Los goles de Despeñaperros

Zinedine Zidane vale tanto como su último partido, que lleva siendo el mismo desde hace una eternidad

Ignacio Ruiz-Quintano
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En el Hollywood verdadero se decía que un hombre vale tanto como su última película. Zidane vale tanto como su último partido, que lleva siendo el mismo desde hace una eternidad: un portero que hace el gamba y Benzema que golea a lo Van Basten. Ayer fue al Bilbao, que una vez tuvo a Iríbar y ahora tiene a Herrerín.

Para amenizar el tiempo muerto de esta temporada absurda el Madrid ha escogido a Zidane, quien en dos meses que parecen dos años todavía no ha dado para un titular de prensa. Esto no es lo que se espera de un verdugo, aliciente que vende la propaganda, en su empeño por evitar que el Bernabéu parezca el de aquel Madrid-Nápoles, de septiembre del 87, que se jugó sin público en castigo de la UEFA por el pisotón de Juanito a Matthaus.

Como verdugo, pues, suspenso para Zidane, el hombre del Casting. De alguien que va a cortar cabezas en el Madrid (ése sería el suspense) se espera una apostura a lo Charles-Henri Sanson, el verdugo de la guillotina, y no el muermo de un jefe de recursos humanos barajando un ERE

-A propósito de la guillotina -le contaba una vez Alfred Hitchcock a Peter Bogdanovich-, he leído en alguna parte una cosa de un verdugo chino muy famoso, que era tan rápido y hábil en su trabajo que en una ocasión el condenado subió los escalones del cadalso y el verdugo se situó detrás de él y administró el golpe con un gesto rápido, con una espada muy fina, y el hombre dijo: «Señor verdugo, no me haga esperar en mi agonía». Y el verdugo dijo: «Asienta usted, señor, si es tan amable». El hombre lo hizo así y se le desprendió la cabeza. ¿A que es espantoso?

Ése es el verdugo que merecería Bale, si ha de morir por el bien del nuevo Madrid de Zidane, montado sobre la inteligencia de Pogba (un Balotelli de brega) y la fuerza de Hazard, que será la tumba de Vinicius, quien ni siquiera ha tenido tiempo de disfrutar del paraíso que los dioses reservan para sus elegidos, como por ejemplo Joao Félix, la clase de crack que no gusta a Zidane, cuyo gusto tira más hacia el entusiasmo humilde de Lucas Vázquez, el Colibrí de Curtis.

-El éxito -dice Joao Félix- me ha ayudado mucho con las chicas. A menudo, en redes sociales me envían fotografías, algunas incluso salen desnudas. No pienso en buscar novia, todavía soy muy joven. Hay tiempo para todo.

Joao Félix, el primer futbolista que lo fascina a uno en mucho tiempo, habla como Joselito Gallo, con quien tanto tiene.

-Algunas caen…, sí, señor… -contesta Gallito al Caballero Audaz, que le pregunta por las cartas de niñas atacadas de amor-. Yo acostumbro a contestarles a todas; pero jamás me aprovecho, de buenas a primeras, de una conuista hecha con el traje de luces… Como a mí no me interese la gachí, y yo note que después de tratarnos no le intereso yo a ella, ¡no hay de qué!... El traje de luces puesto en un pelele hace conquistas, pero ésas no son para mí; sin embargo, una que me escribe con frecuencia firmándose «Un mujer fea», y a la que no conozco, porque no da la cara, me tiene intrigado; daría yo algo por saber quién es esa «mosita»…

Durante la entrevista recibe seis cartas de admiradoras, y da a leer al Caballero Audaz la primera de la serie: «Señor don José Gómez Gallito. Atrevimiento es en mí dirigirme a usted sin que hayamos hablado jamás… Desde que toreó usted por primera vez en Madrid, no he dejado de verle una tarde… Yo no sé si su simpatía o su valor me han ilusionado con la idea de que algún día hablásemos… ¿Quiere usted? En tal caso, y para que yo no me tire una “plancha”, en la primera corrida que toree usted en Madrid ejecute en su primer toro la suerte del “galleo”. Esto querrá decir que desea usted conocerme, y entonces yo le facilitaré medios»…

-¿Qué pienso hacer? ¡Qué sé yo! Si me acuerdo, gallearé… Después de todo, a mí, ¿qué más me da?... Pero chico, lo que me trae a mal traer es ésa que se firma «Una mujer fea», y que no consigo saber quién es.

Entonces bajas de la nube y te encuentras con la tríada Modric-Casemiro-Kroos, el centrocampismo tractoril que Zidane pone a prueba en el partido número mil quinientos para construir su nuevo Madrid. Todo el mundo lo ve, pero todo el mundo confía en el Visitante Misterioso que guía la vida profesional de Zidane. Y si os gusta Mbappé, id dándole betún a Lucas, que es lo más parecido (porque lo manda VM) que vamos a tener. En cuanto a los «hat-trick» de Benzema, hijillos de Marco Van Basten y George Tawlon Manneh Oppong Ousman Weah (o sea, Weah), digamos lo que Manolo el del Bulto a la locomotora en Atocha:

-Esos c…, en Despeñaperros.

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