Marta Olozagarre, al fondo, observa la actuación de Javier Fernández
Marta Olozagarre, al fondo, observa la actuación de Javier Fernández - Marta Olozagarre

Juegos Olímpicos de InviernoPuntuar a ritmo de sentimiento

Marta Olozagarre es jueza de patinaje desde hace veinte años y sigue pasando un poco de frío por el hielo y por tener que valorar a un Javier Fernández que lo ha visto crecer

Actualizado:

Lo reconoce: tiene una debilidad de nombre Javier Fernández. Pero Marta Olozagarre oculta sus sentimientos bajo el abrigo mientras evalúa a los patinadores que saltan a la pista delante de sus ojos. Es jueza de patinaje artístico desde hace veinte años y ha consolidado su trayectoria en Mundiales y Juegos Olímpicos, como los de Pyeongchang 2018.

Cumple el tópico de ser cocinero antes que fraile, pues Olozagarre se estrenó en la pista de patinaje de Jaca, donde nació, con seis años. Ganó cuatro veces el campeonato de España y defendió la bandera en Europeos y Mundiales. «Pero no había dinero, no podías vivir de esto y dejé la carrera amateur por la profesional. Estuve cuatro años en un espectáculo alrededor del mundo», cuenta para ABC. «Creo que para valorarlo tienes que haberlo practicado, aunque no hace falta ser campeón para ello». Lo que sí hace es estudiar, formarse, renovarse.

«Antes solo había notas de técnica y artística. Ahora se divide por elementos. La ejecución se valora por el grado de dificultad, desde una nota de -3 hasta 3. Y luego el programa en sí: coreografía, interpretación, cómo ha patinado. Hay muchísimo trabajo a la hora de puntuar. Mucho más que antes, pero también es más justo y honesto con el deportista», explica. Ahora, prosigue, se puede tropezar en el programa corto y remontar con el largo. Algo que no ocurría antes porque sentenciaba y penalizaba mucho más.

Ha tenido que adaptarse a las nuevas normas, aunque no en todas está de acuerdo. «La tendencia es a premiar lo técnico, los saltos, los cuádruples, cuando el patinaje siempre ha sido muy artístico. La Federación intenta encontrar un equilibrio entre esa técnica y la sutileza de este deporte, que es lo que busca el aficionado y que parece haberse perdido. Pero claro, con tanto salto y tan potente, es difícil hacer florituras»

¿Cómo es capaz de dar la puntuación tan rápidamente? «Tenemos una hoja con los elementos del programa de cada patinador. Y tenemos tres minutos para poner las notas mientras el deportista está en el "kiss & cry" (el banco donde se sientan a esperar la nota). Apuntamos cada elemento e introducimos la puntuación en el ordenador. También podemos ver repetidos algunos saltos porque a veces el ojo te pasa una mala jugada y ves que ha caído bien, o mal, y luego observas que ha caído de otra manera. Muchas veces te haces una señal en el cuaderno para volver a ver ese momento». Aunque la subjetividad intenta ser la menor posible, y la primera impresión suele ser la buena, siempre se juega a favor del patinador.

También los patinadores tienen sus trucos: «Ponen los saltos y elementos que pueden fallar en un sitio estratégico para que el juez no lo tenga tan claro. No te lo hacen delante de la cara. Pero unos y otros tratamos de ser honestos desde el primero al último».

Ensaya en casa para ver cómo un mismo programa puede ser observado por diferentes perspectivas. Olozagarre a veces pierde de vista lo que significa el patinaje para el espectador. «A mis amigos de diferentes ámbitos les pongo un vídeo y les pregunto qué sienten. La opinión de gente que no sabe es superbuena: "me ha entretenido", "me ha gustado", "qué coreografía", "me ha aburrido", "no me dice nada". Como juez estás viendo los errores y la otra persona por no entender tanto estás dando unas pautas que no te habías fijado. No hace falta ser un entendido para decir "qué arte": te puede llenar».

Reconoce que en España es más fácil ser juez porque hay menos competencia que en países como Canadá, pero también se complica porque no hay opciones para crecer. Hay que observar competiciones de fuera y no siempre es fácil pasar de nivel regional, a estatal, a europeo e internacional. Pero, a pesar de toda su carrera, sigue pasando algo de frío: «Estamos al nivel del hielo. Y son muchas horas. En competiciones a nivel nacional estás desde las 7 hasta las 16 y a base de capas, una mantita y abrigado. Sí se pasa frío. Pero así mantenemos la piel tersa. A mí es que me encanta. La suerte de un juez es que está en el mejor sitio de todo el estadio. Y muchas veces me emociono de ver que estoy aquí».

Javier Fernández

«Es un genio en el hielo. Javi es Javi. Lo tiene todo. Es un talento. Y su hermana era igual. Y tiene ese carisma, que desde la humildad lo hace todo y de repente ves que es seis veces campeón de Europa y dos del mundo, como si nada».

El trabajo teórico de la puntuación pierde puntos cuando se trata de él: «Como juez lo pasas mal cuando no le está saliendo lo que sabe hacer. Y te preguntas qué hago. Como expatinador, y si es de tu país más, te duele. Pero sabes que no ha sido su día y hay que ser consecuente».

No oculta su admiración por el madrileño, por su belleza de movimientos, su interpretación y todo lo que está consiguiendo para el deporte español: «Yo soy la primera que deseo que consiga la medalla. Ojalá el oro. Porque se lo merece y porque en Sochi se quedó cuarto por un error. Él se trabaja los fans. Se pega su rato con ellas a pesar del cansancio. Detalles de un campeón. España ha llegado tarde al patinaje. Tener a Javier Fernández es un premio. Es as en la manga. Y haber logrado el sexto europeo le da nua inyección para sentirse seguro para los Juegos. Mantenerse en la élite como Javier es madurez y responsabilidad. Está creando cantera».