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El Madrid cumple el expediente

Di María desnudó en el arranque a un Levante que sólo pensó en no salir goleado

Ignacio Tylko
MADRID Actualizado:

Victoria, dulce sueño a dos puntos del Barça, rotaciones y el equipo intacto, en lo físico y en lo anímico, para la gran cita europea del martes próximo en Lyon. El Madrid no hizo un partido muy brillante pero ese no era su objetivo principal ante un Levante que solo propuso defenderse para no ser goleado de nuevo, y jamás inquietó al chaval Adán. Abrió la victoria pronto, sentenció antes del descanso y luego a dormir, a pensar en la ‘Champions’ y en si al Athletic le da por complicarle la vida al Barça en el Camp Nou. Mourinho ya acumula nueve años sin perder un partido de Liga en casa. Casi una década desde que el Beira Mar la lío en Oporto.

Mourinho avanzó que haría algún cambio pero que no modificaría lo sustancial. Visto lo visto ante el rival más humilde de Primera, lo fundamental de este Madrid son sus alas, Cristiano y Di María. Prescindió de hasta seis titulares habituales el técnico portugués, incluido el sancionado Casillas, situó como pareja de medios centros a Lass y Khedira, una medida que tiene bemoles contra el Levante, relegó a Adebayor pero mantuvo a sus dos puñales. De su velocidad, de su voracidad y de su capacidad de desborde y remate, depende muy mucho este equipo de poca elaboración y mucha llegada.

Di María salió como una moto y rompió el partido enseguida. Para el fideo no hay huecos imposibles, ni defensas impenetrables, ni centros complicados. De largo, es el fichaje del Madrid más rentable del pasado verano. Y eso que llegó sin ser exigido por Mourinho, quien albergaba serias dudas porque le veía como un jugador enclenque y discontinuo en el Benfica. Tampoco el mal Mundial de Sudáfrica jugaba muy a favor del argentino. Pero desde el principio cuajó en el Madrid porque es uno de esos tipos que gustan a la grada, profundos y perseverantes.

Un 'fideo' letal

Abrió el partido en una gran jugada. Pasó por medio de dos defensores con facilidad inusitada, condujo con la izquierda y la puso con la derecha para que Benzema, muy atento esta vez, la empujara a puerta vacía. Demostró Di María por qué en el fútbol moderno los extremos juegan a pierna cambiada. Así se pierde desborde hacia afuera pero se ganan esas diagonales que destrozan a las defensas y facilitan los golpeos a puerta. En el primer tiempo, dio otros dos pases maravillosos a Cristiano que no fueron gol porque el portugués falló en el control o en el remate de primeras.

De Ronaldo hay poco que decir a estas alturas. Es un jugador incapaz de dosificarse. Era el Levante, pero había cuentas pendientes. Y si algo motiva al portugués son los piques con los rivales. No le importó volver a pelearse con Ballesteros, uno de esos centrales clásicos que meten miedo y a los que tanta cámara de televisión perjudica. Ni ética, ni misericordia con el pobre, ni zarandajas. Cristiano no tiró el balón fuera con un adversario en el suelo y la mitad de los jugadores parados, y hubo un amago de tangana. Pidieron una amarilla para él por precipitarse en el lanzamiento de una falta, sonrió, y la lió. La puso como un cañón desde el lateral y Carvalho solo tuvo que empujarla en boca de gol. Al filo del descanso el partido estaba resuelto.

Sorprende que ante un adversario que llegaba asustado tras el 8-0 de la Copa, con defensa de cinco hombres y al menos ocho jugadores siempre por detrás del balón, Canales, Granero y Pedro León no estuvieran ni en la convocatoria. ‘Mou’ no cree en ninguno de ellos y los tres tienen peligro de frenar su progresión en el Madrid. Si ante el rival con menos presupuesto de la categoría y en vísperas del regreso de la ansiada ‘Champions’ ante el Lyón no cuenta con ellos ni para el banquillo, apañados van. Si el luso sigue el curso próximo, quizá se planteen cambiar de aires.

El Levante, bastante mérito tiene con estar a estas alturas más que vivo en Primera. Luis García Plaza ha obrado un milagro en un club golpeado por la crisis, con el grueso de jugadores cedidos y con un grupo de veteranos que tiran de oficio. Su estrella es el ecuatoriano Caicedo, cedido una y otra vez por el Manchester City. En todo el partido, los granotas apenas salieron de la cueva.

Con no salir otra vez goleados, se conformaban. Y más después de haber ganado de forma consecutiva a Almería, Villarreal y Getafe. Un milagro.