El final es el principio

Para despedir su Annus Horribilis el Madrid se trajo el Betis, un flamenquito para celebrar

Ignacio Ruiz-Quintano
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Para despedir su Annus Horribilis el Madrid se trajo el Betis, un flamenquito para celebrar.

–¡Es un «visioso»! –gritó Valdanágoras para ponderar el arte de Marcelo, que cedió a su portero un balón con su hombrera de Engelbert Humperdinck.

En Las Ventas, el sábado, Pablo Aguado, y en el Bernabéu, el domingo, el Betis, que pareció el Ajax de Rinus Michels (con Lo Celso jugando a lo Cruyff) ante un Madrid que es una tartana vieja con Benzema en el papel de pegatina de la ITV. Y lo peor de la situación no está en lo que hemos visto, sino en lo que nos queda por ver: esta pesadilla del final con Zidane sólo es el principio de lo que viene… con Zidane, ese Gestor de Egos que ha tenido el mal gusto personal de hacerle a Bale un «Materazzi», impidiéndole despedirse del Bernabéu, siendo una leyenda del club, aunque el piperío ovacione a Jesé y a Isco, las dos grandes ovaciones del domingo, festividad de San Ivo, patrono de los abogados. Tampoco es que un público así merezca otra cosa que Isco, Asensio y Lucas Vázquez, los tres ases reservados por Zidane para dar la vuelta al resultado de ayer.

El Madrid de Zidane ni saca ni mete la pelota: no tiene defensa, no tiene juego y no tiene gol. Su ataque se reduce a los empellones de Carvajal, que ataca como un japonés entrando al Metro de Tokio en hora punta.

–Es el fútbol, es el fútbol –repetía después del partido como un reloj de cuco Butragueño, que habla de las Copas de Europa como España del Imperio.

Todo está en manos del Visitante Misterioso que de madrugada visita a Zidane para darle instrucciones. Lo visto hasta ahora indica que le sobran los jóvenes y los que, mal que bien, han dado la cara este año. Se van todos para hacerle hueco a Hazard, que a Valdano le parece el mejor jugador del mundo, lo que nos da una idea de cómo están las cabezas del madridismo, porque las del antimadridismo no pueden mostrarse más contentas. Lo que viene, pues, más que un nuevo equipo, es una nueva edición de Gran Hermano. Tú coges al equipo que ayer perdió con el Betis, le metes en el medio a Hazard y a Pogba, y te sale el Madrid de Di Stéfano. De Pogba es mejor no decir nada, pero Hazard tampoco es un jugador que se eche un equipo a la espalda: Hazard es un jugador-narciso que carece de gol y competitividad, justamente las dos necesidades más apremiantes que tiene el Madrid, que habría llegado hasta esta situación por culpa de Mourinho, según la teoría de Viggo Mortensem, el intelectual de moda en España, que un día dijo:

–Mourinho destruyó al Real Madrid.

Con la autoridad que en su día le proporcionó este diagnóstico, el bueno de Viggo, un humanista que toca todos los palos de la baraja, escribía hace unas semanas una carta al Periódico de las Elites para decir que «hay que ser bastante ignorante para pensar que el uso del personaje de Aragorn de la trilogía cinematográfica ‘El señor de los anillos’ para promover la campaña electoral de un partido xenófobo de ultraderecha como Vox sería una buena idea», y hubo de salirle Hughes al corte para recordarle que el Aragorn lo sacó Tolkien de Roy Campbell, el poeta surafricano que en Toledo, donde vivía al estallar la guerra civil española, vio cómo los diecisiete monjes del monasterio carmelita fueron rodeados y fusilados en la calle: «Sus cuerpos se dejaron a la intemperie y fue él quien rescató sus archivos, entre los cuales figuraban los manuscritos de San Juan de la Cruz».

–Leer unas pocas páginas de Santa Teresa hace que uno lamente el naufragio de la Armada y la pérdida de la Inquisición –llegaría a decir Campbell.

La destrucción causada por Mourinho en el Madrid fue, según Viggo, de orden psicológico, y nunca se habría recuperado, de ahí los saltos por banda de Lucas Vázquez, las galbanas de Benzema y los pitos y flautas de Isco y Asensio, por no fijarnos en el insufrible muermo Modric-Casemiro-Kroos, una herencia que pretenden arreglar con Salah, un Jesé con malas pulgas. Que junten a Salah, Pogba y Ramos, y que la TV enfoque al vestuario, no al campo. Para el campo casi prefiero a Iñaki Williams, que va de cara («soy de Bilbao») y ha declarado sus ahorros en la tele, entre cinco y diez millones de euros, que es una cosa que declaraban en las entrevistas todos los artistas en tiempos del Caballero Audaz.

¡Bale, colócanos a todos!

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