Marc Bartra, del cielo al infierno en un suspiro
Piqué consuela a Bartra tras el partido - efe
Final de la Copa del Rey

Marc Bartra, del cielo al infierno en un suspiro

El central, héroe azulgrana tras marcar el empate, se erigió en villano poco después al ser superado por Bale en el gol blanco

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Hace unos años, Romario dejó sentado a Rafa Alkorta con un regate que aún colea en la mente de madridistas y azulgranas. Un gol que se recordará para siempre y que persigue aún al central vasco. Acciones como esa pasan a la historia y marcan a los jugadores. La cola de vaca de Romario y la galopada infinita de Gareth Bale. Entre medias, Alkorta y Marc Bartra, villanos de sendas historias con final feliz.

En el partido de anoche, el canterano azulgrana vivía feliz hasta el minuto 85, en el que Bale evidenció sus carencias físicas y le devolvió a la tierra. Entre su gol y el del galés apenas pasaron quince minutos. Fue el tiempo que medió entre el cielo y el infierno. Entre la gloria y la miseria. A Marc Bartra se le hizo de noche cuando Bale encendió la moto y le dejó señalado para siempre. Con su gol, el británico se metió por derecho propio en la historia del Real Madrid y al mismo tiempo dejó señalado al central azulgrana con un estigma del que tardará tiempo en despojarse.

El amago de obstrucción quedó en nada. ABartra, superado por la velocidad del «11» blanco, le faltó experiencia. Un agarrón, un simple enganchón. Cualquier cosa habría servido para evitar la debacle que le llevó al infierno.

Lo que tenía que haber sido el partido de su consolidación como central de futuro en la zaga azulgrana, se convirtió en su pesadilla particular. Lloró el joven con el pitido final, sin consuelo posible. Piqué, Puyol, Busquets... nadie pudo ayudarle a reprimir las lágrimas. Tan impotentes ellos como lo estuvo Bartra en la jugada decisiva.

Su partido 50 con la camiseta del Barça le quedará grabado para siempre y lo que le queda ahora es un camino largo. La herida amenaza ahora la carrera prometedora del mejor central de La Masía en los últimos años. Su capacidad para levantarse del mazazo servirá para medir su magnitud como jugador. El cielo aún le espera.