WimbledonNadal y Bautista, historia en verde

El castellonense y el balear firman la mejor edición de Wimbledon para el tenis masculino español, pues nunca habían llegado dos a semifinales

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En este Wimbledon que envejece y va perdiendo la esencia del juego de saque y red, España crece, se hace más fuerte que nunca y desafía a la historia porque, en la «peor» superficie para los tenistas nacionales, hay dos en semifinales. Es la primera vez, en el circuito masculino, en este torneo cargado de tradición que rompen Roberto Bautista y Rafael Nadal con una semana y media de exhibiciones sobre el verde que quieren redondear el domingo, imposibles de frenar las ganas de ver una final española en la hierba londinense.

Porque por estas pistas, que se inauguraron en 1877, pisaron esta ronda Manuel Alonso en 1921, Manolo Santana en 1963 y en 1966, Andrés Gimeno en 1970 y Manuel Orantes en 1972. Después llegó Nadal (en 2006, 2007, 2008, 2010, 2011 y 2018). Pero hasta la fecha, todos habían navegado solos, sobre todo el balear, en este tenis del siglo XXI. Ahora tiene un compañero fuerte y capaz que rompe su techo en un Grand Slam y más allá. Nunca tan lejos Bautista. Nunca tan fuerte. Nunca tan convencido. El sexto nombre español masculino en semifinales.

«Estar en semifinales los dos es un momento especial para el tenis español. ¿Hacía cuánto que no pasaba? Nunca en masculino. Es muy especial porque además es en una superficie que siempre ha sido complicada», se expresaba Nadal sobre el hito compartido. Y más, por el protagonista que lo acompaña. «Estoy encantado de que sea Roberto Bautista el que haya conseguido esto. Después de todo lo que ha vivido no puedo estar más feliz, se merece lo mejor».

Y lo mejor es estar en semifinales de un Grand Slam por primera vez en su carrera. Una proeza ganada a pulso en una batalla contra los imposibles y contra sí mismo. Porque el castellonense tenía tenis, pero le faltaba esa convicción que le llega ahora con 31 años y con la que acabó con las esperanzas de otro novato en tierras tan doradas, Guido Pella.

Bautista, sin vacaciones

Fue la cabeza, por encima de la raqueta, la que guió al castellonense en un encuentro parejo en estilos y en presión. Fue el más firme al servicio, desde el fondo y hasta para aguantar los nervios de estar en lo mejor del torneo, con los mejores. Pero tanta es la sorpresa que a su entrenador, Pepe Vendrell, le impacta la atención recibida y su pupilo confesó que ni siquiera entraba en su agenda continuar en Londres a estas alturas de competición. «Tenía planeado estar en Ibiza ahora mismo. Teníamos todo organizado. Mis seis amigos están allí, pero se siente mejor estar en Londres», sonreía el 22 del mundo, feliz en la hierba, y con la confianza por las nubes. «He empezado con muchas ganas. He sido superior a Pella en el primer set y me ha angustiado un poco verme con el 5-4 abajo porque sentía que estaba siendo mejor. Tras ganar el primer set y el segundo he tenido un pequeño bajón. Pero me he podido recuperar y estoy contento por haber sido capaz de superar tantas dificultades», continuaba el castellonense, aparcadas las vacaciones en el Mediterráneo.

Tampoco pretendía volver a su mar Rafael Nadal. Todavía le quedan muchos trucos que mostrar en este año en el que, tanto él como su equipo, derrochan convicción de que esta vez sí, sí que habrá título en sus manos.

Estuvo cerca en 2018, y solo Djokovic y un techo cerrado se lo impidieron en unas semifinales que se dividieron en dos capítulos. En este 2019 todavía pasea más firmeza en sus encuentros en los que solo se ha dejado un set, ante Nick Kyrgios. Ayer, apagó la pólvora de Sam Querrey, el último cañonero de esta edición, con esa capacidad que exhibe y mejora con la edad de apreciar hacia dónde irá el bote de la pelota y situarse en la mejor posición para contraatacar con la misma potencia.

Si al estadounidense solo le habían robado una vez el servicio, el español lo hizo en seis ocasiones. Tres en la primera manga, alargada porque Querrey mostró que no solo tiene saque, sino que también puede lucir muñeca y toque cuando es preciso. Dos en la segunda y otras dos en la tercera. Y sin la consistencia del primer golpe -abandona Wimbledon con 122 «aces», líder absoluto-, los 198 centímetros de altura del 65 del mundo quedaron anulados y sin reacción. «Estoy jugando con mucha intensidad, saco y resto muy bien y reconozco que estoy contento por haber llegado hasta aquí y de cómo estoy jugando», analizaba tras el encuentro, hoja de estadísticas en mano porque hay que seguir. «Si me hubieran preguntado en Montecarlo si estaría aquí, creo que hubiera dicho que no. En Roland Garros quizá sí porque estaba jugando bien. Son sensaciones».

Toca avanzar en las historias personales. Para Bautista, Novak Djokovic. Para Nadal, Roger Federer. Pero también en la conjunta. En la Catedral, pocos escenarios mejores para escribir juntos un precioso capítulo del tenis español masculino, pues Lilí Álvarez y Garbiñe Muguruza alcanzaron esta ronda, pero quienes celebraron celebraron una semifinal juntas fueron Conchita Martínez y Arantxa Sánchez Vicario, en 1995.