Bale, atusándose su moño en Butarque
Bale, atusándose su moño en Butarque - EFE
Real Madrid

El moño de Gareth Bale

El futbolista galés pega sus últimos coletazos como madridista con una actitud bastante reprobable

MadridActualizado:

La imagen de Bale en la banda de Butarque, calentando más preocupado de cómo tenía atado el moño que de ponerse a tono para estar listo a la llamada de Zidane, es una más de la lista de imprudencias del galés como jugador del Real Madrid. A Gareth nadie le podrá borrar del centro de la foto de noches como la final de Copa en Mestalla, de 2014, la final de Lisboa, ese mismo año, o la de Kiev, el pasado, pero no será un jugador que deje un vacío en el Bernabéu y en el madridismo.

En una temporada en la que en el club se le designó como el nuevo futbolista franquicia tras la marcha de Cristiano, Bale ha dejado latente que no tiene alma ni carisma para ocupar ese rol. Al menos en el Real Madrid. Además, tampoco ha sido ni es el compañero modelo que se espera de un futbolista señalado para tirar del carro. Cuando no está lesionado, que suele ser un tercio de la temporada, que ya es preocupante, considera indiscutible su titularidad, y la realidad ha demostrado que su estilo de juego, más individual que asociativo, no encaja en el club blanco.

Cierto es que hubo momentos oportunos en los que sus innatas condiciones físicas y su capacidad goleadora le hicieron un hueco en la historia reciente del Madrid, pero Bale es un futbolista de ola ganadora. En cuanto el agua le tira de la tabla, se hace pequeño y se esconde en excusas de mal surfista.

Sus 25 minutos de calentamiento en Leganés, unidos a sus 10 minutos sobre el verde sirvieron, un día más, para confirmar que no tiene sitio en el futuro Real Madrid, algo que ya vio Zidane la temporada pasada pero no el club, que tras la dimisión del técnico francés y el adiós de Cristiano creyó en Bale como nuevo líder blanco. Doce meses después, la entidad ya ha tenido tiempo de sobra para darse cuenta que Zidane tenía el diagnóstico adecuado.

Ahora queda la parte más difícil, que es vender al galés, un futbolista que tras la final de Kiev se habría ido fácilmente a los 150 millones de euros y que ahora será bastante más complicado de sacar por ese dinero. Los 120 'kilos' serían una buena caja para amortizar los fichajes que están por llegar. Ese es el objetivo, además de librarse de una de las fichas más altas de la plantilla, situación idónea para que este lugar lo ocupe algunas de las estrellas por venir. Hazard, verbigracias.

Mientras tanto, el agente y el propio jugador deslizan, como ya ocurriera en su primera etapa, que Zidane no está siendo justo con Bale. Para Gareth, jugar diez minutos en Butarque no es el mejor modo de ayudarle a encontrar su mejor nivel, ese que le demuestre a Zidane que está equivocado en su análisis. Una muestra más del mundo irreal en el que vive un futbolista más preocupado del golf que de su profesión y que se va a ir de España sin decir tres palabras en castellano tras seis temporadas en la capital.