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Una carrera contra el galgo

El atletismo español quiere aprovechar París para limpiar su imagen

París Actualizado:

El sol va caldeando un día de frío amanecer en París. Es mediodía. Nuria Fernández sale del Omnisport y, mientras pasa al lado de sus jardines verticales, se sube la capucha de la sudadera tras recibir una ráfaga de aire gélido. La mediofondista, en el centro de la polémica desde que José María Odriozola decidiera rescatarla del cross para lanzarla al centro del escenario en Bercy, con todos los focos apuntándole, regresa al hotel, a un cruce de calle. La madrileña camina junto a Luis Miguel Landa, responsable de fondo de la Federación Española, quien hace de confesor, rumbo a su habitación. Allí le espera Digna Luz Murillo.

Dos galgos, los dos galgos del equipo, en la misma habitación. Velocista y mediofondista, alumnas ambas de Manuel Pascua Piqueras, su entrenador hasta que se convirtió en el centro de la diana de la operación Galgo, van por libre.

Odriozola ha decidido desafiar al atletismo europeo, que mira a España con ojos suspicaces, llevando a París a dos de los sujetos pasivos de la operación Galgo. El presidente de la Federación se aferra a la presunción de inocencia para tirar de las dos 'sospechosas'. Está en su derecho. Aunque muchos de los otros 34 atletas de la selección tuerzan el morro al ver a sus compañeras vestidas de rojo. Y así, con los atletas divididos, España inicia la carrera contra el galgo que mantendrá durante tres días, de viernes a domingo, para reponer su prestigio mancillado. Es la hora del atletismo, del deporte.

España llega a los Campeonatos de Europa en pista cubierta con dos legiones: la vieja guardia -Higuero, Beitia, España...- y también con sus últimos productos -Cáceres, Docavo, Kevin, Bustos...

Cae la tarde en París. Josephine Onyia sale del Novotel que hay frente al Omnisport, donde por la mañana -después de las 10, como pedía, socarrón, Luis Alberto Marco en un cartel que colgó de la puerta de su habitación- se produjeron los primeros controles de sangre a todos los equipos, material 'fresco' para el pasaporte biológico. Bien abrigada, pasea sobre unas sandalias. Siempre sola.

Sin confesor

La vallista, restituida para el atletismo después de pasar dos años de sanción tras dar positivo por clembuterol, es la única que este viernes puede colar a España en el medallero. Sólo lleva un día de competición, el mitin de Zaragoza en el que calmó el síndrome de abstinencia con cuatro carreras, un exceso que pagó con una rotura muscular. No ha vuelto a correr. Su marca de este año (8.08) no está entre las mejores. Pero también es cierto que la mejor, la noruega Christina Vukicevic, 'sólo' ha corrido en 7.90.

Bajar de los ocho segundos puede valer una medalla. Aunque Onyia, casi como en Zaragoza, necesita pasar tres carreras en un día para subir al podio.

Como suele ocurrir en estos campeonatos, el primer día es más de sembrar que de recoger. Y ahí, echando la simiente, estarán Eusebio Cáceres y Luis Felipe Méliz en la calificación de longitud, Jesús España en los 3.000, la terna del 800 formada por Luis Alberto Marco, Kevin López y David Bustos, y, a mitad, tarde, Nuria Fernández en 1.500.