EL PLAN B

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Mis equipos en los mundiales siempre fueron España hasta octavos o cuartos, que es donde hemos establecido nuestra fecha de caducidad, y Brasil, el cartucho en la recámara de los perdedores. Pero no un Brasil cualquiera. No la propuesta de Dunga (como jugador y como entrenador), que es un pestiño insoportable aunque gane. Mi Brasil es el de Falcão, Sócrates, Zico, Cerezo, Serginho, Junior y Eder, la quintaesencia del jogo bonito, el equipo que más ha enamorado a los de mi quinta. Cuando Rossi acabó con ellos en Sarriá el 5 de julio de 1982 fue el fin del romanticismo en este deporte y el triunfo de los predicadores de la táctica. De la Italia eterna y del Brasil posmoderno. Se podía ir también con la canarinhade 1986 (con algunos supervivientes del glorioso plantel del 82) y de 2002 (con Ronaldo, Rivaldo, Denilson y Roberto Carlos), pero el plan B para Suráfrica no puede ser la tropa aburrida y disciplinada del sargento chusquero Dunga.

En realidad, el plan B debe ser España para la ristra de países que no van a pasar el corte. Británicos e irlandeses ya nos apoyaron la pasada Eurocopa con un vídeo que triunfó en YouTube: «¿Tus planes para este verano se han ido a la basura? ¡No te vengas abajo! Emigra al fútbol de España. Di no al pastel de carne y sí a la paella; di adiós a la cerveza tibia y hola al vino de Rioja... Y lo mejor: nuestras tradiciones futbolísticas serán respetadas... ¡porque a España también la eliminan siempre!». No se guardó esa tradición entonces, y va siendo hora de romper también con los atavismos mundialistas.