Karolina Pliskova, con su entrenadora, Conchita Martínez
Karolina Pliskova, con su entrenadora, Conchita Martínez - BELEN DIAZ / DE SAN BERNARDO
MUTUA MADRID OPEN

Cada vez más mujeres ocupan el banquillo

Las entrenadoras del circuito profesional son exjugadoras con carreras estelares

MadridActualizado:

Atrás quedaron los años en que los premios de los tenistas superaban a los de sus compañeras. Ahora, hombres y mujeres perciben lo mismo en grandes torneos como los Grand Slams o el que se disputa esta semana en el Mutua Madrid Open. Pero, aunque el tenis se ha convertido en uno de los deportes más paritarios, la figura de las entrenadoras sigue siendo prácticamente inexistente.

En el circuito profesional masculino, «las únicas entrenadoras que hay son las madres de los jugadores», asegura Anabel Medina, capitana de Copa Federación. Por ahora, la única excepción que confirma la regla es Amelie Mauresmo, «coach» del joven Lucas Pouille y que preparó, entre 2014 y 2016, al gran Andy Murray. Pero el caso de la francesa no es habitual. «Ha sido entrenadora con un currículum espectacular: número 1 del mundo, ganadora de [dos] Grand Slams...», explica Medina, que cree que las mujeres requieren, todavía, de una carrera mucho más sobresaliente para recibir el mismo reconocimiento que los hombres.

Y es que las entrenadoras también escasean entre las tenistas. Medina ha sido una de las pocas mujeres que han continuado su carrera deportiva como instructoras: preparó a Jelena Ostapenko durante su etapa más brillante, cuando la letona ganó Roland Garros en 2017. Un idilio poco común que tiene su razón de ser en que la ex número 7 fue entrenada por su progenitora. «Yo estaba acostumbrada a entrenar con mi madre, quizá por eso era más fácil para mí tener una técnica mujer», aclara Ostapenko.

A este reducido y exclusivo grupo pertenecen también Conchita Martínez, entrenadora de la checa Karolina Pliskova –antes trabajó con Rennae Stubs–, y la tres veces ganadora de Grand Slams Lindsay Davenport, que preparó a la estadounidense Madison Keys. Todas ellas exjugadoras con carreras estelares. «Entre los entrenadores hay muchos exjugadores con un currículum espectacular, pero igual estamos hablando de un 20%», añade Medina.

Con movimientos tan globales como el #MeToo, es extraño que este tsunami igualitario no haya arrasado con el tenis también. Pero en este deporte, la maternidad se convierte en un impedimento para que las jugadoras, que gozan de una vida longeva en las pistas, prolonguen su carrera formando a las siguientes generaciones. «Depende mucho de la situación personal de cada una, si una jugadora quiere ser madre, no es tan sencillo», explica Medina.

Eso fue lo que ocurrió con Virgina Ruano, una de las mejores tenistas españolas del circuito de dobles, que estiró su carrera hasta los 38 años; si quería continuar en los banquillos, debía seguir viajando. «La idea de formar una familia no era compatible», explica Ruano, madre de una niña de cuatro años. «Mi decisión ha sido estar con mi hija». Para ella, estas bajas cifras de representación tienen una simple justificación: «Cambiará el día en que las mujeres decidan ser entrenadoras».

Cada preparador es diferente, pero es incuestionable que una entrenadora puede «aportar lo mismo a un hombre que a una mujer», señala Ruano. También es cierto que la experiencia suma puntos. Pero, claro: «Hace muy poquito que las mujeres empezamos, vamos con un retraso de 15 o 20 años», apunta Medina, convencida de que «ahora es el inicio de la mujer como entrenadora».