Linieres en fuera de juego
Susaeta, del Athletic, y Carlos Vela, de la Real Sociedad, son amonestados por el colegiado Mateu Lahoz. / Efe
FÚTBOL

Linieres en fuera de juego

Mateu Lahoz rememora la discusión entre Mejuto González y Rafa Guerrero

MADRID Actualizado:

La pelota entra. El auxiliar lo niega. Resultado: gol legal anulado a Carlos Vela. El balón cruza de manera clara la línea. Mateu Lahoz se encuentra lejos de la jugada y decide confiar en su asistente. Éste, falla. La avalancha de jugadores de la Real Sociedad sobre el colegiado estuvo más que justificada. El balón traspasó sobradamente los dominios de Iraizoz. Y Lahoz, al comprobar el clamoroso fallo de su linier- Pau Cebrián- decide recriminarle su desacierto: "Todos los domingos lo haces mal", le dijo el colegiado valenciano a su asistente.

Las cámaras captaron la llamada de atención de Lahoz a Cebrián. Fallos como el del auxiliar condicionan de manera directa un partido e incluso varios puestos en la tabla de clasificación. Aún más en esta temporada, con la Liga tan apretada. Los árbitros están en el punto de mira. Se quejan pequeños y sobre todo grandes equipos. La presión que tienen sobre sus espaldas demanda mejores actuaciones de los linieres.

No es la primera vez que un colegiado discute calurosamente con su asistente. El famoso "Rafa no me jodas" que protagonizaron Mejuto González y Rafa Guerrero dio la vuelta al fútbol español. El 29 de septiembre, en un partido que disputaban el Zaragoza contra el Barcelona, Guerrero paró el choque con las ideas claras -a favor del Barça-: "penalti y expulsión del '6'". El mediático asistente cometió dos errores, porque el jugador del Barcelona -Couto-, se dejó caer sin que le hicieran penalti, y además al futbolista que expulsó -Xavi Aguayo- no participó en el lance, sino que era Solana.

Posiciones privilegiadas

Los linieres tienen la obligación de acertar en las jugadas claras. Cuentan con posiciones privilegiadas para decidir en caso de duda. Sin embargo, no siempre la acción tiene una resolución fiable. Un ejemplo comprensivo de error puede ser una jugada confusa como la protagonizada por Albiol en el Sánchez Pizjuán la pasada temporada. El defensa blanco despeja el balón metido dentro de la portería en la misma línea de gol. En directo, la pelota parecía haber entrado, aunque tras varias repeticiones por televisión era casi imposible llegar a un acuerdo fuera del partidismo de cualquier forofo. La repercusión que pueda tener en el partido o en la trayectoria de los clubes implicados ha de quedar en manos del azar del propio fútbol.

No obstante, existen jugadas como la de la pasada jornada de Carlos Vela, en la que los errores de los linieres no pueden ser justificados. Acciones como el gol con el guante del Kun Agüero contra el Villarreal o la mano de Thierry Henry que dejó fuera a Irlanda del Mundial de Sudáfrica, son fallos en los que no cabe la duda. Si el árbitro no lo ve, es deber del linier corregirlo o anularlo.

Es cierto que con arbitrajes rigurosos el fútbol hubiese perdido partidos de leyenda como el de la tanto famosa como polémica 'mano de Dios' de Diego Armando Maradona frente a la selección británica. Sin embargo, es injusto que las ilusiones de equipos se vean truncadas por cuestiones que se alejen de lo meramente deportivo. Como le pasó a la selección española en el Mundial de Corea. El asistente de ese encuentro -Michael Ragoonath- señaló que un centro de Joaquín -que posteriormente remató Morientes a gol- salió del campo. También pitó una falta de Iván Helguera que no existió. Eran jugadas sencillas y 'La Roja' acabó eliminada en tanda de penaltis.

Son muchos los asistentes que se encuentran en fuera de juego. Y es deber de los colegiados -como Mateu Lahoz- exigirles su máximo rendimiento. No solo la reputación de los árbitros queda en entredicho, sino que el futuro de muchos equipos depende de estos ligeros matices del juego.