atletismo

El capitán Martínez se va con las 115 mejores marcas españolas

El leonés, que anuncia su retirada profesional, acumula dieciséis títulos de campeón nacional en pista cubierta y quince al aire libre

MADRID Actualizado:

Campeón de Europa en 2002 y del mundo en 2003, el leonés Manuel Martínez, el atleta que refundó el lanzamiento de peso en España, se despide este martes de la competición al cabo de 23 años de carrera con las 115 mejores marcas españolas de la historia. Sin un solo precedente familiar en el ámbito deportivo, Martínez, nacido en León el 7 de diciembre de 1974, llegó al atletismo de la mano de Carlos Burón, su entrenador hasta el mismo día de su retirada, y revolucionó la especialidad en España hasta convertirla en una de las pruebas preferidas de los aficionados.

El lanzamiento de peso era una prueba deprimida hasta entonces, dominada por un zamorano, Martín Vara, con registros de andar por casa (el mejor 18,40) que no le autorizaban a soñar, siquiera, con meterse en una final internacional. Manuel Martínez ha estado en dos olímpicas (sexto en Sydney 2000, cuarto en Atenas 2004), en dos mundiales (undécimo en Stuttgart 1993, cuarto en Edmonton 2001, en tres europeas (séptimo en Budapest 1998, quinto en Múnich 2002 y noveno en Gotemburgo 2006), siempre al aire libre.

Sus grandes éxitos llegaron, no obstante, en pista cubierta: bronce en los Mundiales de Lisboa 2001, oro en los de Birmingham 2003, campeón de Europa en Viena 2002, subcampeón en Gante 2000 y bronce en Madrid 2005. Manolo fue el responsable de que el círculo de lanzamiento de peso abandonara su habitual enclave en los fondos para moverse hasta el centro de las pistas del estadio Helmántico a fin de que los espectadores pudieran contemplar a sabor sus exhibiciones. Allí, el 10 de julio del 2002, logró el mejor lanzamiento de su vida (21,47) aunque perdiera con el estadounidense Adam Nelson.

El mejor lanzador español de todos los tiempos

Obtuvo su mayor éxito el 14 de marzo del 2003, en los Mundiales bajo techo de Birmingham. Con 28 años Martínez se convirtió en el primer atleta español campeón del mundo en pista cubierta con una serie que incluyó cuatro tiros por encima de los 21 metros. El atletismo español, que había tenido ilustres campeones mundiales en marcha, maratón y en longitud al aire libre, no había ganado, entre sus 17 medallas en Mundiales en sala, ninguna de oro. En la última ronda de lanzamientos, el leonés arrebató el primer puesto al estadounidense John Godina al poner la bola a 21,24 metros del círculo.

Al año siguiente, aquella medalla de oro pudo quedar eclipsada. En Olimpia, la cuna de los Juegos Olímpicos, Martínez se quedó a 23 centímetros del podio sobre el enclave milenario junto al río Alfeo. Le ganaron Yuri Bilonog, Adam Nelson y Joachim Olsen. Con un físico (1,85 de estatura, 132 kilos) pequeño en comparación con los mastodontes norteamericanos, Martínez, insospechadamente veloz en carreras de 30 metros, basó su excelencia en la rapidez con que se movía en el círculo y la continuidad del gesto en su técnica de extensión simple. Fracasó, en cambio, cuando probó el estilo rotatorio.

A lo largo de 23 años ha paseado su bondad por los estadios del mundo. Nunca dejó de atender a los periodistas y encajó sus fracasos con la misma serenidad oriental con que celebró sus grandes éxitos, desde que en 1992 se proclamó en Seúl subcampeón mundial júnior. Sólo una vez se le pudo ver alterado en un estadio. Fue en agosto del 2007, durante los campeonatos de España en San Sebastián. "Me he sentido como una verdadera mierda, humillado. Nos cambian el horario sin avisar, nos ponen a centímetros del pasillo de pértiga, no hemos podido calentar, había sesenta personas por allí..." , declaró un indignado Martínez que, en el mismo estadio de Anoeta donde fue campeón de Europa júnior en 1993, cedió el título nacional a Germán Millán después de ostentarlo durante 13 años.

Manolo Martínez, el hombre que revistió de dignidad internacional la prueba en España, se marcha con 36 años, resignado a no recuperar jamás su antigua forma después de la última grave lesión. En los últimos tiempos ha probado fortuna en el cine. Debutó como actor en "Estigmas" y este mismo año ha encarnado a Goliat en un film sobre el Capitán Trueno. Martínez, en efecto, responde al estereotipo del forzudo bonachón, pero destroza el tópico con sus habilidades artísticas. Sus manos de pedernal sirven también para modelar figuras, dibujar extraños gráficos y estampar grabados en un estilo propio que denomina "realidad en ruinas".

El mejor lanzador español de todos los tiempos profesa una gran afición a la pintura y la escultura. Tiene un taller de arte en casa y ha expuesto ya muchas de sus obras. Un atleta de 140 kilos de peso corporal que en el gimnasio levanta 310 en sentadilla, 290 en pectoral y 140 en arrancada, dedicaba hasta hoy su tiempo libre al arte. A partir de mañana, alejado de la esclavitud de los entrenamientos, podrá prestarle toda su atención.