Matías Almeyda, el entrenador del consenso y el equilibrio en el Sevilla FC
Por primera vez en tres años, un técnico consigue aunar el criterio del club, la afición y los medios: nadie le bajó el pulgar ni en su peor crisis de resultados
El argentino ejerce de contrapeso en todos los frentes de la entidad, conecta con la grada, tiene al vestuario hecho una piña y es escudo de la directiva que apostó por él
Almeyda llega al parón con los deberes cumplidos
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Iniciar sesiónEn un Sevilla de transición ineludible y recursos limitados, amén de una venta en ciernes que aprieta los machos en el recorte del gasto y la deuda bajo la misma premisa de austeridad, competir con garantías este curso en la élite de LaLiga se ... le ponía bastante cuesta arriba al Sevilla FC. La elección del entrenador se convertía más que nunca en el movimiento clave de la planificación nervionense. Con el aterrizaje de Antonio Cordón en la dirección de fútbol, las negociaciones del club encaminadas al fichaje de Imanol Alguacil sufrieron un viraje de 180 grados y el extremeño validó su incondicional apuesta: Matías Almeyda. Aquella decisión levantó una lógica incertidumbre. Cogía las riendas del banquillo sevillista, caliente por naturaleza, un entrenador con carrera acreditada pero sin experiencia alguna como técnico en las grandes ligas europeas. Casi cinco meses después, el desempeño del preparador argentino en Nervión ha resultado ser una agradable sorpresa para el sevillismo e incluso para parte de la gerencia de la entidad que también albergaba sus dudas con la elección. Queda un mundo por delante, una travesía compleja en esta larga temporada, pero camino ya del primer tercio de la competición, Almeyda se ha convertido en la cara visible y más emblemática del proyecto sevillista. El azuleño, con sus lógicos errores también, más achacables quizá al escaso tiempo que lleva en la casa que a su propia capacidad como estratega, está siendo capaz de exprimir las contadas armas deportivas de las que dispone para encontrar los resultados y, sobre todo, aportar un equilibrio al equipo y al club que es oro molido en los tiempos que corren.
Su influencia en todo lo que abarca el Sevilla es enorme. Ejerce de contrapeso en todos los frentes de la institución blanquirroja. Deportivamente, tiene al vestuario hecho una piña, y a la vista está que trabajado de manera pertinaz en el plano físico, de la mano de su preparador Guido Bonini, y psicológico, por él mismo. Pero Almeyda también se ha erigido en escudo y paraguas de la directiva, la misma que lo ha contratado, por cierto. La crispación del Sánchez-Pizjuán contra el palco se ha reducido de forma notable, hasta casi volatilizarse. El entrenador, desde los resultados pero también a partir de su elocuente mensaje, ha revertido la encrespada atmósfera de las últimas temporadas. La afición está con él. Confía en Matías Almeyda, hasta el punto de que en la peor crisis del argentino desde su llegada con las tres derrotas ligueras consecutivas ante Mallorca, Real Sociedad y Atlético, nadie lo señaló como culpable ni dudó de su liderazgo y aptitud para cortar la sangría. Por convencer, convence hasta a los propios medios de comunicación, locales y de fuera. Almeyda, en definitiva, es el entrenador de consenso en el Sevilla FC, por unos méritos propios que ahora ha de mantener en el tiempo, lo más difícil.
Lopetegui, el último gran referente
Desde 2022, no pudieron echar raíces en Nervión, por diferentes circunstancias, los Sampaoli, Mendilibar, Diego Alonso, Quique Sánchez Flores o García Pimienta.
Desde la figura del recordado Julen Lopetegui (del que también dudaron e incluso denostaron cuando Monchi se decantó por él), no se recuerda por Nervión un técnico de su energía e identificación con la grada y el propio club. En los últimos tres años, no pudieron echar raíces en Nervión, por diferentes circunstancias, los Sampaoli, Mendilibar, Diego Alonso, Quique Sánchez Flores o García Pimienta. Ninguno de ellos fue capaz de alcanzar el temple necesario para manejarse en todos los frentes de un escenario convulso como el sevillista. En el caso de Mendilibar, ni siquiera con la consecución de un heroico título europeo. Su incompatibilidad con la cúpula y el mal arranque de la temporada siguiente hicieron imposible su estadía en Nervión.
Viniendo de una última campaña en la que el Sevilla se salvó por un solo punto de la quema del descenso, con Almeyda no se podía fallar y el club no ha fallado. Los frutos de su trabajo proyectan al menos la sensación y los argumentos suficientes como para pensar en que el equipo no va a sufrir este año. Y eso que el argentino se ha encontrado con el hándicap de una planificación de fichajes a coste cero, desprendiéndose el club además de sus dos mejores futbolistas en verano, Badé y Lukebakio. Con todo ello, el Sevilla de la exigüidad, con el profesor Almeyda al frente, cruza el mes de noviembre como noveno clasificado en LaLiga tras doce jornadas, con 16 puntos en la tabla, a dos de los puestos europeos.
Almeyda refuerza esa identidad con el club en gran parte también por su pasado como jugador sevillista en la 1996-97, una experiencia efímera pero intensa que le dejó huella. Él mismo ha declarado su amor al Sevilla y sentirse en deuda con la entidad que le abrió las puertas al fútbol europeo, donde posteriormente amasó una prolífica carrera como futbolista e integrante fijo de la selección argentina.
Respetado por todos
Almeyda no es solo un gestor de vestuario; transmite y provoca que cale una identidad clara en su grupo. Su trayectoria de 14 años como técnico le ha servido para forjar un estilo que prioriza el fútbol vertical y de alta intensidad. Es partidario de la posesión, pero efectiva, y la presión alta, ahogando la salida del adversario, rasgos todos que encajan entre una afición sevillista tradicionalmente exigente y de un gusto particular por ese fútbol intenso y de pocos rodeos a la hora de ir a buscar al rival.
El protagonismo canterano es otro rasgo demandado que también controla y explota el entrenador del Sevilla, apostando por integrar el talento joven del club y poner en valor ese patrimonio sin comprometer los resultados. En pocos meses, Almeyda le ha dado su sitio a jugadores como Castrín, Ramón Martínez, Juanlu, Isaac o un José Ángel Carmona al que ha disparado su precio y valoración en el mercado.
Pero sin duda alguna, uno de los grandes pilares del consenso en torno a Almeyda es su capacidad para motivar y unificar al vestuario. En un momento clave donde el Sevilla necesitaba un líder que inyectara carácter y confianza, el técnico argentino ha sabido transmitir el patrón idóneo. Su discurso directo y su propio pasado sevillista y como jugador temperamental le otorgan credibilidad. Ha gestionado de manera notable la última crisis de resultados, manejando con destreza los momentos de bajón psicológico en la plantilla y evitando una caída del equipo en la ansiedad. Su mezcla de humildad y valentía lo convierten por ahora en un técnico respetado por todos, facilitando ese consenso que va más allá de los resultados inmediatos.
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