atletismo

España, entre dos mundos

La selección competirá en los Europeos de París con 34 atletas y una decena de opciones de medalla

Valencia Actualizado:

Entre el capitán Manolo Martínez, de 36 años, y el debutante Vicente Docavo, de 19, hay un mundo, el que ha recorrido el atletismo español, con sus altos y sus bajos, durante varias temporadas. Ambos, enganchados por el presente, son el pasado y el futuro del atletismo en España, una selección que la próxima semana, del 4 al 6 de marzo, desplegará en París a sus 34 atletas más en forma para enderezar su imagen, ensuciada por la operación Galgo, con motivo de los Campeonatos de Europa en pista cubierta.

La convocatoria está en la línea, en cantidad, de las últimas ediciones de esta competición: Turín'09 (35 atletas) y Birmingham'07 (36). Y sólo queda por detrás de los dos Europeos de bolsillo más recientes que acogió España: Valencia'98 (46) y Madrid'05 (44). Pero el atletismo español, además de entre dos generaciones, está entre dos mundos. Uno, minoritario, intenta salir airoso de la operación Galgo; otro, la mayoría que sigue a lo suyo, pretende exhibir su limpieza en un escenario como el París-Bercy.

El lanzador y el saltador están a 17 años de distancia, pero se reconocen en su DNI. Los dos provienen de una capital pequeña -León y Castellón- y ambos asoman la cabeza en una disciplina -el peso y el triple salto- con escasa trascendencia en España, pero desde la que pretenden hacerse un hueco. Manolo Martínez, ya de bajada, llegó a ser campeón del mundo en sala, mientras que a Vicente Docavo le salieron sus primeros dientes el pasado domingo, en Valencia, donde batió el récord nacional júnior y promesa (16,61).

Entre los representantes de dos generaciones hay 32 atletas más, los encargados de llenar de medallas el cesto español. Los hay curtidos, viejos conocidos del lanzador, como el burgalés Juan Carlos Higuero, que acelera para llegar a punto a París y luchar por un trofeo junto a Manuel Olmedo y Diego Ruiz en unos 1.500 en los que al final no estará el favorito, el francés Mehdi Baala. O Jesús España, quien se alistará en un 3.000 donde destaca un desatado Mo Farah. Entre las mujeres sólo habrá dos atletas nacidas en los 70: la pertiguista Naroa Agirre y Ruth Beitia, siempre presente, siempre en primera fila, quien, a pesar de unos problemas físicos, llegará en el pelotón de las aspirantes a una medalla, como cada invierno, en la prueba de salto de altura.

Vicente Docavo no será el único joven. Hay más chicos de los 90. Como David Bustos y Kevin López, quienes forman, junto a Luis Alberto Marco, una prometedora terna que no renuncia a nada en una distancia, los 800 metros, inusualmente abierta. La proa de esta generación se llama Eusebio Cáceres, un talento alicantino que ya brilló en el Europeo al aire libre de Barcelona, el pasado verano, y que este invierno, en la primera cita de relieve, los Campeonatos de España, ya saltó 8,08, una marca que le concede la carta de favorito al podio de París en salto de longitud.

A mitad camino de estas dos generaciones, entre los de los 70 y los de los 90, se encuentra Josephine Onyia, rehabilitada para el atletismo después de dos años de castigo por haber hecho trampas. La nigeriana nacionalizada española llegará algo perdida. Onyia sólo lleva una competición, el mitin de Zaragoza, desde que, hace ahora dos años, fue sacada a escondidas de Turín un día antes del último Europeo 'indoor'. El día de su regreso, en el 'huevo' de Zaragoza, quiso disputar tantas carreras, cuatro -dos de 60 y dos de 60 m vallas-, que se marchó con una rotura. Onyia reaparecerá en el París-Bercy.