El bar de Mou

Diez divisiones y una brigada

Ignacio Ruiz-Quintano
Actualizado:

Leo en un libro viejo que entre los militares expertos suele haber una fórmula llana y clara para definir la aptitud de los generales: -Le caben en la cabeza diez divisiones. O: -Es bravo, pero no puede mover más que una brigada.

Es lo mismo que puede verse en el fútbol, donde hay entrenadores con diez divisiones en la cabeza (Napoleón las organizaba mentalmente en el palco de la ópera, donde los demás se aburrían hasta las lágrimas) y entrenadores que no pueden mover más que una brigada, y parece ser el caso de Zidane, que ganó tres Copas de Europa con un equipo hecho y ahora tiene que hacer un equipo para ganar tres Copas de Europa, en lo cual ya lleva invertidos cerca de cincuenta mil millones de pesetas, que no está nada mal para un general de brigada. Mourinho, que venía de general de división, aspiraba a Bale y Ribéry y le trajeron a Pedro León («¡que no es Zidane!») y a Callejón, y cuando fichó a Modric en vez de a Cazorlita el «Arriba» del Régimen se arrancó al compás (marcado con el bastón de Relaño, que hacía de Antonio Chacón) con editoriales que ponían «negro sobre blanco» (esos editorialistas son tertulianos pasados por Malevich) el sabotaje de un portugués a la patria española del fútbol.

-Estoy muy emocionado con los nuevos fichajes -ha dicho Zidane por ahí fuera.

Su «limpieza de corrales» es histórica. Con el precedente de privarnos de Arribazalaga, portero titular de España, que venía gratis, para dejarnos con Navas y su chiquillo, Zidane aligera de españoles su brigada, desprendiéndose de Marcos Llorente, Ceballos, Reguilón… para hacer hueco al francés Pogba, al belga Hazard y al francés Mendy, que es torpe con los pies, como acreditó con los toques en su presentación, y con las manos, dando un «me gusta» a un tuitero que pedía «la deportación» de Lucas Vázquez, el Colibrí de Curtis, que es el verdadero tótem de este Real Madrid aspirante a Globetrotters, donde el «Globe» sería la chequera, y el «trotters», Lucas Vázquez, con ese trote suyo de «cabra mecánica», que dice Coto Matamoros.

Lo de Mendy con Lucas no es grave porque ya ha dado sus explicaciones. Lo de los toques con el balón, sí. Maradona se ganó a los futbolistas del Barça cuando, nada más entrar al vestuario, agarró un limón y estuvo media hora haciendo virguerías: su virtuosismo en el toque conquistó de tal manera a Perico Alonso (padre de Xabi) que decidió correr por él durante todos los partidos, y así lo hizo. Mendy, en cambio, ha entrado al equipo como un patoso, patoso del toque (los psicólogos de la prensa lo achacan a los nervios) y patoso de la adulación (los psicólogos del Twitter lo achacan al desconociminto del idioma), y la duda que invade a los piperos es si este tío es mejor que Reguilón, en quien creían haber descubierto otro Camacho. Si viene Mourinho y cambia a Reguilón por Mendy, la movida estaría ya en el Tribunal Supremo, previo paso por La Moncloa, sobre todo después de dejarnos en la gatera muchos pelos: Marcos Llorente en el Atlético, que si trae a Joao Félix la cosa se pone muy seria, y Ceballos dicen que al Milán. Ambos serán titulares en el Combinado Autonómico, que es un detalle que antes se valoraba mucho en el Madrid (¡jugadores por España!). De Ceballos nos acordaremos en la próxima «espantá» de Zidane, pues la gente de «espantás» no se conforma con pegar una sola. El Gallo las pegaba todos los días, Camacho las pegó dos veces y Zidane la pegará en cuanto su Visitante Misterioso se lo indique.

-No se preocupe, míster, yo tampoco quería trabajar con usted -dicen que contestó Ceballos (ser es ser diferente) cuando Zidane le dijo que no contaba con él.

En un equipo con Lucas Vázquez no cuenta Ceballos, y para tapar tamaña absurdidad se hace correr la especie de «la samba». ¡Que viene la samba! ¡La samba de Casemiro y Militao!

-Sin embargo, creo en Dios a pesar de todo, porque creo en el mal. Si hay mal, hay también Dios.

Ésta fue la conclusión de Ionesco, fundador del teatro del absurdo.

Ignacio Ruiz-QuintanoIgnacio Ruiz-QuintanoArticulista de OpiniónIgnacio Ruiz-Quintano