Pyeongchang 2018Ester Ledecka, la deportista que hizo historia con unos esquís prestados

La checa logró parte de su hazaña en los Juegos con el material que le dejó una de las campeonas de Estados Unidos

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No es fácil ganar un oro olímpico. La mayoría de los deportistas se pasan la vida persiguiendo un sueño que solo un puñado de elegidos alcanza finalmente. Lograr dos medallas doradas en una misma cita olímpica es ya algo al alcance de muy pocos atletas, pero hacerlo en dos deportes totalmente distintos solo lo ha conseguido Ester Ledecka en los últimos 90 años. La deportista checa ganó ayer su segunda medalla de oro en Pyeongchang tras ganar el eslalon gigante de snowboard apenas una semana después de haber triunfado en el supergigante de esquí alpino. Una proeza que la convierte en la reina de los Juegos y sitúa su nombre para siempre en los libros de la historia olímpica.

En la República Checa, Ester Ledecka era hasta hace unas horas la hija de Janek. El padre de la reciente doble campeona olímpica, uno de los músicos más conocidos del país, ha cedido al fin el protagonismo a la esquiadora, cuya hazaña ha superado de largo la fama de su padre. Además de la música, en los genes de Ester Ledecka (Praga, 1995) se escondía una campeona desde el día en que nació. Su madre Zuzana fue patinadora profesional y su abuelo, Jan Klapac, ganó dos medallas olímpicas y subió siete veces al podio mundialista con la selección de hockey hielo de su país. Él fue quien le inculcó el amor por el deporte, aunque su nieta no tardó en dejar a un lado los patines y el hockey para subirse a una tabla de snowboard.

Sobre ella logró ayer su segundo oro en Pyeongchang, tras superar en la final del eslalon gigante paralelo a la alemana Selina Jorg. Gloria olímpica que suma a la conseguida en esquí alpino una semana antes. «Lo único que quiero ahora mismo es dormir un rato», afirmaba la checa tras protagonizar una gesta que nadie lograba desde 1928. Johan Grottumsbraten ganó en Saint Moritz el oro en la combinada nórdica y esquí cross country, pero desde entonces nadie había conseguido una hazaña similar. «Ha sido realmente duro reciclarme en ‘rider’ estos días. Ha sido una semana de adaptación y no fue hasta ayer cuando volví a notar las sensaciones y me sentí de nuevo bien sobre la tabla», explicaba.

Ledecka, especialista en snowboard, cumplió con los pronósticos que la situaban en lo más alto del podio en su prueba favorita. «Me sentí estupenda. Me dediqué a divertirme y a sacar la ‘snowboarder’ que llevo dentro», reconocía la checa, cuyo triunfo en el supergigante de esquí alpino la semana pasada sí que supuso una auténtica sorpresa. No fue hasta hace un año cuando su nombre comenzó a aparecer entre los mejores de la Copa del Mundo en esa modalidad. De hecho, antes de Pyeongchang, el mejor resultado de Ledecka en el «Super G» había sido un vigésimo cuarto puesto en Austria.

Esquís prestados

Para disputar el supergigante en los Juegos, la checa pidió los esquís a la estadounidense Mikaela Shiffrin –que había renunciado a participar por lo apretado del calendario– y el préstamo dio un resultado inesperado en forma de oro olímpico. Un triunfo que pilló a todos por sorpresa, incluida la propia Ledecka, cuyo rostro de incredulidad al cruzar la línea de meta contrastaba con la alegría que despertó en su país. Ese oro, con el que nadie contaba, la convertía en la primera campeona olímpica de esquí alpino de la República Checa y la situaba a un paso de la Historia de los Juegos, donde está desde ayer por derecho propio tras haber capturado la gloria olímpica por partida doble en dos deportes diferentes.