gimnasia artística

Deferr: «No voy a competir para perder»

El triple medallista olímpico se retira al considerar “casi imposible” ganar en los Juegos de Londres

D. Valera
MADRID Actualizado:

El Maradona de la gimnasia. Así bautizó el entrenador Alfredo Hueto a un joven Gervasio Deferr. Las tres medallas olímpicas –dos oros y una plata- en otros tantos Juegos avalan ese calificativo. Este lunes, el campeón español hizo oficial su despedida. ¿Las razones? Su cuerpo ha dicho basta tras años de durísimos entrenamientos y lesiones. “He dado todo lo que tenía durante 25 años. No voy a competir para perder. Si no he perdido nunca, no me puedo retirar perdiendo. Sería demasiado doloroso para mí. En Londres 2012 luchar por ganar es prácticamente imposible”. Se puede decir más alto pero no más claro.

Una sala abarrotada con una docena de jóvenes gimnastas prometedores. Familiares, compañeros, entrenadores, miembros de la Federación… Todos se reunieron en la sede del Consejo Superior de Deportes (CSD) para rendir homenaje a uno de los deportistas más laureados del deporte español. Recordaron sus difíciles inicios, las primeras caídas, las horas de entrenamiento y los éxitos. El discurso más emotivo fue el de su hermano Pablo, que explicó cómo la decisión de Gervasio de dedicarse al deporte profesional les cambió la vida.

Deferr era un niño muy inquieto. Se subía por los árboles o los contenedores. Su padre decidió apuntarle a gimnasia para que dejara esa hiperactividad. Los entrenadores descubrieron pronto que tenían un diamante en bruto. Dejó su Premiá natal y se marchó a Barcelona. Allí conoció a Alfredo Hueto, el entrenador que más años ha estado a su lado. “Le descubrí por pura intuición”, ha declarado en múltiples ocasiones. Pero la relación con su pupilo no siempre fue sencilla.

Rebelde e inconformista

Y es que su fuerte carácter, rebelde para sus técnicos e inconformista según él, le convirtió en un deportista especial. Su sistema de preparar las competiciones no era muy ortodoxo para desesperación de sus entrenadores. “Nunca me he llevado muy bien con ellos”, aseguró Deferr entre risas durante su despedida. “He tenido que aprender a ser disciplinado”, afirmó Gervasio. Sin embargo, su clase salía a relucir en los campeonatos. En los Juegos Olímpicos de Sidney 2000 conquistó la medalla de oro en salto. “Gervasio nos quitó los complejos”, aseguró el gimnasta Víctor Cano. Hasta entonces, subirse al podio en una cita olímpica parecía una quimera para un gimnasta español. Reeditó el triunfo en Atenas’04. Pero tenía la espinita clavada de no haber triunfado en el suelo, su aparato favorito. Tuvo que esperar hasta los Juegos de Pekín para lograr la presea de plata. “Fue la más sufrida. Con 27 años superé lesiones muy graves y me enfrente a jóvenes fuertes”.

Deferr comienza ahora una nueva etapa como responsable técnico en el Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Barcelona. “No puede desaparecer del mundo de la gimnasia. Le necesitamos”, aseguró el secretario de Estado para el Deporte Jaime Lissavetzky. Otro de sus proyectos ya está en marcha. Dirigir un gimnasio en Barcelona para formar a nuevos talentos. “Estoy muy ilusionado. Nunca dejaré de luchar por la gimnasia”, aseguró Gervasio, consciente de que todo lo que es hoy se lo debe a su deporte: “Si volviese a nacer, volvería a hacer lo mismo”.