Si Djokovic fuera Mourinho
La Modelo Camila Alves, mujer del actor Matthew McConaughey, en la Caja Mágica - ABC
MUTUA MADRID OPEN

Si Djokovic fuera Mourinho

Nadal libró gracias a que las caderas no mienten, pero los vip, entre ellos Borja Thyssen, hiceron caja (mágica)

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La periodista británica Kate Adie decía que las tres palabras más deprimentes del idioma inglés eran «Come on, Tim». Por Tim Henman, el tenista de las islas ya retirado que, como mucho, llegó a las semifinales de Wimbledon. Ayer, las palabras más deprimentes del idioma español fueron «Vamos, Andy». Por Andy Murray que, gracias a la retirada del argentino Del Potro, jugó contra Bellucci, y no es la tía buena, que la única del género en la Caja Mágica (si no contamos a la novia de Forlán, y a Forlán) fue Camila Alves, mujer de Matthew McConaughey, que vino a hacerse fotografías con un cochazo. Un clásico, las chicas guapas y los coches. Pero al grano. Que Murray jugó a la hora en que debía haberlo hecho Nadal con Del Potro.

Mucho que viene el lobo/potro y va y se lesiona. En la cadera, y eso que no es Shakira. Si Federer o Djokovic fueran Mourinho dirían que el «caderato» es una conspiración para que Rafa avance. El caso es que ayer hubo Nada (l) por aquí, Nada (l) por allí. Y eso duele. Porque hay que ser muy british para preferir a Murray. Que lo mismo lo era (british) Borja Thyssen, cuyo reverso del móvil es una Union Jack. Estuvo por la Caja Mágica con su mujer, Blanca Cuesta, haciéndose fotos con toda la chiquillería que se lo pedía. Ambos con vaqueros, camisas de cuadros y un sombrero de paja de la firma de vinos que los invitó (y de los vinos se fueron a un viperío de cervezas). Borja, con la camisa de cuadros y el sombrero de paja parecía el de los espárragos Carretilla.

Ayer hubo muchas celebridades. El actor, director y pintor Jordi Mollà estuvo viendo a Roger Federer, que este torneo lo juega en esquijama (aunque peor fue cuando le dio por vestir de marrón y de repartidor en el Open USA de hace unos años). Jordi Mollá estaba en silla de comunes, no en palco, cuyos asientos están forrados con tela brillante y almohadillados. «Para que los pijetes no se hagan daño en el culete», según decía un chaval a su novia al verlos. La mirada era la misma que la de la chusma francesa dieciochesca a Maria Antonieta. O la de los pasajeros de avión que viajan en perrera/turista cuando pasan por la zona de primera clase. Más people. Jose Toledo iba en la pandilla de los Thyssen. Elena Benarroch, por su cuenta. Y Andrés Pajares por la suya. Sólo falta Fernando Esteso.