atletismo | Europeo de París

El renacimiento de Vivancos

El ibicenco acaba cuarto en los 60 m vallas tras una jornada que confirma a Jesús España como candidato a una medalla en los 3.000

PARÍS Actualizado:

Josephine Onyia era, sobre el papel, la única baza para el descorche de los Campeonatos de Europa en pista cubierta. Su opción era remota, pues la nigeriana nacionalizada salía de una lesión, de dos años en blanco, del yugo de una sanción por dopaje. Pero Onyia, a quien siempre le pasa algo en unos grandes campeonatos, falló en los primeros apoyos y arruinó sus opciones en las series de los 60 m vallas. A esa decepción, en la misma prueba, le dio la vuelta Felipe Vivancos. El ibicenco, redivivo, lamió el podio -corrió en 7.59, a dos centésimas del bronce-, acabó cuarto y dejó una gran impresión.

Vivancos ha sido el primer español en disputar una final en París. El vallista, discreto en una temporada sin competiciones, sin grandes rivales, sorprendió en las 'semis' con una salida bestial y una solida carrera que le dejó como ganador y con 7.56, mejorando en cuatro centésimas su ya vieja plusmarca, de 2005, cuando ganó la medalla de plata en el Europeo de Madrid.

De aquella medalla siempre se le recuerda que llegó después de que descalificaran a tres rivales. Y, después de aquel hito, el ibicenco se difuminó. Ahora, a sus 30 años, se ha quedado muy cerca de volver a subir al mismo podio. "Me ha fallado un apoyo. Si salgo igual de redondo que por la mañana, no se me escapa la medalla". De hecho, la plata, para el francés Darien, valió también 7.56. El oro se lo llevó el checo Petr Svodoba.

Vivancos, castigado por los franceses con un tímido abucheo -"sí, parecía que sí, lo he escuchado", afirmó-, exhibió un excelente carácter competitivo, la diferencia entre los ganadores y el resto, el matiz que deja satisfecho a Borja Vivas después de que se le encogiera el brazo en la calificación de peso, saldada con un lanzamiento de 19,40, a un mundo de los 20,18 que regaló en Valencia hace sólo dos semanas, una marca que hubiera estado a un centímetro del corte de los ochos que pasaron a la final. También cayó Manolo Martínez, lejos de sus mejores días, reclutado por Odriozola para hacer de capitán este fin de semana. "Me lo pidió el presi y aquí estoy, para ser yo mismo", aclaró el leonés, que teje los hilos entre los atletas españoles, recelosos con los 'galgos'. El capitán es otra víctima de un invierno hueco, con un solo mitin en España. "Yo he ido a tres controles y me ha tocado pagar". Vicente Docavo, con una actuación parecida a la de Vivas, reaccionó de forma diametralmente opuesta. El saltador castellonense tiró la zapatilla al suelo, fruto de la rabia, después de saltar 16,28 y quedarse a 33 centímetros del fantástico récord de España júnior de triple que firmó hace dos semanas.

El calculador España

En otra final, apuntando a las medallas, como Nuria Fernández, estará Jesús España. El madrileño, siempre tan sereno, un modelo de autocontrol, es el único español que logró dar el salto a la final de 3.000. El madrileño sólo tuvo momentos de angustia en las primeras vueltas, las de tanteo. "Siempre me pasa. Pero luego, en cuanto nos pusimos a correr rápido, volví a encontrarme cómodo, bien". Subido al tren que más le gusta, viajó confortable, aunque con algún susto fruto de las estrecheces de la pista cubierta y la falta de un rival poderoso que estire el paquete. Al final, España, todo experiencia, dejó que el azerbayano Ibrahimov, el segundo más veloz este año, y el francés Carvalho se pegaran por el triunfo en la semifinal más rápida (8:00.36) mientras él, calculando el mínimo gasto, apuraba la tercera plaza que le aseguraba pasar a la final de esta tarde (16.50 horas).

España se encontrará allí con el fondista más en forma de este invierno en Europa, Mo Farah, y un portugués infatigable, Rui Silva. "Para mí son los más peligrosos", anunció en alusión al británico, que viene de batir el récord de Europa de 5.000 en sala de Alberto García (13:10.60), y que defiende la corona en un invierno en el que se ha alistado en el grupo de Alberto Salazar en Estados Unidos, y al veterano luso que ha sido tres veces campeón de Europa 'indoor' en 1.500, entre otros muchos éxitos. Ambos coincidieron en la primera semifinal, en la que el cuarto puesto de Javier Alves fue insuficiente, igual que el séptimo de Víctor García en la última semifinal, la que dominó el francés Duran (8:01.24).

España no llega en un momento esplendoroso, pero no descarta subirse a un nuevo podio continental. "Vengo con intención de hacerlo", explicó, cauteloso, el madrileño, encantado de ceder el protagonismo, la atención, a otros.

La jornada dejó luces y sombras. La clasificación de los tres representantes españoles en las eliminatorias de 800 fue de lo más llamativo, con Kevin López, quien ganó en su carrera y señaló como favorito a su amigo y Luis Alberto Marco, segundo, y con David Bustos, quien pasó por tiempos, idéntica vía a la que siguió Élian Périz, que realizó su mejor carrera del año (2:03.56). Pero también hubo decepciones. La más sonada, la de Eusebio Cáceres. El alicantino, una de las grandes promesas del atletismo europeo, se hundió en el foso de longitud. Su mejor salto (7,81), a más de 25 centímetros de su mejor marca del año, no mereció un hueco en una final en la que entra con fuerza su compañero Luis Felipe Méliz. El cubano nacionalizado dominó el segundo grupo de calificación (7,94, su mejor registro este año) hasta que en el último salto, Teddy Tamgho, el flamante plusmarquista mundial de triple salto, que doblará en París, que estaba fuera de la final, estableció la mejor marca con 7,97.

Méliz, que se entrena con Juan Carlos Álvarez (estuvo toda la mañana junto a Iván Pedroso, quien prepara a Tamgho en Alicante), siente que éste puede ser su campeonato. "Sí, la verdad es que sí, aunque todos tenemos el objetivo de ganar".