santana batalló cuanto pudo contra Fred Stolle antes de caer por 10-12, 6-3, 4-6 y 6-1. Juan Gisbert y el propio Santana con Arilla perdieron los siguientes encuentros. «Otra vez será, señora», titulaba ABC. La semilla ya estaba allí.

Dos años después, la oportunidad de revancha. Sin embargo, Emerson y Newcombe consolidaron su hegemonía. Y toda una generación perdió la esperanza. Hasta el año 2000. Más de tres décadas después y con la Davis ya en color, España, por fin, doblegó a la historia. En el Palau Sant Jordi, contra Australia. Campeona de Copa Davis. Nivel y moral por las nubes, trampolín para las otras cuatro Ensaladeras.

Todo aquello quedará en la hemeroteca. El lunes comenzará la «nueva Davis». Con una sede única que acabará con la colorida batalla que se libra siempre en las gradas. Con un calendario comprimido en una semana, a final de año, cuando el número de partidos acumulados se agarrota en las piernas. Un nuevo espectáculo que tendrá que ganarse el prestigio, la elegancia y el honor de todos los que han defendido con garra el formato que baja el telón tras 118 años de éxitos, alegrías y orgullo colectivo.