Boris Becker reconoce que vivió dominado por las pastillas y el alcohol
BERLÍN. «Mi problema eran las pastillas para dormir», reconoce Boris Becker -tres veces vencedor del torneo de Wimbledon- en su autobiografía, según un adelanto que publicó ayer el diario «Bild». El ex tenista alemán (35 años), que pretende vender más de 150.000 ejemplares dada ... la expectación que ha despertado el libro, asegura que tomó pastillas y alcohol para combatir la enorme presión a que se veía sometido por el mundo del tenis.
En el libro, titulado «Augenblick, verweile doch» («Un momento, quédese un rato»), cuenta que le habían recetado unas pastillas para dormir llamadas «Planum» y que muy pronto se convirtió en adicto a ellas. La costumbre de medicarse se produjo en 1987, en uno de los peores momentos de su carrera, y se prolongó hasta 1992.
El médico del equipo alemán de Copa Davis, Joseph Keul, le advirtió de que todo atleta necesitaba entre ocho y nueve horas de sueño para estar en forma, lo que le llevó a probar el medicamento. «Contra la falta de sueño estaba el «Planum» y contra el dolor había otras pastillas. Contra la soledad, las mujeres y el whisky ayudaban».
Un calendario infernal
Relata Boris Becker que, «incapaz de resistir la presión de un calendario infernal, con tres o cuatro torneos al mes y el cansancio debido al «jet-lag» y el estrés», optó por la vía de las pastillas, decisión que provocó graves problemas en su personalidad. «Durante muchos años viví con ello. Hacia el final me despertaba en mitad de la noche porque el efecto sólo me duraba tres o cuatro horas. Entonces tenía que tomar dos. Pero nadie sabía que la química me adormecía».
La situación llegó a ser preocupante porque los fármacos generaron en Becker una tendencia a la melancolía y a la depresión que incluso le impedía alegrarse en los momentos de sus grandes victorias. Sus problemas con el sueño y su adicción llegaron a ser tan importantes que hasta le afectaron antes de algunos partidos, como en la final de Wimbledon contra el sueco Stefan Edberg en 1990.
«La noche antes del partido -narra-tomé mi dosis, pero a las cuatro de la mañana estaba despierto. El entrenamiento previo estaba fijado para las once, así que tenía tiempo para otra dosis». El resultado de esta segunda pastilla fue que el tenista se despertó a las 10 y media, llegó al partido en una situación parecida al sonambulismo y perdió los dos primeros sets por 2-6 y 2-6. «Luego desperté y gané los dos siguientes, pero al final lo perdí todo, hasta el sueño de la siguiente noche».
Montaña rusa en la cabeza
El alcohol también marcó esos años de la vida del ex campeón de Wimbledon, que recuerda uno de esos días bajo su efecto: «Fue durante una fría noche de octubre cuando le pedí a mi mujer que me disparara -cuenta-. Estaba parado casi desnudo en la terraza de nuestra casa de Múnich y no podía parar la montaña rusa que rodaba en mi cabeza. Por la tarde había estado en el «Oktoberfest» (fiesta de la cerveza) y había bebido mucha cerveza con aguardiente»,
En otra parte de sus memorias el tenista rememora su relación con la modelo rusa Angela Ermakova y «los cinco minutos» que le arruinaron la vida, como él mismo subraya, en junio de 1999. Fruto de esta relación nació Anna, hija a la que Becker reconoció como padre y que provocó el divorcio del deportista.
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