Alex Corretja y Carlos Moyá, después de la histórica final de 1998 REUTERS

Alex Corretja, campeón del Masters en 1998: «En aquella final con Carlos Moyá rompimos un tabú»

No es el único jugador español que ha ganado el Masters, pero sí el único que lo ha logrado en pista cubierta. Antes que él lo consiguió Manuel Orantes, en 1976 (Houston), pero sobre tierra batida. Corretja demostró que los españoles también podían ganar en otras superficies

DOMINGO PÉREZ
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MADRID. En 1998 el tenis español vivió un sueño maravilloso. La final de Roland Garros (Moyá y Corretja) se repitió en el Masters de Hannover, pero allí se rompieron todos los moldes porque se jugaba en pista cubierta y sobre superficie rápida. Ese duelo inolvidable se lo adjudicó Alex.

- ¿Qué significó aquel triunfo?

- Rompimos un tabú. La pista cubierta y la superficie rápida eran para los españoles como algo imposible. Ganar en Hannover, pero sobre todo que hubiera dos españoles en la final, significó romper unas barreras que nos atenazaban. Abrió un camino y demostró que nosostros también podíamos hacerlo bien en esas condiciones.

- ¿Y para usted?

- Es lo más grande que he logrado en mi carrera. Ese año jugué a un altísimo nivel, mejor que nunca. La final de Roland Garros no fue una decepción, porque me conformaba con haber llegado. Me llevé un golpe mucho más duro en el US Open, cuando volví a perder con Carlos en octavos. Estaba destrozado y le dije a mi entrenador (Javier Duarte): «¡Vaya palo! Este año estaba convencido de que ganaba algo grande y, sin embargo, ya no me queda nada». «Como que no -me contestó- . Te queda el Masters». Ni siquiera lo había pensado. Lo veía imposible. Eso me lo dijo en septiembre y a finales de noviembre, el día antes de comenzar el Masters, me recordó: «¿Te acuerdas de lo que hablamos en Nueva York? Pues tienes tenis de sobra para ganar aquí. Ahora todo depende de tí».

- ¿Cuál es el recuerdo más vivo que guarda de aquel Masters?

- Cuando eliminé a Sampras. Él venía de arrasar en su grupo. Jugando de maravilla. Se había asegurado por sexto año consecutivo el número uno. Fue un partido increíble que tuve que remontar, donde salvé tres bolas de partido... Sin embargo, al acabar apenas lo celebré. No hice ni un gesto de alegría. No quise hablar con nadie. Ni amigos, ni Prensa ni nada. Me fui al hotel y desde las siete de la tarde me quedé en mi habitación descansando y pensando en la final. Quería el título y creo que empecé a ganarlo en ese momento, aunque luego el partido con Carlos también resultó épico.

- ¿Qué se puede esperar de Moyá, Ferrero y Costa en Shangai?

- Cualquier cosa. No descarto nada. La igualdad en el tenis es tan grande que no valen los pronósticos. Albert, sobre el papel, es el que menos posibilidades tiene, pero si gana el primer partido a Hewitt puede ser capaz de cualquier cosa. Carlos está pletórico. Este año ha jugado su mejor tenis, mejor incluso que cuando llegó a número uno. Está muy agresivo y muy convencido de su calidad. Juan Carlos lleva un par de años rozando la gloria y haciendo méritos para conseguir algo grande.

- ¿Cuál es su consejo?

- Que vayan partido a partido. A estas alturas estarán muy finos de tenis, pero saturados. La cabeza será decisiva.