El bar de Mou

Espasmos en la espalda

Ignacio Ruiz-Quintano
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Pogba aduce «espasmos en la espalda» para rebelarse en el United, que ha pedido sitio en los sótanos del Banco de Inglaterra para la talegada que le va a sacar al futbolista más sobrevalorado de la historia, y hay unos cuantos.

Lo de los «espasmos en la espalda» suena a magia afrocubana, pero la épica blanca no tiene límite, y ahí está el Madrid, reclutando «rebeldes» por el mundo como Lee Marvin en «Doce del patíbulo» que luego, en Madrid, resultan ser pacíficos jubilados dispuestos a disfrutar sus postreros años de vida futbolística en ambiente familiar de condumio saludable y honesto contubernio. Pogba, que es un Gravesen con «Rolls Royce» (su mal rollo con Mourinho, aparte su anarquía táctica, fue porque pretendía viajar en su «Rolls Royce» de coche escoba del autobús del equipo, ¡el Manchester United!), viene a Madrid con sus hermanos Mathias y Florentin, ¡Florentin!, para que astrólogos y flabelíferos echen sus cuentas triunfalistas a Florentino Pérez como Blas Botello se las echó a Cortés en la Noche Triste.

Con el rebelde Pogba (¡rebelde en Inglaterra, leal en España!) Zidane se nos aparece como un Millán Astray en la fundación del Tercio.

–Los primeros que llegaron fueron los catalanes –cuenta Millán Astray el arranque de su Tercio–. Son la esencia de la Legión. ¡Bendita sea Cataluña! ¡Que Dios lleve a buen camino a los descarriados y que el diablo recoja a los protervos! Pero prefiero mucho más que a todos los ampare el manto de la «Moreneta» que los cuernos y las garras de «Demoni».

Si Zidane hablara así en las ruedas de prensa, estaríamos salvados. Pero Zidane habla en las ruedas de prensa como el Madrid se mueve en el césped: puede estar quince días diciendo cosas sin dar un triste titular. El club ha invertido cincuenta mil millones de pesetas en suplentes para Lucas Vázquez, jóvenes talentosos cuya contratación sólo tendría sentido si se los pusiera en manos de Jürgen Klopp o Erik ten Hag, suponiendo que los estilos de Liverpool y Ajax fueran del gusto del piperío rampante. En cambio, Zidane nació futbolísticamente viejo. Como jugador al Bernabéu vino con 28 años y parecía mayor que Del Bosque; y como entrenador siempre se rayó a mitad de himno: «Club castizo y generoso, / todo nervio y corazón, / veteranos y… / veteranos y… / veteranos y…» Sus maestros fueron Lippi, Ancellotti, Del Bosque y Jacquet, que no son la Escuela de Salamanca del fútbol.

Cubierta la suplencia de Lucas Vázquez con Rodrygo, Vinicius y no se sabe cuántos más, falta cubrirle la espalda, y se impone una inversión de otros veinte o treinta mil millones de pesetas en Pogba, o en su defecto, de Van de Beek, que se parecen como un huevo y una castaña. ¿Por qué Van de Beek y no De Jong o De Ligt? ¿Por qué el United saca un Perú por Pogba y al Madrid no le dan un euro por Bale? ¿Por qué el espectáculo como de madres de la plaza de Mayo protagonizado por las viudas de Keylor? ¡La entereza ejemplar con que Keylor soporta la injusticia de poner en solfa su titularidad! Keylor hace paradas («paradones» en el entorno propagandístico de Ramos) de portero de equipo pobre, aunque esté pagado como portero de equipo rico (hasta el punto de que ningún equipo, y decían que estaba pretendido por todos, ha puesto un euro sobre la mesa para llevárselo).

–¿Qué tiene que hacer Keylor para recibir la consideración que merece? –pregunta el obispo laico de Bilbao–. De los aficionados ya la tiene. De los dirigentes, bastante menos.

«¿Purqué, purqué, purqué?»

–A mí también me dio pena dejar el Real Madrid –ha venido a decir Cristiano… en Madrid.

Claro que por Cristiano (¡a su edad!) pusieron cien millones en la mesa, y por el resto, no. El mercado del fútbol es como la feria de Torrelavega: a los veteranos del Madrid no les miran los «espasmos en la espalda», sino la nómina y la edad, las dos garantías de que la generación de las Tres Copas morirá de vieja en el Real Madrid. Hace tiempo que a esa generación se le fue, como a las gaseosas, el carácter. El carácter es el destino, dice Boris Johnson que dijeron los griegos, y él está de acuerdo. En su soberbio libro sobre Churchill cuenta una anécdota que nos acerca a la idea de un carácter: a uno de sus ministros lo sorprendieron «follándose a un guardia real en un banco de Hyde Park, a las tres de la madrugada y en pleno febrero». El Chief Whip corrió a comunicarlo a Churchill.

–¿He oído bien? ¿Me ha dicho usted que a fulano lo han pillado con un guardia del rey? ¿En Hyde Park? ¿En un banco público? ¿A las tres de la madrugada? ¡Con este frío! Hombre de Dios, lo hace a uno sentirse orgulloso de ser británico.

El mismo Churchill que en una ocasión pudo decirle a Alfonso Paso que dos cosas envidiaba de España: el Mediterráneo «y ese maldito Real Madrid».

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