Vídeo: Zidane sigue esperando a que el club se desprenda del galés

Real MadridGareth Bale, la leyenda que no fue

Fichado para compartir con Cristiano el liderazgo del equipo, nunca hizo sombra al luso y se irá del Madrid sin dejar la huella que sí merecen sus goles

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Si nada se tuerce, Gareth Bale dejará de ser jugador del Real Madrid en las próximas horas. Su paso por el club blanco dejará un reguero de éxitos –14 títulos y 102 goles en seis temporadas– empañados por las lesiones. Dolencias demasiado habituales para un jugador que aspira a ser la referencia del equipo. Ausencias que recortaron su importancia en la historia del club hasta hacerla casi común. Hasta convertirle en uno más de los cientos de grandes jugadores que pasaron por el Madrid. Una leyenda que no fue.

Porque el principal problema de Gareth Bale no han sido sus logros, mayúsculos si los comparamos con los de otros cientos de jugadores, sino el haberse quedado muy lejos de las expectativas que se crearon con su fichaje en 2013. El más caro de la historia del club hasta la llegada de Hazard. Nunca 100 millones pesaron tanto a un jugador que ha vivido constantemente a la sombra de Cristiano Ronaldo y que no aprovechó la marcha del portugués para mostrar su auténtica valía. Aquella que llevó al Madrid a tirar la casa por la ventana para sacarlo de Londres y convertirlo en uno de los futbolistas mejor pagados del mundo.

A Bale le pesó la responsabilidad dentro y fuera del campo. Apenas tiró del equipo sobre el césped y también le faltó sacrificio fuera de él. Lesionado frecuentemente, su falta de cuidado y sus recuperaciones atropelladas no le ayudaron a ganarse un lugar en el corazón de los aficionados. Para ellos, Gareth nunca fue uno de los más queridos. Ni siquiera en aquel 2014 en el que se convirtió en el héroe de la final de Copa ante el Barcelona – tremenda su cabalgada desde el campo propio superando a Bartra para marcar el gol del triunfo– y en el verdugo del Atlético en la final de Champions de Lisboa. Pocas veces se escuchó el nombre del galés en las gradas del Santiago Bernabéu, donde tuvo más detractores que fieles.

Solo el club le mantuvo su apoyo desde el principio, convencidos de su potencial, a la espera porque aquellas cabalgadas por la banda izquierda del Tottenham que enamoraron a media Europa se trasladaran al Bernabéu. Algo que solo ocurrió a cuentagotas. Suficiente para desdeñar algunas buenas ofertas por él, de esas que ahora se añoran en los despachos de Chamartín. El United soñó con él durante años. Incluso Mourinho –entonces al frente del conjunto inglés– llegó a tentarle durante una gira de verano en la que coincidió a pie de campo con el galés. Se encontró con la negativa del Madrid, que ahora mira a China como principal vía de salida para el extremo.

Desencuentros con Zidane

Bale llegó al Madrid en 2013 como un icono. Su rostro ocupaba entonces una valla publicitaria gigante en Times Square, el mayor escaparate del mundo. Valor comercial que fue decreciendo con cada recaída. Con cada nueva lesión. La devaluación de Bale ha seguido caminos paralelos en la parcela económica y en la deportiva. Solo en Gales ha mantenido su estatus de superestrella. De hecho, fue en Cardiff, en la final de la Champions de 2017, cuando el futbolista se llevó uno de las primeras decepciones con Zidane. Una lesión le hizo llegar justo y, aunque terminaría jugando los últimos minutos, el técnico francés no le puso como titular en aquel partido contra la Juventus que se jugaba en su casa, ante sus paisanos.

No fue un desencuentro pasajero, porque la siguiente temporada ya se vio que la sintonía entre ambos no era la mejor. Bale no fue nunca más titular indiscutible con el galo. Tampoco lo será este año. La presencia del futbolista en el palco en el primer amistoso de la pretemporada y las declaraciones de Zidane tras el duelo – «el club está tratando su salida. Si puede ser mañana, mejor para todos»– sentenciaron al galés, cuyo adiós es inminente. Marcha que deja un hueco que el entrenador ya tiene claro cómo cubrir. Le sobran alternativas. Y compromiso. Justo lo que le faltó por momentos a Bale, el aspirante a leyenda madridista que se quedó por el camino.