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Masters 1.000 Shanghái

Dos semanas para volver a ilusionarse

A pesar de caer ante Tsonga en semifinales, el balear observa pasos hacia delante y se marcha con mucha energía de la gira por China

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Terminó en el suelo por un resbalón a principio de partido. Se cambió de zapatillas, pero el patinazo se rubricaría dos horas y cuarto después: Rafa Nadal se despedía del Masters 1.000 de Shanghái ante Jo-Wilfried Tsonga. Después de dos semanas de gran tenis en la gira asiática, con la final del Abierto de China y su llegada, por fin a unas semifinales en pista rápida, el francés se imponía a su voluntad de seguir al alza en su mejoría. Pero todavía falta.

A pesar del resbalón, el tenista balear sale contento de Shanghái, donde ha acumulado minutos de calidad con su tenis: ha recuperado los golpes ganadores con su derecha, también el revés. Buenos partidos y victorias importantes sin sufrimiento, como la batalla contra Ivo Karlovic o los cuartos de final contra Stanislas Wawrinka. «Soy positivo y estoy feliz de cómo he hecho las cosas en toda la gira y de cómo he jugado hoy [por ayer]. Después de un año que evidentemente no está siendo el mejor posible, a estas alturas estar el quinto significa cosas muy positivas», explicaba el balear, con buena cara ante la derrota.

Puede ponerla porque conquistó la final del Abierto de China hace una semana, donde solo el incombustible Novak Djokovic pudo parar su progresión. Y con un notable partido a pesar de lo que dice el resultado (6-2 y 6-2). «Djokovic está en otra liga ahora mismo para mí», confesaba el 7 del mundo después del duelo. Siete días después alcanzaba las semifinales en Shanghái. Una ronda a la que no llegaba sobre pista rápida desde Miami del curso pasado. Una muestra más de que el esfuerzo está dando sus frutos.

En Shanghái, se sobrepuso a un inicio de bombarderos: Karlovic (7-5, 6-7 (4) y 7-6 (4)) y Milos Raonic (6-3 y 7-6 (3)). Wawrinka, en cuartos, no pareció ni la sombra de sí mismo ante las aspiraciones del balear y sucumbió por la vía rápida (6-2 y 6-1). Y a las puertas de la final tocó en suerte otro tenista portentoso con un servicio frenético en superficie rápida: Tsonga. El francés, que demuestra lo mejor y lo peor en cada encuentro, jugó a impulsos de brillantez y oscuridad que terminaron con 40 golpes ganadores y 40 errores no forzados. La inspiración, para desesperación de Nadal, llegó en los momentos claves: «No he perdido ni por ansiedad ni por malas decisiones. He tenido la cabeza bien como para rectificar después de unos malos seis primeros juegos. Tuvo demasiadas veces la ventaja sobre el punto, y estuvo en mejores posiciones que yo, por eso se me hizo más difícil. Después creo que ha sido todo muy positivo», analizaba el balear.

«Rosco» y doble falta

La remontada dibujó al Nadal de los días de alegría. Siete juegos consecutivos para endosar un 6-0 a su rival y pintar con buenos presagios un tercer parcial que se adivinaba favorable. El tenis, la confianza y los golpes ganadores -firmó 22 al final del encuentro-, impulsaron sus deseos de otro duelo con Djokovic por el título. Pero todavía falta.

Porque en tiempos no demasiado lejanos, eran los rivales los que temblaban ante su presencia, los que temblaban ante el vértigo de superarlo. Ayer fue Nadal quien cedió a la presión. Tsonga regresó a sus erráticos impulsos, pero llevó la contienda hasta el límite. Allí, donde otrora no había secretos para el balear, el balear resbaló. Con empate a cinco en la manga definitiva, con su servicio, una doble falta inoportuna, la única en su cuenta. Una desconexión que todavía falta corregir en esta versión de Nadal. El francés olió el miedo, la sangre, y utilizó sus saques para rubricar la victoria. «Solo ha jugado un poquito mejor que yo. Es una de las pistas más rápidas del año, y sacando como ha sacado en el tercer set, se ha llegado al límite. Ahí, él ha ganado», ese límite, lo que todavía falta perfilar.

Y sin embargo: «Lo mejor es la sensación de que las cosas se han hecho bien, de que he jugado bien, y he conseguido ganar buenos partidos. Solo he perdido el servicio tres veces en todo el torneo, y eso significa que estoy jugando bien, con la determinación adecuada. Me voy con energía positiva para encarar la parte final del año», analizaba después el balear. Todavía falta, pero termina dos semanas para ilusionarse.